Por: Rolando López del Amo
La historia de nuestro país guarda gran cantidad de nombres de personas excepcionales. Sin ellos la nacionalidad cubana sería un concepto vacío. Pero entre tanta grandeza, hay dos nombres que sobresalen, porque supieron agradecer la obra de sus predecesores y forjar, con su pensamiento y su obra, con su ejemplo y liderazgo, la unidad mayor de los cubanos dignos.
Ellos son los indispensables, los imprescindibles: Martí y Fidel.
Admiré a Fidel cuando era sólo una esperanza. Lo seguí y apoyé en lo que pude, desde mi temprana juventud, por sus ideas y su ejemplo.
Fidel fue, hasta su último aliento, nuestro maestro y guía.
Lo primero que nos enseñó fue a luchar, resistir y vencer,
amar a Cuba más que a nosotros mismos, ser justos y solidarios, ni tolerantes ni implacables, ser veraces y fraternales, echar la suerte con los pobres de la tierra y recordarnos que la patria no es más que la parte de la humanidad en la que nos tocó nacer y que la ley primera ha de ser el respeto a la plena dignidad humana.
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viernes, 2 de diciembre de 2016
miércoles, 30 de noviembre de 2016
EL ACUERDO ES QUE NO HAY ACUERDO
Por: Jorge Gómez Barata
Después de referir que nueve de los once presidentes estadounidenses que han interactuado con Cuba en el período (1959-2016) tuvieron intercambios y adoptaron acuerdos con el gobierno cubano, Jorge Domínguez, académico cubano, vicepresidente de la Universidad de Harvard, sostuvo que, el éxito de la negociación de 2014 se explica porque: “…Más allá de los intercambios de presos y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, no se negoció nada…” Donald Trump no puede mejorar el acuerdo entre Cuba y los Estados Unidos, porque tal acuerdo no existe.
Actuando con realismo y con una lógica impecable, los equipos diplomáticos de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, apoyados por los buenos oficios del papa Francisco, las gestiones de Jaime Ortega cardenal de La Habana, y las facilidades aportadas por el gobierno de Canadá; adoptaron la lógica de avanzar de lo simple a lo complejo, y en lugar de desgastarse tratando de remover grandes obstáculos, los bordearon y aplazaron su solución.
Después de referir que nueve de los once presidentes estadounidenses que han interactuado con Cuba en el período (1959-2016) tuvieron intercambios y adoptaron acuerdos con el gobierno cubano, Jorge Domínguez, académico cubano, vicepresidente de la Universidad de Harvard, sostuvo que, el éxito de la negociación de 2014 se explica porque: “…Más allá de los intercambios de presos y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, no se negoció nada…” Donald Trump no puede mejorar el acuerdo entre Cuba y los Estados Unidos, porque tal acuerdo no existe.
Actuando con realismo y con una lógica impecable, los equipos diplomáticos de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, apoyados por los buenos oficios del papa Francisco, las gestiones de Jaime Ortega cardenal de La Habana, y las facilidades aportadas por el gobierno de Canadá; adoptaron la lógica de avanzar de lo simple a lo complejo, y en lugar de desgastarse tratando de remover grandes obstáculos, los bordearon y aplazaron su solución.
lunes, 28 de noviembre de 2016
NO PIDAN REPOSO PARA EL GUERRERO…
Por: Jorge Gómez Barata
Como quien escribe un verso en estado de gracia, el poeta griego Mikis Theodorakis rindió un magnifico homenaje: “Te has ido Fidel, por primera vez estoy en desacuerdo contigo”.
Tiene razón el poeta, pero no debería reprocharle la partida. Fidel no podía quedarse. La salud y la edad dictaron su veredicto. A Fidel no lo mataron ni lo derrotaron y, la metáfora de “morir con las botas puestas” le es aplicable. Se ha ido porque era inevitable y porque su obra está hecha y su misión cumplida. Él no aró en el mar.
Se marchó no para deponerse sino para trascender y vivirá en otra dimensión. Se fue, pero deja el legado y el referente que Cuba necesita para la etapa inmediata, quizás la más difícil del trascendental proceso histórico que condujo y protagonizó en los últimos sesenta años.
Como quien escribe un verso en estado de gracia, el poeta griego Mikis Theodorakis rindió un magnifico homenaje: “Te has ido Fidel, por primera vez estoy en desacuerdo contigo”.
Tiene razón el poeta, pero no debería reprocharle la partida. Fidel no podía quedarse. La salud y la edad dictaron su veredicto. A Fidel no lo mataron ni lo derrotaron y, la metáfora de “morir con las botas puestas” le es aplicable. Se ha ido porque era inevitable y porque su obra está hecha y su misión cumplida. Él no aró en el mar.
Se marchó no para deponerse sino para trascender y vivirá en otra dimensión. Se fue, pero deja el legado y el referente que Cuba necesita para la etapa inmediata, quizás la más difícil del trascendental proceso histórico que condujo y protagonizó en los últimos sesenta años.
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domingo, 20 de noviembre de 2016
ELECCIONES: GANAR Y NO VENCER
Por: JorgeGómez Barata
Los resultados de las
elecciones presidenciales 2016 y el hecho de que otra vez el candidato perdedor
sumó más votos populares que el ganador han relanzado el debate sobre el
sistema electoral estadounidense y la pertinencia del Colegio Electoral.
Estados Unidos es una unión
federal de cincuenta estados iguales en derechos. Cada uno de ellos cuenta con
constitución, escudo, bandera, parlamento, leyes, sistema de administración de
justicia, gobernador y alcaldes, incluso con un ejército local llamado Guardia
Nacional. Según la Constitución todos los norteamericanos son ciudadanos del
estado en que nacen o radican y del país⃰.
En casi todos los aspectos,
excepto política exterior, defensa y algunos otros, los estados se
autogobiernan. Una de las prerrogativas más debatidas en los tiempos
fundacionales y más queridas por los estados es su derecho a, en calidad de
tales, participar en la elección del presidente.
En la elección presidencial,
el país no funciona como una circunscripción única, sino que, lo mismo
que lo hace en otros asuntos, cada estado se pronuncia independientemente de
los demás, y lo hace por medio de su Colegio Electoral que otorga todos los
votos electorales al candidato que allí resulte más votado. Para elegir al
presidente de los Estados Unidos no hay una elección, sino cincuenta.
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jueves, 17 de noviembre de 2016
DEMOCRACIA Y DINERO
Por: JorgeGómez Barata
Sin
desdorar las opiniones que desde la izquierda lo refutan, la democracia con sus
componentes de soberanía o poder popular, estado de derecho, separación de
poderes y otras características, me parece la mejor solución para los ejercicios
políticos, principalmente para elegir a los gobernantes y para gobernar.
No
obstante, reconozco dos defectos que limitan su eficacia. Uno es el culto a las
mayorías y el otro es que no logra separar el dinero del poder. Ningún esquema
en el cual la opinión de tres necios prevalezca sobre la de un genio puede ser
bueno y allí donde el poder político sea ejercido únicamente por los ricos,
algo anda mal.
Cuando
Donald Trump tome posesión como el cuadragésimo quinto presidente de los
Estados Unidos se convertirá en el hombre más rico que en 227 años haya
desempeñado ese cargo. En orden le sigue John F. Kennedy con unos 1000 millones
y George Washington cuya fortuna equivaldría hoy a unos 600 millones, mientras
que el casi incalculable patrimonio de Trump pudiera llegar a diez mil millones
de dólares.
A
217 años de su muerte, George Washington, el más exitoso de los presidentes
norteamericanos, el tercero más rico y uno de los seis que fue propietario de
esclavos, continúa siendo el humano que por motivos no religiosos es más
reverenciado. Nacido en 1732 en Virginia, vivió y se educó en ambientes ruales,
alejados de la política. No asistió a la universidad y el único lugar en el
extranjero donde estuvo fue en La Habana a donde llegó en 1762 como oficial de
las tropas inglesas que ocuparon la ciudad.
miércoles, 16 de noviembre de 2016
MAL MOMENTO PARA LA GRAN PRENSA AMERICANA
Por: Jorge Gómez Barata
Uno de los efectos colaterales de la elección de Donald Trump es el fallo sistémico de la gran prensa norteamericana, arrastrada por el establishment a una fallida operación manipuladora. No recuerdo ningún momento o asunto de política interna pura en los Estados Unidos donde los grandes medios se hayan alineado tan unánimemente. Nunca antes la orgullosa prensa americana se pareció tanto a los medios asociados a las oligarquías latinoamericanas. El término “república bananera” la aludió.
