Por Jorge Gómez Barata
Borradas las fronteras ideológicas y políticas que hasta hace poco no sólo diferenciaban a los estados del planeta, sino que los oponían unos contra otros, se instaló la geografía política del mundo global, marcada en lugar de por hitos, muros o alambradas, por componentes económicos y geopolíticos. Como partes del esquema mundial en vigor, Marruecos y Bulgaria están más próximos que Irán e Irak y Turquía es tan europea como Rusia.La globalización, una etapa o fase del proceso civilizatorio universal al que la humanidad arriba encabezada por las vanguardias en el desarrollo de la ciencia y la tecnología y que se caracteriza por la mundialización, la integración y la interdependencia de múltiples proceso, en particular del comercio, las transferencia tecnológicas, la cultura y el trabajo y que debiera servir como acelerador para la solución de los grandes problemas mundiales, en particular para el desarrollo y la eliminación de la pobreza; debido al enfoque neoliberal ha devenido plataforma desde la cual los países imperialistas intentan reforzar su hegemonía.
La nueva alineación política que sustituye a la que imperó durante la Guerra Fría configurada por tres polos: el capitalismo desarrollado, el llamado "Campo Socialista" y el Tercer Mundo; está formada por un núcleo integrado por Estados Unidos y los países altamente desarrollados de Europa Occidental y Asia, incluida China, Australia e Israel, seguidos por un primer anillo constituido por los llamados países emergentes, del que forman parte las grandes economías tercermundistas: Brasil, India, Corea del Sur, Taiwan, Argentina, Sudáfrica, Indonesia, México y Chile.
Con matices que distinguen a unos países de otros, funciona un segundo escalón formado por naciones como: Vietnam, Chile, Polonia, Hungría, Ucrania, Marruecos, Argelia, Libia, Colombia, Uruguay, Egipto y otros.
Una excepción visible la forman estados como: Venezuela, Ecuador y Bolivia con potencial tecnológico y solvencia económica cuyos proyectos políticos de inspiración socialista y tendencias a la integración, pudieran favorecer su desarrollo y la inserción en el mundo global. La dificultad mayor para esos países es, de una parte, la falta de consenso interno y de capital humano y de la otra, una conflictiva relación con Estados Unidos que crea todo tipo de obstáculos.
En la periferia del mundo global, a años luz del núcleo marchan África, con una acotación para Nigeria, algunos países del Golfo de Guinea y tal vez Angola, que por sus grandes reservas petrolíferas pudieran obtener determinados espacios como exportadores de hidrocarburos y clientes de tecnologías para sus proyectos desarrollistas y mercados para las manufacturas occidentales y chinas. Excepto que surjan opciones como las relacionadas con las necesidades de grandes extensiones de tierras para los agrocombustibles, reservas de biodiversidad u otras alternativas que pudieran actuar como opciones de supervivencia, el resto del continente negro, a veces se menciona como fallido o descartable.
China e India que por ahora, no hacen peligrar la hegemonía norteamericana, son tratadas por Estados Unidos como aéreas capaces de absorber sus excedentes de capital y mercados para sus exportaciones más sofisticadas. China necesita de Estados Unidos para colocar su bisutería y Estados Unidos de China para anidar capitales, proveer tecnologías de punta, obtener mano de obra barata in situ y colocar mercaderías de alto valor agregado.
El mundo global avanza a ritmos impuestos por los países más adelantados con el añadido de que China, India y Brasil han comprendido que copiar y adquirir patentes, es consagrar la dependencia, han implementado eficaces programas de formación de capital humano, especialmente ingenieros, matemáticos, físicos y otras ramas de las ciencias aplicadas e invierten fabulosas cifras en I+D para tratar de acortar la distancia y colocarse entre la vanguardia en la producción de tecnologías avanzadas, prestación de servicios de alto valor y arriendo o exportación de talento.
Cerca de la tercera parte de todos los estudiantes de ingeniería en las grandes universidades de tecnología de Estados Unidos no son norteamericanos. Entre los extranjeros matriculados predominan los jóvenes chinos e indios y de otros países asiáticos, incluyendo cada vez más vietnamitas cuyos estudios son financiados por sus gobiernos o empresas de sus países que han descubierto un modo indoloro de contrarrestar el robo de cerebros. Vietnam no puede competir con Harvard o con el MIT pero puede enviar allí a sus jóvenes talentos y, a cambio de dinero, apropiarse de la sabiduría norteamericana.
Los norteamericanos han comenzado a quejarse de que cada vez son más los jóvenes asiáticos graduados en Estados Unidos que en lugar de optar por la residencia, regresan a sus países en los cuales reciben excelentes ofertas de trabajo en firmas nacionales o extranjeras y en cuyas ciudades no se vive peor que en las de Estados Unidos: Internet, McDonald, autopistas y confort hay también en Beijing, Seúl, Mumbay y Río de Janeiro. El mundo global entraña una especie de igualitarismo al que se llega por otros caminos.
Sin embargo, el escenario dictado por la tecnología y el comercio que conlleva al llamado aplanamiento del mundo y que pudiera ser el sello distintivo del siglo XXI, es profundamente enrarecido por la arbitraria e inescrupulosa política imperialista de los Estados Unidos, empeñados en construir una hegemonía mundial, propósito para el cual se acude, cada vez con mayor frecuencia, a la guerra, la violencia y los bloqueos. Tal vez ese curso no pueda abortar la globalización pero la ralentiza, la empobrece y la desnaturaliza. Allá nos vemos.
No hay comentarios :
Publicar un comentario