Josif Stalin, sello della República Democrática Alemana
Por Vincenzo Basile (Capítulo Cubano)
Dedicado a Cesare y Antonio, los dos más exaltados anticubanos que he conocido. Dos intolerantes que me han ayudado a ser lo que soy y me han dado una motivación más para amar a Cuba a mi propia manera.
“Pero cualesquiera que sean las circunstancias de mi muerte, moriré con una fe inquebrantable en el futuro comunista. Esta fe en el hombre y su futuro me da, aún ahora, una capacidad de resistencia que ninguna religión puede otorgar. La vida es bella. Dejemos que las futuras generaciones la limpien de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente” Leon Trotsky
Esa frase, a pesar de la personal opinión que se puede tener de su autor, se sitúa entre las más peligrosas y equívocas. El riesgo que se corre es alto y muy serio, es decir ser considerado trotskista, con todas las implicaciones y consecuencias que esa etiqueta comporta.
Nací en 1984. Apenas recuerdo los años del derrumbe del campo socialista y, seguramente, no sé nada de teoría estalinista o de pensamiento trotskista, excepto unas pocas y esporádicas lecturas. Por lo contrario, creo haber adquirido un discreto conocimiento de la historia para poder evaluar los distintos acontecimientos, claramente tomados con la precaución que cada interpretación histórica requiere.
UNA ANÉCDOTA: MI ‘ENFRENTAMIENTO CON LOS ESTALINISTAS’
Un día decidí compartir estas palabras como ‘frase preferida’ en mi cuenta facebook. Inmediatas fueron las reacciones de dos amigos virtuales a los que consideraba revolucionarios como yo. La primera conección que esas personas hicieron fue una automática relación: frase de Trotsky equivalía a ser contra Stalin; eso significaba ser revisionista burgués y, por último, me convertía en alguien incapaz de defender la Revolución cubana, una revolución estalinista, ellos pretendían afirmar. Es decir, en pleno siglo XXI, mientras en América Latina se intenta construir el nuevo socialismo, quedé involucrado en una división antigua y dogmática que se remonta a hace casi un siglo. Increíble.
Dije a mis interlocutores -entre ellos uno tenía un tatuaje de Fidel y de la bandera del M-26-J y otro pertenecía a una movimiento de solidaridad con Cuba- que el hecho de publicar una sola frase de Trostky no me convertía automáticamente en trotsjista pero, aclaré, eso no significaba que era estalinista. Afirmé claramente que mi pensamiento iba más allá de esta histórica división y, citando -secretamente- a las palabras de Fidel (tomadas del libro Un grano de maíz) agregué: “Creo que Stalín cometió errores muy grandes, pero también tuvo aciertos grandes. Creo que Stalín tuvo un papel importante en la Revolución de Octubre y en la guerra contra la intervención extranjera después de la revolución, eso es conocido históricamente. Stalín desempeño un papel importante en la industrialización de la Unión Soviética, y en la gran guerra patria y la reconstrucción del país. Esos son hechos objetivos.”
Repentina fue la acusación: sólo era otro revisionistá. ‘Un izquierda caviar que quería jugar a hacer el revolucionario cubano’, así me calificaron solamente por querer colocar la figura de Stalin en el correcto orden de la historia, evitando exageraciones y banalidades típicamente occidentales pero al mismo tiempo sin caer en idolatrías que convierten a hombres en semidioses para adorar. Pero, a pesar de esos primeros ataques que estaban encendiendo demasiado la conversación y le habían hecho perder todo tipo de sentido y utilidad, decidí seguir con este debate para ver hasta que punto estos supuestos ‘amigos de Cuba’ eran consecuentes con sus afirmaciones. Empezé a hablar de los errores de Stalin (siempre citando o parafraseando a Fidel).
