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miércoles, 19 de septiembre de 2012

O’Globo a la cubana

Imagino que hasta los funcionarios del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) se hayan percatado de que la serie Con palabras propias no debió ser nunca transmitida en el horario estelar. Millones de personas llegaban cansadas de la vorágine diaria, de la carestía de la vida, y cuando finalmente se disponían a disfrutar de nuestros -ya por suerte cinco- canales nacionales, el sacrosanto espacio de la telenovela cubana, seguido con devoción religiosa por buena parte del país, estaba siendo ocupado por una serie sin ton ni son ni credibilidad, que para hacer justicia a su título más bien debió haberse llamado Sin palabras.

Así me quedé yo, literalmente sin palabras, cuando vi que el culebrón -indigno hasta para los adolescentes, insultante para un ciudadano con inteligencia media- se regodeaba en contradicciones fatuas, personajes traídos por los pelos y conflictos ridículos.

Luego superé el trauma de estar siendo estafada con un producto de dudosa procedencia, recordé que por ese guión de lo irreal-espantoso le habían pagado a alguien un salario estratosférico y terminé de disfrutar aquel engendro como si se tratara de un ejercicio para detectar gazapos o un programa humorístico.

El mejor mea culpa que encontró el ICRT fue no repetir el capítulo final. “Disculpas aceptadas -me dije-, para la próxima será”. Sin embargo, me bastó con dispararme la primera entrega de la próxima, Amores de verano -desde el mismísimo título debí haberlo sospechado- para confirmar lo que repito con tanta frecuencia por estos días: “Por mala que esté la situación, siempre puede empeorar”.

Es como si fuera un castigo: la finca donde todos veranean, ahora es una playa; las situaciones inverosímiles se continúan sucediendo -debe estar de moda subestimar al televidente-; los diálogos parecen escritos para una sátira y el desempeño actoral es tan pobre que ni los consagrados se salvan de la debacle. (Claro, no hay actor que luzca natural diciendo esos bocadillos).

Ni la televisión cubana es O’Globo ni la austeridad es un eslogan nuevo para el ICRT. Por eso resulta poco menos que imperdonable que los escasos presupuestos se pongan en proyectos equivocados. ¿Nadie leyó el bodrio de turno antes de aprobarlo para producción? ¿Nadie pensó en el espectador, con nivel de instrucción suficiente para percatarse del timo? ¿Dónde están los creadores graduados de la Escuela Internacional de Cine, Radio y Televisión que nos preciamos de formar? ¿Hasta cuándo las manquedades económicas van a justificar la falta de talento, de originalidad, el desparpajo con que ciertos realizadores del medio nos ponen a todos a pastar?

Por lo pronto, ya estoy cruzando los dedos para que el melodrama aprobado, filmado, pagado y a punto de difundirse a partir de este septiembre no sea otro culebrón únicamente apto para niños de primer grado.

Tomado del blog: Cuba Profunda