Por: Elsa Claro
Entre ustedes, más de uno está preguntándose si los proyectos de cambio en Cuba se realizan, tienen horizonte o simplemente se van a bolina, como dijera el inefable Raúl Roa. A juzgar por el sondeo en que se convirtieron las 474 asambleas del partido comunista en provincias y municipios del país, sobresale, entre lo esencial, lo imperioso de sistematizar el cambio de mentalidad, tanto para los de arriba como para los de abajo.
El formalismo y la mentira van de paseo junto con la tergiversación de datos, el acomodamiento y otros vicios capaces de frenar cualquier propósito. No se puede negar que en estas citas hubo crítica a la insuficiencia en los controles, a las planificaciones erróneas, esas hechas sin considerar a fondo todo lo que puede influir en un territorio para un buen resultado, según lo invertido y cuanto se requiere obtener.
Mientras haya responsables que pretendan ejercer sus funciones de modo teledirigido, sin ir al sitio y al trabajador, sin estar bien al tanto de evoluciones o impedimentos, seguirán existiendo fallos y chapucería. La objetividad y el realismo deben casarse con la honestidad. No otra cosa fue dicha, con otras palabras, en la asamblea de la capital cubana, provincia donde hubo resultados positivos, pero solo en parte, o si se miran con los ojos de ayer y no con los actuales.
Resulta que la producción mercantil de las empresas habaneras tuvo hasta abril, un crecimiento superior al 16% comparado con igual fecha del 2010. Pero como en ese tiempo, varias entidades incumplieron sus planes, resulta engañoso remitirse a totales, solo a las cifras de lo bien realizado, ocultando dentro de los buenos resultados, a los infractores. Es solo un pequeño ejemplo.
El vicepresidente, José Ramón Machado Ventura, al evaluar el proceso que aún tiene por delante muchos análisis y exámenes, enfatizó la importancia de las aperturas y transformaciones que se impulsan y fue muy claro cuando advirtió que no es posible permitir retrocesos en los renovadores empeños por mejorar.
Que no ocurran ni se acepten posiciones justificativas y que los dirigentes de distintos niveles sean más objetivos y auto-críticos, según se viene exigiendo, supone avances, pero no lo suficiente. Tampoco los resultados tienen el ritmo que se quiere.
A no dudarlo, son muchas las inquietudes y preguntas que subsisten entre los cubanos de aquí y acullá. En lo inmediato, están por delante las sesiones del parlamento que comenzarán el 1 de agosto y después, los debates sobre los temas –peliagudos, importantes, eso es seguro- que se llevan a la Conferencia del Partido de enero 2011. Dos momentos, y no los únicos, que nos darán nuevas pistas sobre si hay progreso o frenos y si finalmente entramos a mejores tiempos o no.