Tal vez ello revela un fenómeno estructural según el cual, incluso cuando la prensa es privada, siempre que se concentre en mega monopolios, integrados al establishment y se le someta a la voluntad de un super editor virtual, los valores asociados al ejercicio de opiniones individuales, que la hicieron liberal, independiente y pragmática, se debilitan hasta comportarse lo mismo que cuando es controlada por los gobiernos. La diferencia es de forma.
Uno de los efectos colaterales de la elección de Donald Trump es el fallo sistémico de la gran prensa norteamericana, arrastrada por el establishment a una fallida operación manipuladora. No recuerdo ningún momento o asunto de política interna pura en los Estados Unidos donde los grandes medios se hayan alineado tan unánimemente. Nunca antes la orgullosa prensa americana se pareció tanto a los medios asociados a las oligarquías latinoamericanas. El término “república bananera” la aludió.
Tal vez ello revela un fenómeno estructural según el cual, incluso cuando la prensa es privada, siempre que se concentre en mega monopolios, integrados al establishment y se le someta a la voluntad de un super editor virtual, los valores asociados al ejercicio de opiniones individuales, que la hicieron liberal, independiente y pragmática, se debilitan hasta comportarse lo mismo que cuando es controlada por los gobiernos. La diferencia es de forma.
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martes, 8 de noviembre de 2016
Mirarnos por dentro
Por: Rolando López del Amo
Que las fuerzas imperialistas de los Estados Unidos de América y sus aliados y servidores han tratado y seguirán tratando de liquidar a la Cuba independiente y revolucionaria es algo muy evidente. Lo que no es tan evidente es que encuentren aliados inesperados dentro de lo que quieren destruir.
Pongamos un ejemplo. Si en el puerto de La Habana se acumulan mercancías que el país ha importado y se dejan allí deteriorándose y no se distribuyen a los que deben recibirlas y se permite, además, que se echen a perder y queden inservibles, esta inacción se convierte, objetivamente, en un sabotaje a la economía nacional.
Si añadimos que a la pérdida de lo pagado por esas mercancías se une que hay en el puerto barcos pendientes de atracar al muelle para descargar otras mercancías, pero no pueden hacerlo porque los almacenes están llenos y hay que pagar, innecesariamente, miles de dólares diarios a dichos buques por el tiempo que están perdiendo y que, finalmente, los estibadores del puerto se quedan sin trabajo y sin ingresos por esta paralización, veremos cómo el daño económico crece en detrimento de los intereses de la nación. Si a esto se le suma que los responsables de tal desastre permanecen impunes, estamos frente a una situación que los más diestros agentes enemigos, oficiales y colaboradores de los servicios de inteligencia de los EEUU difícilmente pudieran planear y ejecutar mejor.
Lo expuesto anteriormente me permite resaltar la importancia y la justeza de la advertencia hecha
por el máximo dirigente de la revolución cubana en el Aula Magna de la Universidad de La Habana hace once años acerca de que los revolucionarios podrían destruir la revolución.
Esto me hizo recordar cómo el primer Estado socialista establecido en el siglo XX, la antigua URSS, se desintegró después de casi tres cuartos de siglo de existencia y dio paso a un capitalismo salvaje y hasta la ilegalización del Partido Comunista de la Unión Soviética.
Claro que los responsables directos de tales acontecimientos no fueron los revolucionarios que tomaron el poder durante la Revolución de Octubre de 1917, pero sí sus sucesores dentro del propio partido revolucionario.
Pero, ¿cómo es que los revolucionarios pueden destruir su propia obra? Descontemos que sea esa su voluntad o su intención, salvo que se hayan pasado al campo enemigo y finjan seguir siendo revolucionarios. Me referiré a quienes no son traidores ni agentes enemigos.
Se puede destruir la revolución, sobre todo, desde el poder, si se aplican políticas erróneas que, en lugar de beneficiar al pueblo, lo perjudiquen. Las decisiones que se adoptan desde el poder central afectan a toda la nación.
Tales decisiones pueden ser producto de la ignorancia, el desconocimiento, la incapacidad de quienes las toman y son el resultado, por ejemplo, de una deficiente política de cuadros, de promociones no basadas en el mérito. De un mal estilo de trabajo y del descontrol administrativo.
Esto ocurre cuando se rompe el vínculo permanente que debe existir entre gobernantes y gobernados. Si quien dirige es víctima de la arrogancia y se considera a sí mismo superior e infalible, deja de escuchar las opiniones ajenas, se distancia de los dirigidos y pierde la capacidad de evaluar objetivamente los resultados de sus acciones.
Este mal se multiplica cuando se extiende, como pandemia, por las distintas esferas del poder, creándose una casta burocrática diferenciada del pueblo por las regalías del poder. El modo de pensar y de actuar de estas personas se va disociando del resto, especialmente de la masa trabajadora del país. Casi se convierten en una nueva clase, no por lo que poseen, sino por lo que administran como si fuera su propiedad.
Como en nuestro país el grueso de la economía es propiedad estatal y se maneja muy centralizadamente, los funcionarios tienden a preocuparse más por contentar a sus jefes superiores que en rendir cuentas a la población. Y así se crean las condiciones óptimas para la corrupción y la mala administración.
La ignorancia, la falta de preparación, el egoísmo, el amiguismo, la indolencia, la insensibilidad, la desidia, la falta de previsión, la deshonestidad, la superficialidad, la falta de rigor, el descontrol de los recursos, el desamor por el interés general, son, entre otros, ingredientes que, sumados y mezclados,
forman el explosivo para implosionar un proyecto revolucionario.
El análisis introspectivo permanente es un buen hábito para los revolucionarios. Revisar las deficiencias propias y proponerse corregirlas es algo importante. Y lo es, muy especialmente, para quienes ejercen responsabilidades de dirección.
Lo primero que debe recordarse es que todos los seres humanos somos importantes, pero ninguno imprescindible, porque hasta el más valioso no escapará de la muerte. No por gusto los revolucionarios más destacados de la época contemporánea, digamos Martí o Lenin, insistían en la necesidad de combinar las direcciones colectivas con las responsabilidades individuales. El indispensable centralismo a distintos niveles debe conjugarse armoniosamente con la democracia. Centralismo democrático y no burocrático. Solo la participación activa, consciente y empoderada de la población es el antídoto contra las enfermedades derivadas del ejercicio del poder.
Todos los funcionarios, todos sin excepción, son servidores públicos y deben rendir cuentas de su labor y recordar que su cargo es eso, un servicio público y está obligado a responder e informar de lo que hace al pueblo al que representan.
Quien sienta que no puede con la tarea para la que se le ha nombrado, debe reconocerlo y pedir su reemplazo.
Las revoluciones sociales se hacen para mejorar la vida material y espiritual de las personas en general. No para mejorar la condición de los revolucionarios, sino de toda la población, incluidos los revolucionarios.
En ese intento, la primera batalla es vencer la propia ignorancia. Ya Martí había prevenido que la ignorancia era el problema más serio que enfrentaban los que tenían de su lado la justicia. A partir de esa idea, Fidel insistió desde el principio en la alfabetización de todo el país, después en la campaña por el sexto grado, la educación obrero-campesina, la universalización de la universidad, en fin, en la educación masiva del pueblo.
El buscaba una educación integral que incluyera también las artes y los deportes. Pero, como advirtió José Martí, las revoluciones hay que hacerlas con los hombres como son y no como deberían ser.
Y en esa batalla por ser como deberíamos ser, en ese esfuerzo de superación humana constante, radica una de las mejores armas para salvar la obra revolucionaria y continuarla.
Pero para que eso sea efectivo, como para todo lo demás, los dirigentes tienen que ser el ejemplo a seguir.
Cuando frente a la amenaza del ciclón Matthew el compañero Raúl, nuestro Presidente, se traslada al oriente del país para desde allí organizar y controlar el trabajo de preparación y prevención y después el de inicio de la reconstrucción, está dando el ejemplo de la conducta a seguir. Frente al peligro, junto a su pueblo.
Ese es el mejor modo de educar.
