Por Manuel Alberto Ramy
El tema de la prensa cubana ciertamente motiva gran interés, no solo en los profesionales de los medios de comunicación sino, y muy especialmente, en sus destinatarios. Recientemente Progreso Semanal reprodujo un artículo del profesor Guillermo Rodríguez Rivera titulado “Sobre la prensa en Cuba”, en el que abordaba el tema. Dicho artículo fue escrito para la revista Espacio Laical, de donde lo tomamos. Posteriormente publicamos un trabajo de Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo 2009, titulado “Decires y desaires” en el que opinaba sobre aspectos de nuestra prensa. Ambos pueden encontrarse en la sección En Cuba.
El pasado día 9, la periodista Vladia Rubio publicó en su blog un trabajo titulado “Periodismo en Cuba: De lo posible y las imposibilidades” en el que parece responder al profesor Rodríguez Rivera, razón por la que este ha publicado un breve trabajo debido a que “me siento casi directamente aludido, porque Vladia me cita aunque no se decide a nombrarme”.
Me parece oportuno poner a disposición de los lectores el de la periodista Vladia Rubio, así como la respuesta de Rodríguez Rivera.
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Periodismo en Cuba: De lo posible y las imposibilidades
Por Vladia Rubio
Un colega me comentaba hace pocos días sobre cuánto de conciencia de gremio nos falta a los periodistas, y no deja de tener razón. Porque desde hace un tiempo parece haberse puesto de moda, por llamarlo de alguna manera, el opinar sobre la prensa cubana, y nosotros, escuchando desde la orilla, como si de hablara de corales.
Poetas, cantantes y disidentes arremeten contra nosotros desde los más disímiles acantilados, mientras que otros tantos se proponen “defendernos”, pero usualmente dejando un regusto a conmiseración, piedad y hasta vergüenza ajena en sus consuelos.
Y nosotros, como dóciles muditos. Me pregunto si será cansancio, hastío, o porque nos subestimamos tanto que preferimos que otros se pronuncien en nuestro nombre. Francamente, no me creo esto último. Los más de 20 años en la profesión me ratifican que no son pocos los periodistas capacitados, dignos, honestos y con suficientes y sólidos argumentos para hablar en nombre propio y del sector.
Además, a esas mismas “personalidades”, sobre todo del mundo intelectual y artístico, que han decidido comentar desde la red o en declaraciones de diversa índole, nunca los he visto llevar sus textos de denuncia y crítica –esa que exigen a los periodistas- a los medios de comunicación.
Sin embargo, estoy harta de aquellos que, en nuestro nombre, reiteran los verbos “rescatar”, “enfrentar”, a lo cual se suma últimamente el tan llevado y traído “secretismo”. Todas son verdades a voces. Pero mientras no existan soportes legales que hagan cumplir las indicaciones ya existentes para el buen funcionamiento de la prensa, sobre todo en cuanto al comportamiento de las fuentes; mientras no se cree una estructura encargada de la menguada logística del periodismo cubano o se le confiera a los medios autonomía en ese orden; y en tanto no se interiorice por los directivos a todas las instancias políticas, estatales y gubernamentales que “Revolución es el sentido del momento histórico”, poco podremos hacer. “De lo posible se sabe demasiado”, pero no siempre se actúa en consecuencia.
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Respuesta a Vladia: Una réplica que no debería hacer falta
Por Guillermo Rodríguez Rivera
La compañera Vladia Rubio se ha sentido obviamente ofendida, en nombre de los periodistas cubanos, en razón de lo que se ha escrito en estos días sobre la prensa en Cuba.
Como, a petición de la revista Espacio laical, he escrito recientemente sobre el tema, me siento casi directamente aludido, porque Vladia me cita aunque no se decide a nombrarme.
En mi artículo, me dedicaba mucho más que, a impugnar a nuestros periódicos y a nuestros periodistas, a explicarme el por qué la prensa socialista, creo, no ha cumplido su función. A eso alude mi cita final de una canción de Silvio Rodríguez, cuando digo que busquemos maneras no vistas de organizar y dirigir la prensa, “porque de lo posible se sabe demasiado”.
Al menos yo, para nada he impugnado ni menospreciado a los periodistas cubanos, entre los que sé que hay “muchos capacitados, dignos y honestos”, según el correcto decir de Vladia.
Voy a citar un párrafo de mi artículo que iba destinado a no confundir lo que impone el sistema vigente con lo que hacen los periodistas:
“Cometen una gran injusticia o un gran error de apreciación por no conocer por dentro los órganos informativos cubanos, los que juzgan a los periodistas como cómplices del silencio que hace la prensa ante muchas realidades negativas. La autocensura es casi siempre la consecuencia de la censura”.
Creo que esos periodistas no tienen por qué sentirse agredidos si se discute una mejor manera de organizar y realizar nuestros espacios informativos.
El artículo de Vladia Rubio pareciera estar defendiendo más el sistema imperante en la prensa, que a los periodistas.
El “llevado y traído secretismo” habrá que “llevarlo y traerlo” todo lo que haga falta, hasta que consigamos desterrarlo de nuestros medios informativos.
Los periodistas, compañera Vladia, opinan sobre todo, por lo que creo que no se ofenderán si los ciudadanos que leemos nuestra prensa opinamos sobre ella. Además de ser el centro de trabajo y de acción de los periodistas, la prensa es un instrumento esencial en la formación de ideas y para el cambio de mentalidad que impulsa la dirección de nuestro estado socialista.
Creo que opinar para tratar de mejorar nuestra prensa, no es “arremeter” contra los periodistas. Cuando, con todo derecho, los cubanos enjuician el funcionamiento y la efectividad de ciertos aspectos de la educación en el país, yo, que soy profesor desde hace más de 40 años – creo que esos años hacen el doble de los que lleva usted en el periodismo – no me siento ofendido ni atacado, ni harto de escuchar esas opiniones, ni mucho menos “invadido” por intolerables intrusos.
Esa manera de ver las cosas no es la que realmente manifiesta “sentido del momento histórico”. Usted quiere acción. Entonces somos dos, pero sin meditar sobre lo que se tiene y sobre lo que se quiere, es muy difícil emprender una modificación exitosa de casi nada.