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jueves, 18 de agosto de 2011

TRABAJO POR CUENTA PROPIA: CAMBIOS SIN ESTIGMAS NI PREJUICIOS.

Por: JESÚS MENA ARAGÓN

Tomado del periódico 5 de Septiembre

Nacer antes que otros tiene sus ventajas. Permite contrastar el presente con el pasado, por haber aterrizado en el planeta, primero que otras generaciones. A tal privilegio, algunos llaman vejez; los más indulgentes, experiencia.

Haber vivido lo acontecido hace muchísimo tiempo atrás, exonera a sujetarnos de la historia para entender sucesos de los que fuimos protagonistas o simples testigos.

Y como los recuerdos se guardan en la mente, cual tesoro en cofre dorado, por estos días me asaltan imágenes de cuando en mi barrio, en la capital de todos los cubanos, deambulaban las carretillas llenas de frutas y viandas, el heladero recorría sus calles sobre un coche con nevera tirado por un caballo, y los tamales y chicharrones de puerco se vendían calentitos, transportados en una lata de manteca, devenida fogón ambulante.

Para anunciarse, varios hacían sonar una campanilla; otros hacían gala de pregones ingeniosos, adornados con buen gusto, desprovistos de chabacanería o insolencia, para dar a conocer su maní garapiñado y otras golosinas. Humildes buscadores de la vida, luchadores por la subsistencia bajo un sistema social que mantenía a sus hijos iletrados y a las familias de estos en la pobreza, pasaron a formar parte de nuestro acervo cultural y aparecen como referentes obligados de la Cuba antes de 1959.

A mediados del siglo pasado, los comercios, cafeterías, fondas y centros gastronómicos exhibían sus abundantes mercancías y, en una puja desigual, el trabajo informal satisfacía las necesidades de aquellos a quienes su peculio no les daba para acceder a productos de más alto rango.

En cualquier esquina de La Habana, y en el resto del archipiélago, los viandantes consumían alimentos ligeros en los kioscos. Estos iban desde una fritura de bacalao, un bollo de harina, una minuta de pescado... hasta un cartucho de manjúa o un pan con bistec. Existió en la Isla, antes y después de la pseudorrepública, como sobrevive actualmente en el llamado Tercer Mundo, donde la suerte de millones de personas depende de ese negocio.

Tiene vida propia el trabajo informal. Con independencia del potencial económico del país del que se trate. La función social juega su papel, tanto en Estados Unidos como en Japón, sin desdeñar a las naciones involucradas en la llamada zona euro de Europa.

Para beneplácito de la ciudadanía, volvemos a verlo florecer. Aunque no sin tropiezos y alguna que otra magulladura, pues las incomprensiones de algunos constituyen los mayores obstáculos a su despegue. El compañero Raúl Castro se ha referido en varias oportunidades a la necesidad del cambio de mentalidad en aquellos que no entienden las modificaciones introducidas a nuestro modelo económico:

"Si hemos llegado a la conclusión de que el trabajo por cuenta propia constituye una alternativa más de empleo para elevar la oferta de bienes y servicios a la población y liberar al Estado de esas actividades, lo que corresponde hacer al Partido y al Gobierno es facilitar las gestiones de los cuentapropistas y no generar estigmas ni prejuicios hacia ellos, ni mucho menos demonizarlos, y para eso es necesario modificar la apreciación negativa existente en no pocos de nosotros hacia esta forma de trabajo privado".