De lo que se trata es de que la grandeza de las ocasiones excepcionales se convierta en la norma de cada día, en el callado heroísmo cotidiano que, finalmente, decide el devenir. Esto lo señaló, tempranamente, el Che.
Que cometamos errores es normal. Lo que no es normal es insistir en ellos. Por eso el principio enarbolado por Fidel de cambiar todo lo que deba ser cambiado, lo que hemos hecho y no funcionó bien o ya no funciona porque las circunstancias son otras.
Tenemos un objetivo declarado: lograr una sociedad socialista próspera y sostenible. Para ello existe ya un conjunto de ideas. De lo que se trata ahora es de cómo lograrlo en la práctica.
Los resultados de lo planeado lleva un tiempo de realización. Hay plazos cortos, medianos y, finalmente, largos. Pero los resultados tienen que irse sintiendo desde el presente, pues las personas tienen una sola vida conocida y aspiran a que esta sea lo mejor posible. Si no ofrecemos una respuesta adecuada, las personas buscan otra opción que, en primer término, es la emigración. Y esta última nos cuesta una pérdida considerable de conocimientos y energías juveniles, de inversiones realizadas.
Las mentalidades obsoletas sirven a los enemigos de nuestros sueños por un mundo mejor, por la sociedad próspera que deseamos y merecemos.
Hay que destrabar todo lo que frena el desarrollo de nuestras fuerzas productivas en lo interno. Hay que luchar contra eso con la misma fuerza que lo hacemos contra el criminal bloqueo imperialista.
El deber de los revolucionarios es hacer la revolución y hacerla bien.
Que las fuerzas imperialistas de los Estados Unidos de América y sus aliados y servidores han tratado y seguirán tratando de liquidar a la Cuba independiente y revolucionaria es algo muy evidente. Lo que no es tan evidente es que encuentren aliados inesperados dentro de lo que quieren destruir.
Pongamos un ejemplo. Si en el puerto de La Habana se acumulan mercancías que el país ha importado y se dejan allí deteriorándose y no se distribuyen a los que deben recibirlas y se permite, además, que se echen a perder y queden inservibles, esta inacción se convierte, objetivamente, en un sabotaje a la economía nacional.
Si añadimos que a la pérdida de lo pagado por esas mercancías se une que hay en el puerto barcos pendientes de atracar al muelle para descargar otras mercancías, pero no pueden hacerlo porque los almacenes están llenos y hay que pagar, innecesariamente, miles de dólares diarios a dichos buques por el tiempo que están perdiendo y que, finalmente, los estibadores del puerto se quedan sin trabajo y sin ingresos por esta paralización, veremos cómo el daño económico crece en detrimento de los intereses de la nación. Si a esto se le suma que los responsables de tal desastre permanecen impunes, estamos frente a una situación que los más diestros agentes enemigos, oficiales y colaboradores de los servicios de inteligencia de los EEUU difícilmente pudieran planear y ejecutar mejor.
Lo expuesto anteriormente me permite resaltar la importancia y la justeza de la advertencia hecha
por el máximo dirigente de la revolución cubana en el Aula Magna de la Universidad de La Habana hace once años acerca de que los revolucionarios podrían destruir la revolución.
Esto me hizo recordar cómo el primer Estado socialista establecido en el siglo XX, la antigua URSS, se desintegró después de casi tres cuartos de siglo de existencia y dio paso a un capitalismo salvaje y hasta la ilegalización del Partido Comunista de la Unión Soviética.
Claro que los responsables directos de tales acontecimientos no fueron los revolucionarios que tomaron el poder durante la Revolución de Octubre de 1917, pero sí sus sucesores dentro del propio partido revolucionario.
Pero, ¿cómo es que los revolucionarios pueden destruir su propia obra? Descontemos que sea esa su voluntad o su intención, salvo que se hayan pasado al campo enemigo y finjan seguir siendo revolucionarios. Me referiré a quienes no son traidores ni agentes enemigos.
Se puede destruir la revolución, sobre todo, desde el poder, si se aplican políticas erróneas que, en lugar de beneficiar al pueblo, lo perjudiquen. Las decisiones que se adoptan desde el poder central afectan a toda la nación.
Tales decisiones pueden ser producto de la ignorancia, el desconocimiento, la incapacidad de quienes las toman y son el resultado, por ejemplo, de una deficiente política de cuadros, de promociones no basadas en el mérito. De un mal estilo de trabajo y del descontrol administrativo.
Esto ocurre cuando se rompe el vínculo permanente que debe existir entre gobernantes y gobernados. Si quien dirige es víctima de la arrogancia y se considera a sí mismo superior e infalible, deja de escuchar las opiniones ajenas, se distancia de los dirigidos y pierde la capacidad de evaluar objetivamente los resultados de sus acciones.
Este mal se multiplica cuando se extiende, como pandemia, por las distintas esferas del poder, creándose una casta burocrática diferenciada del pueblo por las regalías del poder. El modo de pensar y de actuar de estas personas se va disociando del resto, especialmente de la masa trabajadora del país. Casi se convierten en una nueva clase, no por lo que poseen, sino por lo que administran como si fuera su propiedad.
Como en nuestro país el grueso de la economía es propiedad estatal y se maneja muy centralizadamente, los funcionarios tienden a preocuparse más por contentar a sus jefes superiores que en rendir cuentas a la población. Y así se crean las condiciones óptimas para la corrupción y la mala administración.
La ignorancia, la falta de preparación, el egoísmo, el amiguismo, la indolencia, la insensibilidad, la desidia, la falta de previsión, la deshonestidad, la superficialidad, la falta de rigor, el descontrol de los recursos, el desamor por el interés general, son, entre otros, ingredientes que, sumados y mezclados,
forman el explosivo para implosionar un proyecto revolucionario.
El análisis introspectivo permanente es un buen hábito para los revolucionarios. Revisar las deficiencias propias y proponerse corregirlas es algo importante. Y lo es, muy especialmente, para quienes ejercen responsabilidades de dirección.
Lo primero que debe recordarse es que todos los seres humanos somos importantes, pero ninguno imprescindible, porque hasta el más valioso no escapará de la muerte. No por gusto los revolucionarios más destacados de la época contemporánea, digamos Martí o Lenin, insistían en la necesidad de combinar las direcciones colectivas con las responsabilidades individuales. El indispensable centralismo a distintos niveles debe conjugarse armoniosamente con la democracia. Centralismo democrático y no burocrático. Solo la participación activa, consciente y empoderada de la población es el antídoto contra las enfermedades derivadas del ejercicio del poder.
Todos los funcionarios, todos sin excepción, son servidores públicos y deben rendir cuentas de su labor y recordar que su cargo es eso, un servicio público y está obligado a responder e informar de lo que hace al pueblo al que representan.
Quien sienta que no puede con la tarea para la que se le ha nombrado, debe reconocerlo y pedir su reemplazo.
Las revoluciones sociales se hacen para mejorar la vida material y espiritual de las personas en general. No para mejorar la condición de los revolucionarios, sino de toda la población, incluidos los revolucionarios.
En ese intento, la primera batalla es vencer la propia ignorancia. Ya Martí había prevenido que la ignorancia era el problema más serio que enfrentaban los que tenían de su lado la justicia. A partir de esa idea, Fidel insistió desde el principio en la alfabetización de todo el país, después en la campaña por el sexto grado, la educación obrero-campesina, la universalización de la universidad, en fin, en la educación masiva del pueblo.
El buscaba una educación integral que incluyera también las artes y los deportes. Pero, como advirtió José Martí, las revoluciones hay que hacerlas con los hombres como son y no como deberían ser.
Y en esa batalla por ser como deberíamos ser, en ese esfuerzo de superación humana constante, radica una de las mejores armas para salvar la obra revolucionaria y continuarla.
Pero para que eso sea efectivo, como para todo lo demás, los dirigentes tienen que ser el ejemplo a seguir.
Cuando frente a la amenaza del ciclón Matthew el compañero Raúl, nuestro Presidente, se traslada al oriente del país para desde allí organizar y controlar el trabajo de preparación y prevención y después el de inicio de la reconstrucción, está dando el ejemplo de la conducta a seguir. Frente al peligro, junto a su pueblo.
Ese es el mejor modo de educar.
De lo que se trata es de que la grandeza de las ocasiones excepcionales se convierta en la norma de cada día, en el callado heroísmo cotidiano que, finalmente, decide el devenir. Esto lo señaló, tempranamente, el Che.
