En este 2013 de nuestra era, se cumplen cincuenta años de escribirse, ininterrumpidamente, una de las más hermosas páginas en la historia de la solidaridad y el altruismo humanos, la colaboración médica cubana.
No obstante a existir en Cuba el precedente de prestigiosas individualidades que en los siglos XIX y XX brindaron su ayuda médica fuera de las fronteras de nuestro archipiélago, no es hasta después del triunfo del 1º de enero de 1959, que la solidaridad y la cooperación con los países del llamado tercer mundo alcanza la dimensión de política de estado.
El naciente gobierno revolucionario, desde los primeros momentos de su establecimiento en el poder, tendió su desinteresada mano a los pueblos que sufrían alguna calamidad o que recabaran su ayuda solidaria.
Así se evidenció cuando en 1960 un violento terremoto azotó al territorio chileno. Pese a que el gobierno derechista de Jorge Alessandri mantenía una política hostil a la revolución cubana, la dirección del país envió, priorizando las necesidades del fraterno pueblo por encima de desavenencias políticas, un grupo de médicos, encabezado por el entonces comandante del Ejército Rebelde Oscar Fernández Mel, con los medios necesarios para brindar su apoyo en la atención de heridos y enfermos.
El 23 de mayo de 1963, al llamado de la joven república de Argelia respondió el gobierno revolucionario enviando un contingente de 58 profesionales de la salud, que incluía facultativos de varias especialidades y personal técnico, para apoyar la creación en dicho país de un sistema de salud nacional. Fue este, precisamente, el hito que marcó el inicio de la epopeya cubana de la solidaridad, la que aun sigue constituyendo un paradigma de la cooperación sur-sur, la colaboración médica cubana.
Esta épica campaña se inicia cuando más de la mitad de nuestros médicos habían abandonado el país atraídos por los cantos de sirena del vecino del norte y el imperialismo había decretado su criminal bloqueo que perduraría, corregido y ampliado, hasta nuestros días.
Fue África, el primigenio continente, el primer escenario donde trabajadores de la salud y personal de los servicios médicos de las FAR y el MININT se convirtieron en verdaderos misioneros de una nueva fe, la fe en la vida, en el mejoramiento humano; la fe en un futuro de equidad y justicia.
En las décadas de los años 70 y 80 legiones de batas blancas brindaban sus servicios en los más alejados parajes de Asia y África, no sólo en la prestación de la atención médica, sino también en la formación de cuadros de la salud. Numerosos pueblos de los rincones más olvidados del planeta fueron testigos de la abnegada y eficiente labor asistencial y docente de los médicos y técnicos cubanos.
Una nueva etapa de esta colaboración se inició después el accidente nuclear de Chernobil en 1986, con la rehabilitación de cientos de pacientes afectados por la radiación, especialmente niños, en la zona playera de Tarará situada al este de La Habana, asistencia que se mantuvo por varios años.
Tendiente a mitigar los devastadores efectos de los huracanes Mitch y George en Centroamérica y el Caribe en el año de 1998, causante de más de 30 000 víctimas, el Comandante en Jefe Fidel Castro, decidió fortalecer las infraestructuras médicas, sobre todo de las zonas de menores recursos y el envío de 1000 efectivos médicos no se hizo esperar. Se dio inicio, de esta forma, al Programa Integral de Salud (PIS) a instancias del Líder de la Revolución Cubana, que llegaría a contar para junio del 2002, con 3 400 profesionales de la salud prestando sus servicios en 37 países del tercer mundo.
Otra de las iniciativas desarrollada por Cuba para el enfrentamiento médico a los desastres naturales, fue la creación de una brigada especializada en contingencias médicas.
En ocasión de verse seriamente afectada la ciudad de Nueva Orleans por el huracán Katrina (fuerza 4 según la escala de Zaffir-.Simpson) que causó estragos en dicha urbe y otros territorios de la Costa del Golfo, se constituyó un contingente médico de atención a lesionados por desastres naturales con la intención de brindar ayuda a esa población del sur estadounidense, ofrecimiento que fue rechazado por la administración de George W.Bush, pese a tratarse de una atención especializada que necesitaba ese pueblo en tan duros momentos.
La brigada médica Henry Reeve (BMHR) fue creada en Cuba en virtud de un llamado hecho por el presidente Fidel Castro, y nombrada así en honor al combatiente norteamericano de la Guerra del 68, caído en Yaguaramas el 4 de agosto de 1876 con sólo 27 años de edad.
La negativa del gobierno norteamericano a la cooperación cubana no fue óbice para que dicho contingente saliera por primera vez a la palestra internacional en octubre del 2005 a brindar su ayuda solidaria a la república de Guatemala azotada por el huracán Stan.
Sólo un mes después, la BMHR arribaba a Pakistán, país que había sido víctima de un devastador terremoto el 8 de octubre del 2005. Provista de 32 hospitales de campaña totalmente equipados llevó a ese sufrido pueblo la ayuda solidaria de los profesionales de la salud de Cuba.
