Llegó a su unidad en short, pulóver negro de letras enredadas y un par de chancletas "metede'o", rebelde por el llamado inoportuno que dejaba novia, familia y amigos en plenas vacaciones. Decidió vestirse distinto, quizás como lo hubiera hecho Lennon de tocarle el siglo XXI, tratando de pasar inadvertido entre los que decidieron llevar zapatillas Nike y jean azul.
No olvidó dejar en su tobillo el pulsito azul, húmedo y mal oliente por el sudor del partido de fútbol de despedida, donde marcó dos goles con la izquierda. En cualquier rincón del pequeño cuarto privado dejaba escrita una canción, y la guitarra vieja tirada en la silla de los años, con las cuerdas aun tensadas por la noche de promesas y besos apurados a Isabel, y de un amanecer que los sorprendió sin sexo.
Un viejo camión lo llevó al destino previsto, y de uniforme verde olivo y botas altas comenzó su andar de resistencia por montes, campos de tipo, tancódromos y polígonos de entrenamiento para el joven soldado, escogido de pronto para un curso de sargento.
Lo que era incertidumbre se fue volviendo práctica, y en el pecho sudado bajo la camisa de campaña, fue creciéndole el orgullo por poder, por saber, incluso por destacarse sin proponérselo. Ya tenía cosas interesantes que contar cuando se encontrara con los amigos, y las otrora interminables noches de la calle G serían distintas, y posiblemente siguiera los pasos de Silvio, regalándole a los presentes "La guitarra del joven soldado".
Ayer hizo su primera guardia en serio, custodiando un objetivo importante. Las ojeras le llegan a mitad de rostro "porque no eché ni un pestañazo", el cansancio se le ha trepado a los hombros; pero durante el almuerzo en familia no paraba de contar los detalles: que si pasó un majá y pensó que ; que si el viento movía una rama y a él se le pareció un ; que no se veía ni las manos pero Y mientras recrea los detalles, subiéndole un poco la talla a cada riesgo, aquel muchacho que fue de short y chancletas "metede'o", aunque quizás no lo sepa, y hasta no quiera reconocerlo, se siente orgulloso de ser el soldado 380, esperando su grado de sargento.
Yohandry Fontana
La Habana

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