Que cometamos errores es normal. Lo que no es normal es insistir en ellos. Por eso el principio enarbolado por Fidel de cambiar todo lo que deba ser cambiado, lo que hemos hecho y no funcionó bien o ya no funciona porque las circunstancias son otras.
Tenemos un objetivo declarado: lograr una sociedad socialista próspera y sostenible. Para ello existe ya un conjunto de ideas. De lo que se trata ahora es de cómo lograrlo en la práctica.
Los resultados de lo planeado lleva un tiempo de realización. Hay plazos cortos, medianos y, finalmente, largos. Pero los resultados tienen que irse sintiendo desde el presente, pues las personas tienen una sola vida conocida y aspiran a que esta sea lo mejor posible. Si no ofrecemos una respuesta adecuada, las personas buscan otra opción que, en primer término, es la emigración. Y esta última nos cuesta una pérdida considerable de conocimientos y energías juveniles, de inversiones realizadas.
Las mentalidades obsoletas sirven a los enemigos de nuestros sueños por un mundo mejor, por la sociedad próspera que deseamos y merecemos.
Hay que destrabar todo lo que frena el desarrollo de nuestras fuerzas productivas en lo interno. Hay que luchar contra eso con la misma fuerza que lo hacemos contra el criminal bloqueo imperialista.
El deber de los revolucionarios es hacer la revolución y hacerla bien.
lunes, 7 de noviembre de 2016
HECHOS Y PROTAGONISTAS
Por: Jorge Gómez Barata
Aunque parecía imposible, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, lograron que las relaciones y el conflicto bilateral entre Cuba y Estados Unidos, alcanzara mayores rangos de notoriedad. Exceptuando a México, ningún país del Nuevo Mundo ha tenido vínculos tan intensos con Estados Unidos como Cuba.
De los 44 presidentes norteamericanos, al menos 35 se han involucrado directamente con la isla. George Washington estuvo en La Habana en 1762, como parte de las tropas inglesas que tomaron la ciudad. John Adams, consideró que: La anexión de Cuba seria indispensable. Thomas Jefferson, expresó: “…En caso de guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba. En 1810 Madison maniobró con elementos anexionistas. Trece años después John Quincy Adams, expuso su tesis de la Fruta Madura y James Monroe consideró que: “…Agregar Cuba era lo que necesitaban los Estados Unidos…” En 1848, 1853 y 1861, 1869 y 1897, los presidentes Polk, Pierce, Buchanan, Ulysses Grant y William McKinley realizaron gestiones para comprar la Isla.
En febrero del año 1898, cuando la Guerra de Independencia en Cuba parecía aproximarse a un desenlace favorable a las armas cubanas, Estados Unidos envió a La Habana el acorazado Maine que el 15 de aquel mes estalló en la bahía cubana. España fue acusada de causar el siniestro que ocasionó la muerte a 266 tripulantes.
El 11 de abril del propio año, el presidente William McKinley pidió al Congreso autorización para “…Usar las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos…” El 18 el Senador Marion Butler, presentó el texto que, en menos de 72 horas, se convirtió en la Resolución Conjunta, según la cual “…El pueblo de Cuba era y debía ser libre e independiente." España lo asumió como una provocación y el 21 declaró la guerra a Estados Unidos que el 23 de abril hizo lo mismo respecto a España.
Así comenzó la guerra Hispano-estadounidense que involucró tropas cubanas que apoyaron a los norteamericanos que entre el 22 y el 24 de junio desembarcaron unos 11. 000 efectivos que avanzaron sobre Santiago de Cuba, rendida en 16 de julio. El 10 de diciembre de 1898 España y los Estados Unidos firmaron el tratado de París y el primero de enero de 1899 comenzó oficialmente la ocupación militar de Cuba por los Estados Unidos. El presidente era William McKinley.
El primer gobernador militar fue John R. Brooke que el 6 de enero de 1899 decretó la disolución del Ejército Libertador. El 25 de julio de 1900, otro gobernador Leonard Wood, convocó la Convención Constituyente, que redactó la Constitución, en la cual Estados Unidos impuso la Enmienda Platt. Seguidamente se efectuaron las primeras elecciones presidenciales en las cuales resultó electo Tomas Estrada Palma, quien tomo posesión el 20 de mayo de 1902. Ese día las tropas norteamericanas abandonaron la isla.
De los ocho presidentes norteamericanos que gobernaron durante la Republica cubana (1901-1959), al menos seis se vincularon a Cuba. Theodore Roosevelt, que participó en la guerra en Cuba al mando de un regimiento y era presidente cuando se proclamó la Republica, William Taft que había sido gobernador de la Isla, Calvin Coolidge el único en visitó el país antes de Barack Obama, Herbert Hoover quien en 1933 envío un mediador, Franklin D. Roosevelt bajo cuya presidencia se abolió la Enmienda Platt y Harry Truman que gobernaba cuando en 1952 Batista protagonizó el golpe de estado.
A ellos se añaden los once del período revolucionario cuya relación con la isla ha sido de máximo protagonismo. En 2017, con un nuevo mandatario en la Casa Blanca y una situación política renovada por Barack Obama y Raúl Castro, se iniciará una nueva era en la relación bilateral. Ojalá sea para bien. En cualquier caso. Allá nos vemos.
……………………………………………………………………………
*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
Aunque parecía imposible, los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, lograron que las relaciones y el conflicto bilateral entre Cuba y Estados Unidos, alcanzara mayores rangos de notoriedad. Exceptuando a México, ningún país del Nuevo Mundo ha tenido vínculos tan intensos con Estados Unidos como Cuba.
De los 44 presidentes norteamericanos, al menos 35 se han involucrado directamente con la isla. George Washington estuvo en La Habana en 1762, como parte de las tropas inglesas que tomaron la ciudad. John Adams, consideró que: La anexión de Cuba seria indispensable. Thomas Jefferson, expresó: “…En caso de guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba. En 1810 Madison maniobró con elementos anexionistas. Trece años después John Quincy Adams, expuso su tesis de la Fruta Madura y James Monroe consideró que: “…Agregar Cuba era lo que necesitaban los Estados Unidos…” En 1848, 1853 y 1861, 1869 y 1897, los presidentes Polk, Pierce, Buchanan, Ulysses Grant y William McKinley realizaron gestiones para comprar la Isla.
En febrero del año 1898, cuando la Guerra de Independencia en Cuba parecía aproximarse a un desenlace favorable a las armas cubanas, Estados Unidos envió a La Habana el acorazado Maine que el 15 de aquel mes estalló en la bahía cubana. España fue acusada de causar el siniestro que ocasionó la muerte a 266 tripulantes.
El 11 de abril del propio año, el presidente William McKinley pidió al Congreso autorización para “…Usar las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos…” El 18 el Senador Marion Butler, presentó el texto que, en menos de 72 horas, se convirtió en la Resolución Conjunta, según la cual “…El pueblo de Cuba era y debía ser libre e independiente." España lo asumió como una provocación y el 21 declaró la guerra a Estados Unidos que el 23 de abril hizo lo mismo respecto a España.
Así comenzó la guerra Hispano-estadounidense que involucró tropas cubanas que apoyaron a los norteamericanos que entre el 22 y el 24 de junio desembarcaron unos 11. 000 efectivos que avanzaron sobre Santiago de Cuba, rendida en 16 de julio. El 10 de diciembre de 1898 España y los Estados Unidos firmaron el tratado de París y el primero de enero de 1899 comenzó oficialmente la ocupación militar de Cuba por los Estados Unidos. El presidente era William McKinley.
El primer gobernador militar fue John R. Brooke que el 6 de enero de 1899 decretó la disolución del Ejército Libertador. El 25 de julio de 1900, otro gobernador Leonard Wood, convocó la Convención Constituyente, que redactó la Constitución, en la cual Estados Unidos impuso la Enmienda Platt. Seguidamente se efectuaron las primeras elecciones presidenciales en las cuales resultó electo Tomas Estrada Palma, quien tomo posesión el 20 de mayo de 1902. Ese día las tropas norteamericanas abandonaron la isla.
