Publicación Original en Cubano1er.Plano
Convencido de que la mejor manera de entender los procesos históricos e incluso las teorías es saber de sus protagonistas y que el único camino seguro en los estudios políticos es el conocimiento contrastado, encargué como tarea a un grupo de estudiantes construir una línea del tiempo utilizando como ejes a cuatro personalidades del siglo XIX: Charles Darwin nacido en 1809, León XIII que vino al mundo un año después, Carlos Marx, que lo hizo en 1818 y el más joven José Martí, nacido en 1953. El papa era italiano, el sabio inglés, alemán el teórico y Martí cubano. Cuando el mayor (Darwin) murió el menor (Martí) contaba 29 años.
Para dilucidar qué había de común entre ellos un estudiante tomó la palabra:
—Vivieron en la misma época, fueron grandes innovadores y consumados transgresores. Algunos no fueron comprendidos por sus contemporáneos y otros, en especial Darwin y Marx todavía son discutidos. Marx que dio nombre al capitalismo no conoció su meca: Estados Unidos. Darwin dio la vuelta al mundo, el papa sirvió fuera de Roma; José Martí conoció a España, Nueva York, México, Venezuela y otros países hispanoamericanos; fue el único que escribió sobre los otros tres; era el más romántico y sensible, el que murió más joven y lo hizo con las botas puestas, a caballo y en combate.
—No se trata sólo de lo que hay de común entre las personas –aportó uno de la última fila– sino de aquello que incorpora el tiempo que exige y condiciona. El siglo XIX forma el escenario en el cual el viejo mundo cedió a una nueva era; la del capitalismo, el liberalismo y el socialismo, el surgimiento de alternativas ideológicas y políticas y el punto donde se hizo visible el protagonismo de las mayorías en la vida política, un milagro de la democracia.
—Hablando de conocimientos contrastados –comentó una joven–, aunque entre esas relevantes criaturas existió un respeto mutuo, también hubo profundos desacuerdos. Es conocido que para responder a Marx, León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum, se dice que Marx propuso dedicar el primer tomo de El Capital a Darwin, cosa que este no aceptó, se sabe que el naturalista fue excomulgado por León XIII y que Martí en sendos obituarios emitió juicios críticos sobre Marx y Darwin y aunque su catolicismo es dudoso, escribió bellas palabras sobre León XIII.
Llegado a ese punto y conseguido el objetivo de reflexionar sobre la dialéctica, como diría Althusser: “En estado práctico”, tomé la palabra para las aclaraciones de rigor.
—En primer lugar, aunque León XIII escribió la Rerum Novarum mucho después de la publicación de El Manifiesto Comunista, no estoy seguro de que fuera una “respuesta”. En ese documento el papa confronta también aspectos del liberalismo, del anarquismo y de otras corrientes. Se trata de examinar la misma realidad desde perspectivas diferentes. Recuerden aquello de que: “El ojo es ojo no por lo que mira sino por lo que ve”.
El asunto de la dedicatoria de El Capital es más complicado porque si bien la idea mencionada está instalada por la versión de una revista soviética en 1931, hay datos que la contradicen. En los papeles de Marx y de Darwin fueron encontradas pruebas de un intercambio de cortesías vía epistolar en 1873 cuando el autor de El Capital envió al naturalista un ejemplar dedicado como obsequio, gesto que fue respondido y agradecido.
En cuanto a que Marx hubiera querido dedicar el capital a Darwin, para algunos autores se trata de una confusión involuntariamente introducida por su hija que probablemente mezcló los papeles de su padre con los de su marido, Edward B. Aveling que sí había solicitado permiso a Darwin para dedicarle una obra suya que por su matriz ateísta el sabio declinó: “…Le estoy muy agradecido por su cortés carta y por el contenido de la misma…Prefería que no se me dedicara el tomo o el volumen…puesto que eso implicaría en cierto modo mi aprobación de toda la publicación, sobre la cual no sé nada..”
Obviamente Darwin no podía referirse a El Capital que nunca leyó y que no es un alegato contra el cristianismo. Por otra parte el redactor de la revista no reparó en que la obra de Marx fue publicada en 1867, 13 años antes de la aludida carta fechada en 1880. Como quiera que dilucidar el entuerto no era nuestro objetivo, pasamos a otro asunto.
En cuanto a los artículos dedicados a Darwin, Marx y León XIII, en todos, como era norma y estilo suyo, Martí que nunca adoró hombres ni doctrinas al punto de anular su juicio crítico, ofreció una visión equilibrada. Tributó a Darwin y Marx los mayores elogios pero expresó dudas acerca de la lucha de clases y de la teoría evolucionista: “... Por descontado que existe semejanza de inteligencia entre el hombre y el resto de los animales, como existe semejanza de forma, sin que de eso se pueda deducir que vienen los unos de los otros…” Cuando escribe sobre Marx es claro: “…Karl Marx ha muerto. Como se puso al lado de los débiles merece honor…Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres…”
En cuanto a que Darwin fuera excomulgado por León XIII, efectivamente ocurrió, aunque puede haber carecido de relevancia debido a que la reina y no el papa es la cabeza de la iglesia anglicana que se practica en Inglaterra y de la cual Darwin en su juventud, a instancias de su padre, estuvo a punto de ser sacerdote.
Cuando el timbre mandaba a terminar una estudiante sugirió: “Por qué no estirar la línea del tiempo y llegar a la “Década Prodigiosa” y algunos de sus protagonistas.
— ¿Cuáles?
— Charles De Gaulle, Fidel Castro y JFK.
La oferta fue tentadora; días después realizamos el ejercicio propuesto. Luego les cuento. Allá nos vemos.