Comencé con: “Stalin cometió graves errores. El culto a la personalidad, las violaciones de la legalidad, los enormes abusos de poder, los actos de crueldad que realmente cometió y otras arbitrariedades”. Pasé a la política exterior, empezando con el pacto de no agresión estipulado con Hitler y la segunda guerra mundial, y dije: “Creo que aquello fue un error. No voy a decir que fuera su exclusiva culpa, creo que toda la politica occidental lo arrastró hacia esa posición; pero él cae en aquel famoso Pacto Molotov-Ribbentrop, cuando ya los alemanes estaban empezando a exigir la entrega del corredor de Dánzig; hicieron una serie de exigencias sobre Polonia y en ese momento se produce el pacto (...) Ahí se produce, a mi juicio, otro gran error: en el momento en que está siendo atacada Polonia, Stalin envía tropas a ocupar ese territorio. (...) Creo que fue un error desde el punto de vista de los principios y de la opinión internacional. Creo que la guerra contra Finlandia fue otro error tanto desde el punto de vista de los principios como desde el punto de vista del derecho internacional”.
Además, usando mis propias convicciones históricas, critiqué la actuación de Stalin durante la primera etapa de la guerra fría. Más que intentar dar explicaciones, pregunté sus puntos de vista sobre determinadas actuaciones de Stalin al comienzo del conflicto bipolar. La imposición de revoluciones socialistas en Europa oriental entre 1945 y 1948, sin esperar una auténtica madurez de las poblaciones de dichos territorios, sólo por la necesidad, impuesta por reales exigencias de seguridad, de crear un cordón de estados tampones para protegerse de una eventual nueva amenaza alemana. En ese sentido, citando otras palabras de Fidel, les dije que ahí estaba la diferencia entre Cuba y los países del campo socialista de Europa oriental que cayeron, uno tras otro, entre 1989 y 1991. Les dije que Cuba no es un país donde el socialismo llegó tras las divisiones victoriosas del Ejército Rojo. En Cuba, el socialismo lo forjaron los cubanos, en auténtica y heroica lucha.
Seguí citando otros acontecimientos. El abandono de la causa azerí en el norte de Irán a cambio de una concesión petrolera por el poderoso Sha persa (abril 1945). El inicial apoyo al movimiento nacionalista chino de Chiang Kai-shek contra los guerrilleros de Mao, tras un acuerdo con Roosevelt para asegurarse el control de la red ferroviaria y de los dos principales puertos de Manchuria (agosto 1945). El abandono de la revolución griega (respaldada por Yugoslavia). La sucesiva ruptura con Tito en 1948. El reconocimiento del Estado de Israel en 1948 (Estados Unidos y la Unión Soviética fueron los primeros países a reconocer el estado judío).
Durante la que fue una larguísima conversación, a cada pausa -entre una explicación y otra-, seguían etiquetándome de revisionista y de anticomunista. Pero resistí hasta el último momento guiado por el deseo de leer sus explicaciones finales. Por cierto esas explicaciones no llegaron. Cuando finalmente les dije que la mayoría de mis palabras eran citas del mismo Fidel, logré desenmascararlos y salió a la luz toda su intransigencia, su ignorancia y todo su oportunismo. Los dos, unánimamente, renegaron al Comandante que pretendían defender (uno con su tatuaje evidentemente sin sentido y el otro con su afiliación a movimiento de solidaridad con Cuba, guiado por la estúpida convicción de que éste respalde un proyecto estalinista) y afirmaron: “Fidel está viejo, ya no tiene la lucidez para interpretar determinados hechos históricos”. Así un profundo respeto que llevó a imprimir perennemente una cara sobre la piel y justificaba la militancia en un movimiento desaparecieron frente a la encrucijada idológica que levanté. Y cuando les dije que el libro que había citado era del 1993 y que las aformaciones sobre las revoluciones en Europa oriental eran de 1988, es decir en épocas no tan recientes, empezaron los insultos más desconcertantes para un revolucionario: “Muerte a los trotskistas. Te mandaría en un Gulag. ¡Viva Stalin!”. Y así concluyó el debate.
(Continúa)