De los ocho presidentes norteamericanos que gobernaron durante la Republica cubana (1901-1959), al menos seis se vincularon a Cuba. Theodore Roosevelt, que participó en la guerra en Cuba al mando de un regimiento y era presidente cuando se proclamó la Republica, William Taft que había sido gobernador de la Isla, Calvin Coolidge el único en visitó el país antes de Barack Obama, Herbert Hoover quien en 1933 envío un mediador, Franklin D. Roosevelt bajo cuya presidencia se abolió la Enmienda Platt y Harry Truman que gobernaba cuando en 1952 Batista protagonizó el golpe de estado.
A ellos se añaden los once del período revolucionario cuya relación con la isla ha sido de máximo protagonismo. En 2017, con un nuevo mandatario en la Casa Blanca y una situación política renovada por Barack Obama y Raúl Castro, se iniciará una nueva era en la relación bilateral. Ojalá sea para bien. En cualquier caso. Allá nos vemos.
……………………………………………………………………………
*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
lunes, 31 de octubre de 2016
El viaje que transformó el mundo
Por: Rolando López del Amo
Un 27 de octubre, hace ya 524 años, un marino europeo llegó a la costa norte del oriente cubano, desembarcó y luego anotó sus impresiones sobre el lugar. Es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto, escribió.
Esta afirmación sola valía tanto como todo lo que Marco Polo contó sobre la inmensa y poderosa Catay en época de la dinastía Yuan bajo el emperador Kublai.
La más hermosa, así en superlativo. Aceptemos que el navegante tenía la necesidad de impresionar a los patrocinadores de su viaje y convencerlos de que la inversión hecha bien valía la pena. De lo que sí no cabía duda alguna es de que se trataba de una tierra hermosa, toda cubierta de bosques y de un verdor atrayente. El contacto con los naturales de la zona debió parecerle una visión paradisíaca. Lo que no se podía imaginar nadie en ese momento era cuánto iba a influir en los destinos humanos aquel encuentro.
Entre la Europa de finales de la Edad Media y la buscada Asia del comercio por la Ruta de la Seda, por la que llegaban junto a sedas delicadas, porcelanas finísimas y especias deliciosas, apareció una tierra desconocida. El globo terráqueo era mayor que lo supuesto.
Un 27 de octubre, hace ya 524 años, un marino europeo llegó a la costa norte del oriente cubano, desembarcó y luego anotó sus impresiones sobre el lugar. Es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto, escribió.
Esta afirmación sola valía tanto como todo lo que Marco Polo contó sobre la inmensa y poderosa Catay en época de la dinastía Yuan bajo el emperador Kublai.
La más hermosa, así en superlativo. Aceptemos que el navegante tenía la necesidad de impresionar a los patrocinadores de su viaje y convencerlos de que la inversión hecha bien valía la pena. De lo que sí no cabía duda alguna es de que se trataba de una tierra hermosa, toda cubierta de bosques y de un verdor atrayente. El contacto con los naturales de la zona debió parecerle una visión paradisíaca. Lo que no se podía imaginar nadie en ese momento era cuánto iba a influir en los destinos humanos aquel encuentro.
Entre la Europa de finales de la Edad Media y la buscada Asia del comercio por la Ruta de la Seda, por la que llegaban junto a sedas delicadas, porcelanas finísimas y especias deliciosas, apareció una tierra desconocida. El globo terráqueo era mayor que lo supuesto.
viernes, 28 de octubre de 2016
¿COMPAÑERO DE VIAJE?
Por: Jorge Gómez Barata
De Eisenhower a George W. Bush, a lo largo de cincuenta años, diez presidentes estadounidenses, que condujeron 14 administraciones, desplegaron una misma política contra Cuba. Cada uno quiso ser más duro que el anterior, y cosechar el mérito de derrotar, incluso de asesinar a Fidel Castro, liquidar la Revolución, y entrar a Cuba con La Habana a sus pies. Barack Obama hizo la diferencia.
Todos los presidentes norteamericanos apretaron el dogal más que el anterior, apostaron por el bloqueo, acudieron al aislamiento, las amenazas militares, la presión política, el apoyo a la contrarrevolución interna y externa, incluyendo la agresión armada y las acciones terroristas. Ninguno reconoció la legitimidad de las autoridades cubanas, no tuvieron compasión, no dieron tregua ni concedieron a Cuba la menor oportunidad para exponer sus argumentos.
De Eisenhower a George W. Bush, a lo largo de cincuenta años, diez presidentes estadounidenses, que condujeron 14 administraciones, desplegaron una misma política contra Cuba. Cada uno quiso ser más duro que el anterior, y cosechar el mérito de derrotar, incluso de asesinar a Fidel Castro, liquidar la Revolución, y entrar a Cuba con La Habana a sus pies. Barack Obama hizo la diferencia.
Todos los presidentes norteamericanos apretaron el dogal más que el anterior, apostaron por el bloqueo, acudieron al aislamiento, las amenazas militares, la presión política, el apoyo a la contrarrevolución interna y externa, incluyendo la agresión armada y las acciones terroristas. Ninguno reconoció la legitimidad de las autoridades cubanas, no tuvieron compasión, no dieron tregua ni concedieron a Cuba la menor oportunidad para exponer sus argumentos.
jueves, 27 de octubre de 2016
POR QUÉ LOS GOBIERNOS DE IZQUIERDA NO SE CONSOLIDAN (II)
Por: Jorge Gómez Barata
Si bien dos siglos atrás las luchas por la independencia en América Latina condujeron al establecimiento de repúblicas liberales, las constituciones y las instituciones creadas no pudieron impedir la formación de oligarquías, que asumieron los países como botín, y los gobernaron de modo autoritario y de espalda a los pueblos.
Al margen del pensamiento de los grandes próceres, muchos de los cuales “araron en el mar”, en Iberoamérica hubo grandes campañas militares por la independencia, pero ninguna revolución social. La derrota de España no supuso un desarrollo considerable del pensamiento y la institucionalidad política, ni la solución de los problemas estructurales de fondo, sino la sustitución de la dominación de la metrópolis por las oligarquías criollas.
En lugar de democracias autóctonas se formaron oligarquías, que entre otros fenómenos lamentables mantuvieron, e incluso profundizaron la discriminación de los pueblos originarios, conservaron el modelo económico agroexportador basado en el latifundio, la economía minera extractivista, y el rentismo que no generó desarrollo y dio la espalda a los mercados internos, incentivó la explotación de mano de obra barata, y facilitó la dependencia al capital extranjero y el satelitismo político, todavía vigentes.
Debido a esa evolución, desde hace más de cien años, en diversos países, de manera intermitente se establecen gobiernos nacionalistas, desarrollistas, progresistas o de izquierda, de los cuales ninguno ha logrado consolidarse. Aunque algunos, como los de Getulio Vargas, Irigoyen, Perón o Cárdenas, aprovechando coyunturas favorables, promovieron cierto desarrollo e industrialización, y realizaron grandes obras, pocos han dejado legados irreversibles.
Esa dinámica comenzó con la Revolución Mexicana de 1910 la cual, con enormes contradicciones y grandes costos sociales, avanzó en la implantación de un sistema político que consiguió desplazar a dictadores y caudillos, y establecer reglas democráticas, pero no logró desplegar un modelo político eficiente. Después de etapas brillantes y retroceso lamentables, la Revolución mexicana es una conmemoración celebrada en un país sumido en una crisis, para cuya solución sus instituciones no parecen solventes.
La izquierda actual, necesita comprender que una mayoría electoral del cincuenta o sesenta por ciento de los que acuden a votar está lejos de ser un consenso nacional, y que a veces, es lo contrario, una fractura que provoca retrocesos, tal como ahora ocurre en Paraguay, Argentina, y Brasil. Tampoco basta con convertir las escasas organizaciones existentes y los movimientos sociales en maquinarias electorales.
Mientras que, aprovechando los éxitos que surgen ligados a coyunturas y a líderes con capacidad de convocatoria para movilizar a parte del pueblo, no se logren concebir programas capaces de sumar a la mayoría del país, incluyendo a sectores influyentes como liberales, empresarios nacionales, clases medias, y a los elementos que Cristina Fernández llama “nuevas mayorías”; los gobiernos progresistas serán breves paréntesis.
La derecha no necesita de contrato social alguno ni de consensos nacionales, porque ella se impone sobre la mayoría indefensa del pueblo. La izquierda, por el contrario, deberá confrontar a las fuerzas que detentan el poder real, manejan la economía, y controlan los medios.
