La economía nacional no acaba de encontrar el paso necesario para crecer suficientemente. Es cierto que el criminal bloqueo económico, financiero y comercial al que nos somete el gobierno de los EEUU desde hace más de 50 años nos crea muchas dificultades. Pero no todas nuestras dificultades son resultado del mismo. Políticas erróneas han jugado, y siguen jugando, un papel importante.
Con la aprobación, después de muy amplia y participativa discusión popular en todo el país, de los lineamientos para el trabajo económico y social, contamos con una guía para salir a flote y navegar con rumbo certero hacia la necesitada prosperidad digna para nuestro abnegado y sacrificado pueblo.
Pero no basta con poseer lineamientos correctos: se necesitan los hombres y mujeres capaces de ponerlos en práctica, es decir, dirigentes capaces y trabajadores laboriosos.
Gracias a una mayor apertura en nuestra prensa, comienza a circular un tipo de información que antes se la tragaba el secretismo disfrazado de patriotismo: no hablar de los errores porque eso le hace juego al enemigo, cuando es exactamente al revés, lo que le hace el juego al enemigo es hacer las cosas mal y callarlas.
Claro que no basta con enumerar y señalar los problemas; es necesario exponer sus causas y posibles remedios. Pero, al mismo tiempo, hay que informar también qué ocurre con los responsables de lo mal hecho.
Quien comete una infracción de tránsito sin mayores consecuencias, debe pagar una multa. Si los problemas continúan, al responsable se le puede suspender por un tiempo la licencia de conducción o retirársela definitivamente en ciertos casos. Esto, sin contar las sanciones que impone nuestro Código Penal en caso de que el conductor cause daños a otras personas o bienes. Sin embargo, en nuestra economía, existe una impunidad desconcertante. Y hay ciertos resultados que si el enemigo los planificara quizás no le resultaría tan efectivo el resultado.
Después de 55 años de administración revolucionaria y con tantos recursos como el país ha invertido en la instrucción masiva de los ciudadanos y con una cifra tan alta de graduados universitarios no podemos aducir excusas válidas para no hacer las cosas bien. Lo que ha fallado son ciertas viejas políticas económicas y estilos de dirección y de trabajo que condujeron a una descapitalización de la economía y un aumento de la deuda externa. Ahora, no hay otra alternativa que elevar nuestra eficiencia y recibir la inyección de capitales extranjeros y cubanos de dentro y fuera de la isla. No incluyo, por supuesto, a la mafia anticubana.
La sustitución de importaciones de productos que el país puede producir, comenzando por la agricultura, es tan importante como la creación de bienes y servicios exportables. Y eso se logra solamente con trabajo y esfuerzo que, por supuesto, debe ser recompensado adecuadamente, sin paternalismo ni igualitarismo, con la sensata fórmula de a cada cual según la calidad y cantidad de su trabajo. El salario debe satisfacer las necesidades del trabajador y su familia y proporcionar los medios para mejorar sus condiciones materiales y espirituales, ya sea en términos de alimentación, vestuario, vivienda, muebles y equipos electrodomésticos, transportación, recreación y por supuesto, educación y aprendizaje constantes para desarrollar, junto con la inteligencia, una ética de la vida en sociedad basada en el respeto al otro y en la solidaridad humana pues, aunque individualmente distintos, somos genéricamente iguales. Somos, esencialmente, seres sociales.
Pero la sociedad, para que funcione, según lo demuestra la práctica histórica, necesita normas claras y un sistema de estímulos y sanciones que nos ayuden al desarrollo de nuestra conciencia y defiendan al todo de los defectos de cada una de las partes.
Cuando se diagnostican deficiencias y errores y se identifican a los responsables, hay que actuar y tomar las decisiones que demande el caso. Si el que cometió el error lo hizo por ineptitud, no debe continuar en la responsabilidad que ocupa y ser sustituido por alguien apto. Si lo hizo con intención dolosa, que responda ante la ley.
Con tristeza lee uno noticias como la del robo de valiosas obras de pintores cubanos de fines del siglo XIX y principios del XX y otras de autores extranjeros de los almacenes del museo nacional de Bellas Artes. Los lienzos fueron desmontados de los marcos y extraídos de los almacenes, sin forzar las puertas de entrada. Eso quiere decir que quien o quienes cometieron el hurto tenían acceso al lugar y, luego, extrajeron las obras del edificio sin cavar un túnel de escape, ni saliendo por la azotea en helicóptero. Cuando uno lee tal noticia espera leer también como están las investigaciones policíacas sobre el caso, quienes son los sospechosos, quienes los responsables de la negligencia y las medidas adoptadas administrativamente, sin perjuicio de las judiciales.
Unos días atrás, una noticia de la provincia de Villaclara informaba que en 2013 murieron 18, 000 cabezas de ganado por falta de alimentación. Decían que del total unas 4,000 habían sido victimas de hurto y sacrificio ilegal. ¿Y qué ocurrió con los responsables de semejante atentado a la economía de la provincia? Nada se dice al respecto. Pero esa información palidece hasta casi volverse inadvertida cuando leemos que en el balance de 2013 del Ministerio de la Agricultura se informa que el total de reses muertas, no por ser llevadas al matadero, sino por enfermedad y otras deficiencias, seguramente de alimentación, alcanzó la cifra de 184,000 y que comenzamos el 2014 con 6,000 muertes en enero. Pero ahí no para la cosa. Se incumplió en la producción de diez renglones alimenticios, entre ellos, arroz, frijoles, huevos, leche de vaca, carne vacuna, cítricos frescos. Las pérdidas de 86 empresas agropecuarias, según esta información, fueron de cerca de 211 millones de pesos, en tanto que el sector cooperativo tuvo igual suma en utilidades. La ganadería perdió, en números redondos, 58 millones, 70 millones en acopio y 49 millones en cultivos varios. Sabemos, además, que todavía existe un millón de hectáreas cultivables ociosas en manos estatales. De nuevo la pregunta, ¿qué pasa con los responsables de esas desgracias? Y 2013 estuvo libre de ciclones y grandes inundaciones o sequías, de modo que no se puede culpar a la naturaleza.
Otra rama analizada fue la de la construcción y ahí también los incumplimientos de planes, tanto en materiales de construcción, como en edificaciones. ¿Y los responsables?
Si no ponemos orden y terminamos con el amiguismo, el sociolismo, la indolencia, la anarquía y la impunidad y no nos apresuramos a tomar el toro por los cuernos y revertir esta situación, seguiremos sufriendo el drenaje de fuerza de trabajo joven y calificada que se pierde por la vía de la emigración. En el último decenio emigraron unas 40,000 personas anualmente. De no haberse producido tal drenaje, la población cubana no hubiera disminuido según el censo de 2012, sino hubiera aumentado en más de 300,000 habitantes.
La voluntad rectificadora de la más alta dirección del gobierno del país requiere de dirigentes y funcionarios que la ayuden y no la entorpezcan. Quien no se sienta a la altura del enorme desafío, que ceda su puesto a otro. El viejo poeta Homero, de la Grecia antigua, ya nos advertía que los dioses no le dan a un solo hombre todas las virtudes. Todos servimos para algo, pero no para todo. Que cada cual contribuya a la sociedad desde donde mejor pueda hacerlo. O. al menos, como decía un amigo escritor boliviano, “que Dios lo tenga donde no estorbe”.