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miércoles, 22 de junio de 2011

HACIA LA CONFERENCIA DEL PARTIDO (VIII)

CAMBIAR TODO LO QUE DEBA SER CAMBIADO 

Barata Jorge Gómez Barata

Publicación Original en MONCADA

En Cuba lo revolucionario hoy es: “Cambiar todo lo que deba ser cambiado”, cosa que alude no sólo a la economía sino también a diversos aspectos de la superestructura y la cultura política y no exclusivamente a la política de cuadros, sino también a los cuadros. Cuando relanzar la Revolución es la única manera de sobrevivir, los dirigentes que en su radio de acción, en las diferentes organizaciones, en cada lugar o en el proceso en su conjunto, no sepan qué ha de ser transformado deberían apresurarse para averiguarlo. En caso contrario serán parte del problema, no de la solución.

Para cambiar políticas y prioridades, hay que hacerlo primero arriba y lograr que, por medio de las poleas de transmisión de que dispone el Estado y en Cuba el Partido, esa determinación se traslade hacía abajo. Pretender cambiar la base antes que la cúspide sería un error.

En estos casos, “arriba” y “abajo”, aunque se refieren a los extremos de los organigramas organizacionales, a los territorios y a los mecanismos decisorios, aluden a la jerarquía de los enfoques y a las doctrinas dominantes. Las políticas macroeconómicas no se adoptan en las provincias ni en los municipios ni es allí donde se diseña del modelo político, se promueven los cambios más trascendentales ni se adoptan las filosofías que los rigen.

En Cuba donde según la Constitución del Estado y los Estatutos del Partido, el sistema político, el modelo económico, la cultura política, las nociones acerca del poder, la configuración de toda la superestructura jurídica y política y todas las concesiones acerca de la dinámica social, se rigen por los preceptos del Marxismo-Leninismo, es imprescindible explicitar: ¿Qué es exactamente el Marxismo–Leninismo, cual es su contenido programático real y cómo lo afecta el proceso de cambios en marcha? 

No hacerlo significa correr el riesgo de intentar construir algo nuevo utilizando proyectos desactualizados u orientarse empleando mapas envejecidos; peor aun es que al pretender cambiar la estructura social sin rozar los conceptos teóricos que sostuvieron los enfoques erróneos, puede conducir a tensiones entre la teoría y la práctica.

Aunque en las estructuras de dirección haya personas refractarias a las reflexiones académicas, es imprescindible admitir que existió y sobrevive una lectura soviética del Marxismo-Leninismo que está desfasada y desacreditada, contiene equívocos, adulteraciones e incluso falsificaciones algunas de las cuales conducen a errores políticos e ideológicos. Esa interpretación está vigente y, como mismo ocurrió en otros lugares, es un lastre y un obstáculo para los procesos impulsados en Cuba.

Es imposible aquilatar los costos culturales, ideológicos y políticos que para la Unión Soviética tuvo el hecho de que por más de medio siglo, a través del sistema educacional, las instituciones culturales, los medios de difusión masiva y la actividad de las organizaciones sociales se trasmitieran e inculcaran conceptos, ideas, dogmas y preceptos erróneos. El equívoco que manipulando la teoría revolucionaria y las ciencias sociales implantó una virtual “religión de Estado”, perjudicó al socialismo y contribuyó a su autodestrucción. 

Para la vanguardia política cubana que no ha renunciado ni renunciará al marxismo ni al leninismo es de vital importancia esclarecer los términos, desafiliarse de la versión equivocada y soltar lastre. Ser marxista es para los revolucionarios, los científicos sociales y las vanguardias políticas un credo y un método, no un recetario ni un rosario de dogmas que eran discutibles 150 años atrás. Nadie lo dijo mejor que el Che Guevara: “Se debe ser marxista con la misma naturalidad con que se es "newtoniano" en física, o "pasteuriano" en biología…”

No hay en el mundo nadie más urgido que Cuba de producir esos esclarecimientos muchos de los cuales sustentan la práctica política e institucional en la Isla; pero tampoco habrá nadie más preparado para semejante empeño. Ahora mismo en miles de aulas de la enseñanza media y superior y en las escuelas donde se superan los cuadros del Estado y del Partido, miles de profesores enseñan marxismo y ciencias sociales. Hacerlo con rigor y apego a la verdad científica es una fortaleza, lo contrario una debilidad. Allá nos vemos.

La Habana, 21 de junio de 2011