En política y en materia electoral, en el entorno latinoamericano, los dilemas no se limitan solo a cantidades de votos, sino que necesita velar por la calidad de la adhesión. Se pueden ganar elecciones y referéndums, pero ello no basta para hacer avanzar la historia y hacer irreversibles las conquistas. Allá nos vemos.
…………………………………………………………………………………
*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
Si bien dos siglos atrás las luchas por la independencia en América Latina condujeron al establecimiento de repúblicas liberales, las constituciones y las instituciones creadas no pudieron impedir la formación de oligarquías, que asumieron los países como botín, y los gobernaron de modo autoritario y de espalda a los pueblos.
Al margen del pensamiento de los grandes próceres, muchos de los cuales “araron en el mar”, en Iberoamérica hubo grandes campañas militares por la independencia, pero ninguna revolución social. La derrota de España no supuso un desarrollo considerable del pensamiento y la institucionalidad política, ni la solución de los problemas estructurales de fondo, sino la sustitución de la dominación de la metrópolis por las oligarquías criollas.
En lugar de democracias autóctonas se formaron oligarquías, que entre otros fenómenos lamentables mantuvieron, e incluso profundizaron la discriminación de los pueblos originarios, conservaron el modelo económico agroexportador basado en el latifundio, la economía minera extractivista, y el rentismo que no generó desarrollo y dio la espalda a los mercados internos, incentivó la explotación de mano de obra barata, y facilitó la dependencia al capital extranjero y el satelitismo político, todavía vigentes.
Debido a esa evolución, desde hace más de cien años, en diversos países, de manera intermitente se establecen gobiernos nacionalistas, desarrollistas, progresistas o de izquierda, de los cuales ninguno ha logrado consolidarse. Aunque algunos, como los de Getulio Vargas, Irigoyen, Perón o Cárdenas, aprovechando coyunturas favorables, promovieron cierto desarrollo e industrialización, y realizaron grandes obras, pocos han dejado legados irreversibles.
Esa dinámica comenzó con la Revolución Mexicana de 1910 la cual, con enormes contradicciones y grandes costos sociales, avanzó en la implantación de un sistema político que consiguió desplazar a dictadores y caudillos, y establecer reglas democráticas, pero no logró desplegar un modelo político eficiente. Después de etapas brillantes y retroceso lamentables, la Revolución mexicana es una conmemoración celebrada en un país sumido en una crisis, para cuya solución sus instituciones no parecen solventes.
La izquierda actual, necesita comprender que una mayoría electoral del cincuenta o sesenta por ciento de los que acuden a votar está lejos de ser un consenso nacional, y que a veces, es lo contrario, una fractura que provoca retrocesos, tal como ahora ocurre en Paraguay, Argentina, y Brasil. Tampoco basta con convertir las escasas organizaciones existentes y los movimientos sociales en maquinarias electorales.
Mientras que, aprovechando los éxitos que surgen ligados a coyunturas y a líderes con capacidad de convocatoria para movilizar a parte del pueblo, no se logren concebir programas capaces de sumar a la mayoría del país, incluyendo a sectores influyentes como liberales, empresarios nacionales, clases medias, y a los elementos que Cristina Fernández llama “nuevas mayorías”; los gobiernos progresistas serán breves paréntesis.
La derecha no necesita de contrato social alguno ni de consensos nacionales, porque ella se impone sobre la mayoría indefensa del pueblo. La izquierda, por el contrario, deberá confrontar a las fuerzas que detentan el poder real, manejan la economía, y controlan los medios.
En política y en materia electoral, en el entorno latinoamericano, los dilemas no se limitan solo a cantidades de votos, sino que necesita velar por la calidad de la adhesión. Se pueden ganar elecciones y referéndums, pero ello no basta para hacer avanzar la historia y hacer irreversibles las conquistas. Allá nos vemos.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
MÉXICO NO NECESITA UN MURO…
Por: Jorge Gómez Barata
México no necesita un muro en la frontera con Estados Unidos, sino dos: el primero para que nunca más entre Donald Trump y el segundo para que no salgan los políticos ineptos y corruptos, los gánsteres y traficantes que han infestado las instituciones, secuestrado la democracia y desnaturalizado el sistema político del país.
Con toda probabilidad, Donald Trump nunca será presidente de los Estados Unidos y a Enrique Peña Nieto, que lo es de México, no le alcanzará la vida para limpiar su imagen de la vergüenza por haber recibido y honrado al político gringo que más profundamente ha ofendido al pueblo mexicano. Un presidente americano le quitó a México la mitad de su territorio, Trump intenta quitarles toda su dignidad.
México no necesita un muro en la frontera con Estados Unidos, sino dos: el primero para que nunca más entre Donald Trump y el segundo para que no salgan los políticos ineptos y corruptos, los gánsteres y traficantes que han infestado las instituciones, secuestrado la democracia y desnaturalizado el sistema político del país.
Con toda probabilidad, Donald Trump nunca será presidente de los Estados Unidos y a Enrique Peña Nieto, que lo es de México, no le alcanzará la vida para limpiar su imagen de la vergüenza por haber recibido y honrado al político gringo que más profundamente ha ofendido al pueblo mexicano. Un presidente americano le quitó a México la mitad de su territorio, Trump intenta quitarles toda su dignidad.
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lunes, 24 de octubre de 2016
GUERRA POR PERSONA INTERPUESTA
Por: Jorge Gómez Barata
En la medida en que se generalizó e intensificó, la guerra en Siria perdió identidad. Hoy es difícil determinar por culpa de quién y cómo comenzó. Muchos de los casi 300 000 muertos y los millones de desplazados no supieron quién los mató ni en nombre de qué han sido expulsados de sus hogares, separados de sus familias y despojados de sus bienes.
Una certeza es que en ese territorio Rusia y los Estados Unidos libran una guerra por “persona interpuesta”. Existe otro dato claro es que los gringos y los eslavos no envían sus aviones, buques y tropas para salvar al pueblo sirio, sino para alcanzar objetivos geopolíticos, contener adversarios, así como tomar o mantener posiciones en el esquema de poder global.
El primero, de mayores proporciones, más cruento y costoso de los conflictos de la Guerra Fría, la Guerra de Corea (1950-1953) tuvo un inicio vinculado a los intentos por reunificar el país, aunque inmediatamente experimentó una mutación que lo convirtió en confrontación armada entre el capitalismo y el comunismo y en una guerra entre Estados Unidos, la Unión Soviética y China en suelo coreano. Corea fue apenas una excusa.
Entre las más importantes diferencias entre la guerra en Siria y aquel conflicto que involucró a una coalición liderada por Estados Unidos y formada por 20 países entre los cuales figuraban las grandes potencias de entonces, y por la otra la Unión Soviética y China, estuvieron las de carácter nacional pues se trataba de la reunificación de un país dividido por la II Guerra Mundial y la cuestión ideológica, asociada a la confrontación entre capitalismo y socialismo. Ninguno de estos elementos está presente en Siria.
El origen del actual conflicto sirio, uno de los más dilatados y cruentos en la región en los últimos sesenta años y que se prolonga por un lustro, puede asociarse a acciones políticas de la oposición interna al régimen de Bachar al-Assad que en la coyuntura de la llamada “Primavera Árabe”, se movilizó en búsqueda de objetivos políticos y confesionales, proceso contaminado por la presencia masiva de grupos terrorista y milicias locales, y extranjeros, tanto de la región como occidentales en búsqueda de sus propios objetivos.
Aunque están presentes, en número de cientos, grandes y pequeños grupos terroristas y organizaciones armadas, los actores originales, todos dependientes de apoyos financieros y logísticos externos, han sido desplazados o instrumentalizados por la presencia y la beligerancia de Estados Unidos y Rusia que han copado el escenario político y el teatro de operaciones militares, relegando a fuerzas tan relevantes como las de la OTAN, Irán, Siria, Turquía y los kurdos que dependen de ellos.
Por los factores involucrados, lo encarnizado de los combates, la presencia de técnicas militares y armamentos avanzados y la profundización de las diferencias que hacen difíciles los entendimientos políticos, algunos observadores especulan con la idea de que en ese convulso escenario pudiera estarse gestando una nueva guerra mundial que, para algunos ya ha comenzado. Allá nos vemos.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
En la medida en que se generalizó e intensificó, la guerra en Siria perdió identidad. Hoy es difícil determinar por culpa de quién y cómo comenzó. Muchos de los casi 300 000 muertos y los millones de desplazados no supieron quién los mató ni en nombre de qué han sido expulsados de sus hogares, separados de sus familias y despojados de sus bienes.
