Con información de blogs
El tropel de gente que se arremolina en los estantes del Centro Comercial Carlos III es impresionante. Ahora mismo estamos en el departamento de equipos electrodomésticos.
Ya están a la venta aires acondicionados, sartenes eléctricos, tostadoras y freidoras. Desde 2003 el ministerio de Comercio Interior había suspendido la venta de esos artículos. Ahora el gobierno echó abajo los decretos que prohibían su venta.
Rosa, ama de casa, está contenta. “Ya puedo ahorrar y comprar un aire. También quisiera adquirir una ducha eléctrica”, dice mientras mira compulsivamente de un mostrador a otro. Ella padece del síndrome de la cucarachita Martina.
En Cuba, las personas suelen ir a las shoppings (tiendas recaudadoras de divisas) en plan de safari. Aprietan sus narices contra las vidrieras, manosean los artículos y se prueban los últimos vaqueros Diesel. Es casi una manía. Mirar y no comprar.
En este verano de calor espantoso visitar tiendas y boutiques siempre es agradable. Se mata el tedio. Te atienden de primera, con buenas tardes y señor incluido. Y, sobre todo, uno toma un soplo de aire acondicionado. Que no está mal.
La gente ve a las shoppings como una especie de oasis en un desierto. Luego si compras o no, deja de ser importante. Lo primero es curiosear. Apuntar los precios. E indagar con el rostro serio las cualidades técnicas de un ordenador, el tele de plasma, “sí aquel, el de 42 pulgadas”, o la última novedad en La Habana, los aires acondicionados.