“¡¿El último a Internet!?”, preguntó un hombre de cincuenta y tantos años al llegar a una cola en un telepunto de ETECSA, el equivalente cubano a lo que en otros lugares llaman “cibercafé.” Alguien hizo una señal y el futuro internauta se puso en la cola.
Pensé que había presenciado un momento excepcional: la forma en que la generación de mis padres se les arregla para encontrar un lugar en la fila antes de entrar en una sala de navegación. Pero me equivocaba. Poco después, apareció un veinteañero, un poco más joven que yo, preguntando también por “el último para Internet”, en el tono en que los cubanos acostumbramos a elevar la voz para hacernos escuchar por la persona que…“tiene el último.”
Es oficial desde el pasado 4 de junio. Internet es, ¡al fin!, uno de los tantos servicios que pone a los cubanos a esperar disciplinadamente en una cola. Por supuesto, un impaciente puede deducir que las aglomeraciones son causadas por una demanda sin suficiente oferta. Pero hasta hoy, no es una clientela pequeña, a pesar de que el precio espante a algunos potenciales usuarios.
ETECSA acaba de informar que en dos meses más de 100 mil personas se han convertido en “nautas”, del primer servicio público de acceso a Internet en la Isla. Y de ellos al menos 60 mil pagaron 4.50 CUC por una hora de navegación por Internet full, servicio al que ETECSA se refiere como “prestaciones de navegación internacional.”
El resto, se conformó con opciones de conectividad menos onerosas, pero también más mediocres como la de correo internacional y navegación nacional, a 1.50 CUC y 0.60 CUC por hora respectivamente.
Poco a poco la concurrencia va creciendo. Más lento de lo que la sociedad demanda, y acaso ¿más rápido de lo que ETECSA previó? (Aunque para ser justos aunque ETECSA cobra, los precios exorbitantes no los impuso la estatal de telecomunicaciones, sino el Ministerio de Finanzas).
De junio a la fecha, en dos meses, solo han aumentado en 3 los llamados “puntos de acceso” que ahora suman 121. En uno de ellos ocurrió mi primer encuentro con un “último para Internet”. Fue en el del edificio FOCSA, en el Vedado habanero. Es un sitio ubicado en un lugar muy céntrico, así que eso explica el abarrotamiento.
En el interior del telepunto, tras pasar la cola del exterior, vi a un grupo de muchachas sentadas en un banco ubicado justo al frente de las computadoras. Las muchachas conversaban, como si estuviera allí para hablar de sus asuntos y no para navegar por Internet. Junto a ella, había un hombre de pie, esperando en silencio. Me le acerqué y le pregunté si esa era la cola para sentarse en las máquinas. Asintió moviendo la cabeza.
No solo había que hacer cola para entrar en la sala. También había que esperar a que una de las computadoras quedara desocupada. Una doble espera, pequeña en comparación con la espera anterior, la verdaderamente larga, la de los que nos preguntábamos cuándo y cómo llegaría “El Acceso”.
Recuerdo la primera vez que leí sobre el cable submarino que iba conectar a Cuba con Venezuela a las velocidades que no podían alcanzar mi módem dial up, que nunca rebasó los 5 Kbps. Estaba en décimo grado y era 2005. Terminé el preuniversitario, pasé el servicio militar, entré en la universidad y unas semanas antes de graduarme, el cable llegó a los cubanos. Tenía 4 años de retraso, según el ejemplar de Granma que años atrás me dio la noticia. Y además venía “corto” –habían dicho que aumentaría en 3000 veces la capacidad de conexión de Cuba, pero hasta aquí ETECSA solo ha contratado unos 400 Gbs por donde pasa todo: voz y datos.
Pero soy optimista. En comparación con la espera entre el estudiante de pre y el graduado universitario, el trasvase de las colas de Coppelia a las salas de navegación de ETECSA es poca cosa. Al menos uno puede ver cómo la cola avanza y el último se convierte en el primero en la fila para llegar a Internet.
Fuente: http://progresosemanal.us/20130904/el-ultimo-para-internet/