Una certeza es que en ese territorio Rusia y los Estados Unidos libran una guerra por “persona interpuesta”. Existe otro dato claro es que los gringos y los eslavos no envían sus aviones, buques y tropas para salvar al pueblo sirio, sino para alcanzar objetivos geopolíticos, contener adversarios, así como tomar o mantener posiciones en el esquema de poder global.
El primero, de mayores proporciones, más cruento y costoso de los conflictos de la Guerra Fría, la Guerra de Corea (1950-1953) tuvo un inicio vinculado a los intentos por reunificar el país, aunque inmediatamente experimentó una mutación que lo convirtió en confrontación armada entre el capitalismo y el comunismo y en una guerra entre Estados Unidos, la Unión Soviética y China en suelo coreano. Corea fue apenas una excusa.
Entre las más importantes diferencias entre la guerra en Siria y aquel conflicto que involucró a una coalición liderada por Estados Unidos y formada por 20 países entre los cuales figuraban las grandes potencias de entonces, y por la otra la Unión Soviética y China, estuvieron las de carácter nacional pues se trataba de la reunificación de un país dividido por la II Guerra Mundial y la cuestión ideológica, asociada a la confrontación entre capitalismo y socialismo. Ninguno de estos elementos está presente en Siria.
El origen del actual conflicto sirio, uno de los más dilatados y cruentos en la región en los últimos sesenta años y que se prolonga por un lustro, puede asociarse a acciones políticas de la oposición interna al régimen de Bachar al-Assad que en la coyuntura de la llamada “Primavera Árabe”, se movilizó en búsqueda de objetivos políticos y confesionales, proceso contaminado por la presencia masiva de grupos terrorista y milicias locales, y extranjeros, tanto de la región como occidentales en búsqueda de sus propios objetivos.
Aunque están presentes, en número de cientos, grandes y pequeños grupos terroristas y organizaciones armadas, los actores originales, todos dependientes de apoyos financieros y logísticos externos, han sido desplazados o instrumentalizados por la presencia y la beligerancia de Estados Unidos y Rusia que han copado el escenario político y el teatro de operaciones militares, relegando a fuerzas tan relevantes como las de la OTAN, Irán, Siria, Turquía y los kurdos que dependen de ellos.
Por los factores involucrados, lo encarnizado de los combates, la presencia de técnicas militares y armamentos avanzados y la profundización de las diferencias que hacen difíciles los entendimientos políticos, algunos observadores especulan con la idea de que en ese convulso escenario pudiera estarse gestando una nueva guerra mundial que, para algunos ya ha comenzado. Allá nos vemos.
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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
martes, 18 de octubre de 2016
DE PLAYA GIRÓN A LA DIRECTIVA DE OBAMA
Por: Jorge Gómez Barata
Las sucesivas generaciones que protagonizaron y apoyan a la Revolución Cubana, enfrentaron el bloqueo, fueron contemporáneas con Bahía de Cochinos, el Plan Mangosta, el Programa de Santa Fe, y el Plan Bush, conocieron las tentativas para asesinar a Fidel Castro, y otra miríada de acciones agresivas, asistieron también a las negociaciones que propiciaron el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, se complacen con los avances y, a la vez comparten reservas y dudas con muchos cubanos, incluidos los círculos dirigentes.
En medio siglo de abierta confrontación, los cubanos se habituaron a que las políticas de Estados Unidos fueran extremadamente agresivas, sin matices positivos y sin asomos de tolerancia o buena fe, por lo cual eran asumidas como un “paquete” rechazado de oficio, y con la lógica de no conceder “ni tantito así”.
Las sucesivas generaciones que protagonizaron y apoyan a la Revolución Cubana, enfrentaron el bloqueo, fueron contemporáneas con Bahía de Cochinos, el Plan Mangosta, el Programa de Santa Fe, y el Plan Bush, conocieron las tentativas para asesinar a Fidel Castro, y otra miríada de acciones agresivas, asistieron también a las negociaciones que propiciaron el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, se complacen con los avances y, a la vez comparten reservas y dudas con muchos cubanos, incluidos los círculos dirigentes.
En medio siglo de abierta confrontación, los cubanos se habituaron a que las políticas de Estados Unidos fueran extremadamente agresivas, sin matices positivos y sin asomos de tolerancia o buena fe, por lo cual eran asumidas como un “paquete” rechazado de oficio, y con la lógica de no conceder “ni tantito así”.
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jueves, 29 de septiembre de 2016
TIMOSHENKO
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| Jorge Gómez Barata |
La publicidad generada por los diálogos de La Habana que condujeron a los acuerdos de paz para Colombia y al fin de una de las más prologadas guerras libradas en todo el mundo, han conferido notoriedad internacional a algunos líderes de las FARC-EP, al principal de ellos, Rodrigo Londoño, se le conoce por un exótico seudónimo: Timoshenko.
Antes que él, otro destacado militar llevó ese apellido. Semión Timoshenko (1895-1970), ucraniano de nacimiento, sexto de los 46 mariscales⃰ que tuvo la Unión Soviética a lo largo de su historia y uno de los ministros de defensa de aquel país. Dos veces Héroe de la Unión Soviética, condecorado en cinco ocasiones con la Orden Lenin y con decenas de órdenes y medallas. En 1941, el día de la invasión alemana en 1941 era el militar soviético de más alta graduación.
Semión Timoshenko combatió en las dos guerras mundiales. En la Primera con las tropas zaristas y en la Segunda con el Ejército Rojo, además en la guerra civil de en su país y otros conflictos. Antes de cumplir 30 años comandaba una división de caballería. Por esa época conoció y trabó una amistad duradera con Iósif Stalin, lo cual según algunos comentaristas lo pusieron a salvo de las purgas que privaron del mando y de la vida a otros altos oficiales.
En 1940, al destacarse en la guerra ruso-finesa y conducir importantes operaciones, fue nombrado Comisario (ministro) para la defensa y ascendido a Mariscal de la Unión Soviética.
A pesar de su condición de oficial de caballería, auspició la mecanización del ejército y la producción e introducción masiva de tanques y otros carros de combate. Ante la invasión alemana Stalin decidió tomar directamente el mando de las fuerzas armadas por lo cual Timoshenko fue relevado.
A lo largo de la gran Guerra Patria combatió en varios frentes y mando grandes unidades. En 1942, a partir de la ciudad de Jarkov, condujo la primera contraofensiva soviética. Concluida la guerra su estrella declinó. Murió en 1970.
Hasta que alguien le pregunte, es difícil conocer las motivaciones que impulsaron a Rodrigo Londoño Echeverry, también conocido como Timoleón Jiménez para adoptar como alias el apellido del famoso mariscal ruso, con el cual concurrió a la firma de los acuerdos de paz en su país. Tal vez el hecho de haber cursados estudios de medicina en una universidad rusa haya influido en la elección.
Con 56 años y 32 en la guerrilla Timoshenko, ascendió a la máxima jerarquía en 2011 después de desempeñar diversas jefaturas en la organización guerrillera y a la muerte de Alfonso Cano. En el futuro, con la entrada en la política tradicional, deberá decir cuál de los nombres utilizados a lo largo de su desempeño guerrillero adoptará definitivamente. Allá nos vemos.
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⃰El grado de Mariscal de la Unión Soviética se introdujo en 1935 y fue abolido en 1991. Lo ostentaron 41 militares y dos civiles. Cuatro de ellos de ellos: Mijaíl Tujachevski, Aleksandr Yegórov, Vasili Blücher y Lavrenti Beria fueron ejecutados. Grigory Kulik resultó degradado en 1942. Serguéi Ajroméyer ascendido en 1983 se suicidó en 1990. El último Mariscal de la Unión Soviética fue Dimitri Yazov, ministro de defensa, encarcelado por su participación en el intento de golpe de estado de 1991 contra Mijaíl Gorbachov.
