Tomado de Strategic Culture Foundation/Progreso Semanal
El lema de la 6ta. Cumbre de Las Américas que se celebrará en Cartagena de Indias (Colombia) el 14-15 de abril, "Conectando a las Américas: Socios para la Prosperidad", tiene la intención de sonar optimista. En el foro, líderes de 34 países del Hemisferio Occidental planean discutir una agenda de integración y cooperación regionales, la cual esperan que los ayude a lograr sus objetivos muy anunciados de superar la pobreza y la desigualdad social, mantener la seguridad y garantizar amplio acceso a las tecnologías de avanzada.
Al igual que en anteriores oportunidades, Washington se aseguró de que no se enviara una invitación a La Habana para la ocasión. El presidente Obama, el vicepresidente J. Biden y la secretaria de Estado H. Clinton presentaron una lista habitual de quejas –la supresión de la libertad de palabra y protestas públicas, el dictado del Partido Comunista, y el encarcelamiento de disidentes en Cuba– como justificación para mantener alejada a Cuba de la Cumbre, mientras que un número de congresistas norteamericanos amenazó con boicotearla en caso de que Raúl Castro asistiera. De esa manera, la diplomacia norteamericana hizo un intento poco disimulado por intimidar a los líderes del ALBA, los cuales eran muy favorables a que Cuba se les uniera en el foro.
En febrero pasado, el presidente venezolano Hugo Chávez expresó su decidida oposición a la política de aislamiento de La Habana y, citando la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que condenó el inhumano bloqueo contra Cuba, advirtió que la posición de EE.UU. provocaba la indignación en toda Latinoamérica. Es más, la presión de EE.UU. hizo que los países del ALBA (Alianza Bolivariana para Las Américas) consideraran rechazar el foro como respuesta. Por ejemplo, el presidente boliviano Evo Morales dijo que la conducta norteamericana era antidemocrática, discriminatoria y hasta racista, a medida que Cuba promueve un cambio progresista en la región, y que a un solo país, EE.UU., no se le debiera permitir imponer sus enfoques a toda Latinoamérica.
El presidente colombiano Juan Manuel Santos se enfrentaba a una tarea cuesta arriba para evitar una escalada diplomática, y en un momento álgido de su misión, el 7 de marzo, realizó una visita a La Habana para excusarse por aceptar de manera tan torpe la exigencia de EE.UU. La acción fue ampliamente considerada como una señal de profunda transformación de las relaciones internacionales –en épocas pasadas: los países que seguían políticamente a EE.UU. acostumbraban ignorar a Cuba y no mostraban ninguna vergüenza. Formalmente, Santos visitó La Habana, donde Chávez recibía tratamiento médico en aquel momento, para firmar un paquete de acuerdos comerciales con Venezuela, pero no era difícil adivinar que el líder venezolano aceptó realizar la ceremonia de la firma en Cuba para facilitar un contacto informal entre Santos y Raúl Castro. La reunión dio una oportunidad para salir del punto muerto: el líder cubano dejó en claro que comprendía las preocupaciones de Santos y no tenía planes a priori de asistir a la reunión, pero aún así señaló que la situación que el presidente colombiano describía como falta de consenso se debía enteramente al unilateralismo de EE.UU.
A cambio, Santos prometió a Raúl Castro que la presencia de Cuba en futuros foros sería un punto a discutir en la agenda de Cartagena de Indias, y le agradeció por ayudar a Colombia y al curso de la Cumbre a solucionar un serio problema. El ministro cubano de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez dijo, en relación al "consenso latinoamericano" para excluir a Cuba de los foros celebrados por los países del continente dominado por EE.UU., que la participación de Cuba "en modo remoto" en la próxima cumbre sería imposible de ignorar. También mencionó que el 14 y 15 de abril son las fechas en que los cubanos celebran el aniversario del colapso de la intervención de Playa Girón (*) organizada por la CIA, demostrando que Cuba no era ni es un país que ceda jamás ante la presión. Existe confianza en La Habana de que no solo los países del ALBA, sino también los de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) y los miembros de la CELAC presionarán a su favor en Cartagena de Indias. Por el contrario, Washington solo puede confiar en el respaldo de Canadá, un disciplinado socio menor de EE.UU. cuya participación en operaciones subversivas contra Cuba es un secreto a voces.