Al final de su séptimo mes la brigada contaba con 2,378 efectivos entre médicos, enfermeros, técnicos de fisioterapia y otro personal paramédico y había realizado más de 1,7 millones de consultas médicas.
Sus próximos destinos serían; las inundaciones en Bolivia y el tsunami en Indonesia en el 2006; Sichuán en la República Popular China en el 2008, el sismo de gran intensidad sufrido por Haití en enero del 2010 que arrasó prácticamente con Puerto Príncipe, la capital del país, y el terremoto en Chile en el año 2011.
La colaboración médica cubana seguía sentando precedentes inéditos.
“Cuba no da lo que le sobra, sino comparte lo que tiene”. Esta sentencia de Fidel Castro se ha convertido en el fundamento ético de la colaboración entre los países del Bravo a la Patagonia y se materializa en proyectos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), ejemplo vivo de lo que debe ser la cooperación entre países del sur.
Este programa de desarrollo social multilateral, que incluye como miembros permanentes a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros países del Caribe anglófono ofrece, entre otras ventajas no menos importantes, la oportunidad de propiciar la formación de profesionales de la salud y brindar atención médica a las poblaciones menos favorecidas.
En Venezuela, por ejemplo, médicos y enfermeras de Cuba y del país, laboran estrechamente en más de 6, 500 instituciones médicas de la atención primaria municipal, muchas de ellas en zonas remotas y de difícil acceso.
En el marco del Programa Integral de Salud, médicos cubanos preparan a 21,300 futuros médicos venezolanos y 10 000 enfermeras.
395 Centros de Diagnóstico Integral han sido creados en Venezuela y 28 en Bolivia, que sirven como base docente al programa de formación médica y ofrecen a la población atención médica gratuita de alto nivel.
La cooperación cubana se extendió, igualmente, al suministro de vacunas y productos biotecnológicos fabricados en Cuba y vendidos a precios asequibles para las economías de esos países, así como a la formación de los cuadros de la Salud que permitiera a las naciones latinoamericanas librarse de la dependencia de especialistas extranjeros y dedicar sus recursos humanos nacionales a otras necesidades del pueblo.
Gracias a la colaboración médica cubana, reciben atención médica comunidades, antes marginadas, que nunca conocieron estos beneficios.
Nuestro personal de la salud se enfrenta con éxito a epidemias de todo tipo. Se reduce la mortalidad infantil, la mortandad materna y la causada por enfermedades curables y prevenibles y se practican miles de intervenciones quirúrgicas.
En el marco de la ALBA, en el año 2004 los gobiernos de Cuba y Venezuela comenzaron a desarrollar un programa de tratamiento de afecciones oftalmológicas invalidantes, inédito en el mundo, al que se le dio el nombre de “Operación Milagro”, gesta sin precedentes en la historia de la medicina, que ha rescatado de las sombras y devuelto a la luz mediante la recuperación de la visión, a cientos de miles de enfermos con padecimientos oculares en 34 países en casi diez años de existencia.
Actualmente continúa desarrollándose, con la participación cada vez mayor y más activa de gobiernos progresistas de América Latina y otras partes del mundo, este humanitario programa.
El devastador terremoto que sacudió al hermano país de Haití en el año 2010 puso en tensión a miles de integrantes del ejército de las batas blancas de Cuba. El primer escalón del enfrentamiento lo formaron aquellos que ya se encontraban en el país prestando su valiosa colaboración y sufrieron, junto a sus hermanos haitianos, los embates del sismo para luego dedicarse, en cuerpo y alma, a la atención de las víctimas. Cuba fue el primer país en enviar personal médico para la asistencia de los afectados por la catástrofe. Prontamente arribaron a suelo haitiano las brigadas quirúrgicas y los hospitales de campaña junto a los psicólogos, quienes se ocuparon del manejo del estrés traumático en medio de constantes réplicas de la actividad sísmica. Paulatinamente fueron llegando especialistas según las necesidades. Los socorristas fueron relevados por epidemiólogos, higienistas, especialistas en rehabilitación e internistas.
Luego fue la gran epidemia de cólera que azotó a la desdichada isla y otra vez médicos cubanos y egresados de la ELAM, incluyendo estadounidenses, acudieron en ayuda del hermano y sufrido pueblo haitiano y aun permanecen en tierra haitiana desarrollando el sistema de salud pública del país.
El año 2012 contabilizó más de 38 000 efectivos médicos cubanos laborando fuera del país, de los cuales casi 16 000 son médicos. A nuevos retos se deberá enfrentar la colaboración médica cubana y los pinos nuevos ya escriben nuevas hazañas en la interminable lucha contra las enfermedades y la muerte.
La “nueva arma de la solidaridad” que describiera proféticamente el Che Guevara en 1960 continúa, después de medio siglo de existencia, demostrando que un mundo mejor todavía es posible si existe la voluntad política para lograrlo.
* Médico, especialista de 2do grado en cirugía, profesor auxiliar, Mayor serv.med. ® Veterano de cinco misiones internacionalistas.