Por: Pedro Cruz Vento
Publicación original en: Cubano1er.Plano
A pesar de la notoria injerencia extranjera que se ve siempre manifestada en el transcurso de la campaña electoral de la Republica Bolivariana de Venezuela y del uso irrespetuoso de los medios de información tanto locales como extranjeros en mano de los propietarios privados en un % elevado del territorio nacional, y que arremeten vergonzosamente contra el candidato Hugo Chávez, la mayoría de los analistas coinciden en que las elecciones de ese hermano país son las más democráticas del mundo. ¿Es eso democracia? No lo creo, aún así una vez más su pueblo aunque humilde no se dejó confundir y finalmente conquistó otra vez la victoria.
En cambio nuestro sistema electoral cubano está bien concebido y deja al margen toda esa politiquería barata y la doble moral pero no se disfruta a plenitud la verdadera democracia y el derecho al sufragio, porque no logramos la motivación del electorado, el voto con interés y el deseo de hacerlo. Las personas solo lo hacen por convicción patriótica y porque se sienten comprometidos con la Revolución.
Muchas veces los electores no desean ser candidatos y mucho menos delegados, aceptan la propuesta en la mayoría de los casos porque lo ven como una tarea de la de la Revolución, situación similar ocurre cuando se produce la elección del presidente, delegado municipal, delegado provincial y diputados, y muchos nos preguntamos ¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles son las verdaderas razones?
La falta de recursos y la poca o nada motivación material es uno de los factores más importantes, además de la conciencia que se tiene que tener para asumir esta ardua y sensible actividad porque los que son elegidos por lo general son trabajadores, estudiantes, jubilados o amas de casa, que tienen que sacar de su tiempo libre un extra para dedicarse a atender las tareas de los electores, que no son pocas. Siendo muy difícil ya que no cuentan con ninguna posibilidad de resolver todos los problemas que le son planteados, motivados a que ni él, ni el municipio e incluso la provincia tienen los recursos necesarios para sustentar y dar solución a los mismos, ni tienen muchas veces la facultad para resolverlos.
Cuando el país resuelva que estos actores tengan una participación real en el desarrollo de su localidad y logren que se les vea con poder existente en la toma de decisiones, y que el mayor % de los impuestos quede en el territorio para el desarrollo local, entonces empezaríamos a ver en la práctica el interés del pueblo de poder proponer y elegir a los más capaces, aquellos que realmente representen sus verdaderos intereses en los respectivos niveles del gobierno para que estos administren correctamente el erario público, y a la vez esto motivará a muchos a aspirar ser delegados y dirigentes de estos órganos.
Tendríamos que tener en cuenta la factibilidad de profesionalizar al delegado de base para que atienda a tiempo completo el funcionamiento de su territorio ya que con el nuevo reordenamiento de nuestra economía esta crearía un sinnúmero de problemáticas que necesitan de la toma de decisiones a tiempo real, decisiones que no pueden esperar por el acostumbrado burocratismo que hoy no nos deja avanzar, ni desarrollar nuestra sociedad. Valdría la pena profesionalizarlo y convertirlo en un mecanismo de desarrollo local, “la comunidad los reconocería como parte de la solución y no como parte del problema”.
Entonces veremos a un pueblo comprometido en la búsqueda de aquellos que realmente defiendan sus intereses, y lo que hoy funciona con bastante formalidad pasaría a ser más activo y funcional.
Pongamos las cosas en su lugar y rectifiquemos con audacia todo lo que debe ser cambiado y para entonces sí tendremos un sistema electoral mucho mas completo y digno de admirar.