Al visitar el foro de Cartagena de Indias, el presidente norteamericano tendrá que comprender –sin duda no por primera vez– que la mayoría de sus colegas latinoamericanos están de parte de Cuba. La posición de Cristina Fernández de Kirchner de Argentina y la de Dilma Rousseff de Brasil llamarán gran atención. Además, debiera tenerse en cuenta en el contexto de que los ministros del Exterior de ambos países, Héctor Timerman y Antonio Patriota, expresaron la misma opinión en la conferencia de medios celebrada en Sao Paulo el 14 de marzo: el foro de Colombia deberá ser el último del que Cuba esté ausente, ya que la contradicción entre el nombre de la reunión y los asistentes se está haciendo cada vez más difícil de explicar. Por otra parte, hay amplia evidencia de que diplomáticos norteamericanos están trabajando estrechamente con los aliados regionales de Washington –México, Honduras, Guatemala, Salvador, Costa Rica, Panamá y Chile– con el fin de atraerlos a la posición de Washington en el caso de Cuba y para obligarlos a que alienten al país a realizar rápidamente reformas democráticas y de libre mercado, lo cual La Habana está implementando por sí misma según su propio calendario cuidadosamente calculado.
En la cumbre, EE.UU. se verá confrontado con un despliegue de exigencias pro cubanas adoptadas por los países del ALBA, UNASUR y la CELAC y con llamados a eliminar el bloqueo, tal como lo requieren resoluciones de la ONU. Sin duda el tema figurará de manera prominente en el foro social que se celebrará paralelamente a la parte presidencial de la reunión. Activistas provenientes de grupos públicos, sindicales, estudiantiles y de aborígenes americanos de toda Latinoamérica se dirigirán a Colombia para expresar sus perspectivas acerca de la situación mundial, la globalización impuesta por EE.UU., las conspiraciones de la CIA dirigidas a derrocar a los regímenes populares del continente, y el despliegue de bases militares norteamericanas en la región. Como Santos no tenía la certeza de que Morales decidiera asistir a la cumbre, lo invitó a pronunciar las palabras de clausura en el foro social. Morales aceptó la invitación. Durante su reciente visita a Austria, el líder boliviano declaró que su país está en vías de construir el socialismo, por lo que podría tener que enfrentar, al igual que Cuba, los esfuerzos de EE.UU. por aislar a Bolivia. Morales aseguró que el surgimiento de regímenes marxistas es una firme tendencia latinoamericana y dijo que su país debiera abandonar la Organización de Estados Americanos, ya que la membresía de Cuba había sido suspendida como castigo por su socialismo. Los países antiimperialistas son acusados falsamente de terrorismo, dominio autoritario y narcotráfico, dijo Morales, y agregó que la historia se repite.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa anunció que no asistiría a la 6ta, Cumbre y a las subsiguientes si se mantiene la aceptación de la política norteamericana de aislar a Cuba. Correa criticó a los foros latinoamericanos por no poder poner en el candelero el grueso de los problemas reales del continente, como el bloque económico contra Cuba o la ocupación británica de las Falklands (Malvinas), y protestó de que la exclusión de un país latinoamericano de las cumbres latinoamericanas no tiene sentido y que las expresiones de retórica democrática parecen estar completamente alejadas de la realidad. La fuerte declaración de Correa resonó como una advertencia lanzada de concierto por los regímenes populares en contra de la política de echar a un lado a Cuba.
A no ser que surjan circunstancias extraordinarias, la Cumbres de las Américas se celebran cada tres años. La próxima será en 2015 y la actual impresión es que Washington está decidido a seguir manteniendo a Cuba bajo presión a cualquier precio. Sin embargo, la desafiante Isla de la Libertad ha logrado sobrevivir a medio siglo de agresión, terrorismo y conspiraciones por parte de EE.UU. Los hermanos Castro, que hace mucho se han ganado un lugar en la historia cubana, pueden vanagloriarse de una envidiable salud y energía y se le debe reconocer la capacidad de planear muy por adelantado y de derrotar cada vez más a los oponentes geopolíticos de Cuba, a veces provocando que Washington se hunda en una verdadera histeria. El futuro siempre es un misterio, pero ambos hermanos Castro serán recordados como los líderes que derrotaron al Imperio, y los políticos latinoamericanos, independientemente de sus opiniones, están sumándose a Cuba en el conflicto cubano-norteamericano.
(*) (Nota del Traductor): En realidad la invasión se lanzó el 17 de abril y fue derrotada en menos de 72 horas, aunque las acciones comenzaron el día 15, cuando aviones de guerra B-26 con base en Centroamérica, y algunos de ellos pilotados por norteamericanos, atacaron por sorpresa aeropuertos cubanos.