*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente
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miércoles, 21 de septiembre de 2016
MERECÍAMOS UNA CONTRARREVOLUCIÓN MEJOR⃰
Por: Jorge Gómez Barata
En Cuba no se necesita una revolución porque ya la hubo. Lo mismo ocurre en la mayoría de los países europeos y de América Latina, Rusia, China, Japón y en casi todo
el mundo. Tampoco se requiere de la contrarrevolución, que es siempre un movimiento restaurador, apuesta al pasado, genera violencia, e intenta dar marcha atrás a la historia. Obviamente el conservadurismo inmovilista, refractario a las mutaciones económicas,
políticas, y sociales pertinentes no es tampoco una opción “Revolución -ha dicho Fidel Castro- es sentido del momento histórico”. Un resultado de períodos críticos cuando las fuerzas sociales avanzadas, formadas casi siempre
por “minorías excelentes” y las masas reaccionan ante la opresión, desbordan los cánones tradicionales, promueven cambios estructurales y sociales, y suelen desatar fuerzas que, al ser confrontadas, tienden a radicalizarse e ir más allá, y más de prisa que
lo originalmente calculado.
Las revoluciones políticas y sociales ocurren cuando la evolución falla, y los procesos institucionales promotores del progreso son interrumpidos por actos ilegítimos,
como los golpes de estado y las dictaduras. Por su excepcionalidad y su capacidad para trascender fronteras y épocas, las revoluciones son realmente pocas. No hubo ninguna en el mundo antiguo, tampoco en la esclavitud, ni en los mil años que duró el feudalismo
europeo.
Las grandes revoluciones sociales son resultados de la ilustración, de la elevación del protagonismo de las mayorías populares, e invariablemente se han realizado en
nombre de la democracia y para instaurarla o restaurarla, nunca para hacer lo contrario.
Las revoluciones modernas comenzaron en Norteamérica (1776) y en Francia en 1789. No hubo otra hasta 120 años después, cuando se desató en México y luego en Rusia, en
los años treinta en China y después en Cuba.
En el siglo XXI varios países latinoamericanos han desplegado grandes movimientos políticos liderados por una nueva izquierda que, utilizando los mecanismos institucionales
del sistema establecido y actuando en sus límites, sin promover formulas extremas, impulsan cambios que, sin transformar de raíz las estructuras económicas y políticas, avanzan entronizando la justicia social, a fin de liquidar la pobreza, acabar con la exclusión
y la discriminación, profundizar la democracia y la participación social y promover el progreso con equidad.
Estos líderes innovadores y renovadores, promotores de reformas que contribuyen a perfeccionar los sistemas políticos y los modelos económicos existentes, y a cambiar
lo que debe ser cambiado, son los que se necesitan en todas partes. Ser revolucionario es ser contemporáneo con el presente y apostar por el futuro, renovándose constantemente aprovechando todas las oportunidades.
En Cuba la misma generación revolucionaria que promovió los trascendentales cambios políticos que condujeron a la instauración del socialismo, promueve los que actualizan
el modelo económico y conducirán al perfeccionamiento del sistema político en Cuba.
Apoyar esos cambios, auspiciar su profundización, reformar leyes y prácticas para poner fin al bloqueo estadounidense, hacer viable la inversión extranjera, abrirse al
mundo para asimilar lo más avanzado, y promover el progreso y la elevación del nivel de vida del pueblo, es uno de los modos posibles de ser revolucionario. También lo son quienes alertan acerca de los peligros que conllevan las reformas económicas, las aperturas
políticas, y los intercambios culturales, y los que llaman a evitar la improvisación e impedir la ingenuidad.
El reformismo es una corriente reaccionaria cuando en coyunturas históricas especificas trata de mediatizar, cooptar, o paralizar los cambios revolucionarios, pero es
una alternativa positiva cuando promueve innovaciones en la dirección de perfeccionar lo existente y, aunque sea con pequeños pasos y con moderación, avanzar en la dirección correcta. De ese modo los promotores de reformas se integran a las corrientes avanzadas,
y no hay razones para, de modo extemporáneo, confrontarlos con la Revolución. Allá nos vemos.
……………………………………………………………………..
⃰El titulo corresponde a una idea expresada por el presidente de Ecuador Rafael Correa, uno de los más eficaces gobernantes y lucidos líderes políticos del mundo de hoy.
jueves, 18 de agosto de 2016
LAS CONTRADICCIONES EN EL SENO DEL PUEBLO
Por: Jorge Gómez Barata
Las contradicciones de las sociedades socialistas existieron siempre, aunque en ocasiones fueron maltratadas y condujeron a excesos. El estalinismo fue ejemplo de ello. También fueron graves en China, Polonia y Rumania. En la República Democrática Alemana dieron lugar al Muro de Berlín, y en Hungría y Checoslovaquia a intervenciones militares soviéticas.
En el caso de la Unión Soviética la contrarrevolución condujo a una feroz guerra civil que sumó calamidades a las originadas por la Primera Guerra Mundial. La decisión de mantener la estructura del Imperio Ruso generó tensiones nacionales, algunas de las cuales persisten.
Por su parte, en los países de Europa Oriental, ocupados durante varios años, la represión nazi liquidó a los cuadros y militantes de las fuerzas progresistas, de modo que sus partidos llegaron extraordinariamente debilitados a la liberación, y tuvieron un débil protagonismo en los procesos políticos que condujeron a la instauración del socialismo.
En Cuba, la contrarrevolución interna respaldada por Estados Unidos fomentó bandas armadas en todas las provincias, realizó todo tipo de sabotajes y acciones terroristas, protagonizó la invasión de bahía de Cochinos, y fue finalmente liquidada, limitándose durante décadas a operar desde el exterior.
Las contradicciones de las sociedades socialistas existieron siempre, aunque en ocasiones fueron maltratadas y condujeron a excesos. El estalinismo fue ejemplo de ello. También fueron graves en China, Polonia y Rumania. En la República Democrática Alemana dieron lugar al Muro de Berlín, y en Hungría y Checoslovaquia a intervenciones militares soviéticas.
En el caso de la Unión Soviética la contrarrevolución condujo a una feroz guerra civil que sumó calamidades a las originadas por la Primera Guerra Mundial. La decisión de mantener la estructura del Imperio Ruso generó tensiones nacionales, algunas de las cuales persisten.
Por su parte, en los países de Europa Oriental, ocupados durante varios años, la represión nazi liquidó a los cuadros y militantes de las fuerzas progresistas, de modo que sus partidos llegaron extraordinariamente debilitados a la liberación, y tuvieron un débil protagonismo en los procesos políticos que condujeron a la instauración del socialismo.
En Cuba, la contrarrevolución interna respaldada por Estados Unidos fomentó bandas armadas en todas las provincias, realizó todo tipo de sabotajes y acciones terroristas, protagonizó la invasión de bahía de Cochinos, y fue finalmente liquidada, limitándose durante décadas a operar desde el exterior.
martes, 12 de julio de 2016
EL ESTADO: PODERES Y PARADOJAS
Por: Jorge Gómez Barata
Si el estado no existiera habría que inventarlo. Tal como ocurre con las grandes creaciones humanas, es fruto de necesidades históricas que lo hacen imprescindible y de procesos espontáneos.
El estado hace las leyes y normas, y las aplica, ejerce la autoridad, dicta las políticas públicas, crea el dinero, recauda impuestos, y administra el gasto social. Juzga y condena a los infractores, privándolos de derechos, de la libertad, y en casos extremos de la vida, mediante la pena de muerte. Entre las facultades de que dispone figura el monopolio de las armas de fuego, especialmente las de uso militar.*
El estado se autorregula, estableciendo sus estructuras y funciones, redacta las constituciones, y fija las atribuciones de los poderes públicos, el modo y la periodicidad cómo se realizan las elecciones, y la aplicación de las leyes. Codifica lo relacionado con la propiedad y la herencia.
Si el estado no existiera habría que inventarlo. Tal como ocurre con las grandes creaciones humanas, es fruto de necesidades históricas que lo hacen imprescindible y de procesos espontáneos.
El estado hace las leyes y normas, y las aplica, ejerce la autoridad, dicta las políticas públicas, crea el dinero, recauda impuestos, y administra el gasto social. Juzga y condena a los infractores, privándolos de derechos, de la libertad, y en casos extremos de la vida, mediante la pena de muerte. Entre las facultades de que dispone figura el monopolio de las armas de fuego, especialmente las de uso militar.*
El estado se autorregula, estableciendo sus estructuras y funciones, redacta las constituciones, y fija las atribuciones de los poderes públicos, el modo y la periodicidad cómo se realizan las elecciones, y la aplicación de las leyes. Codifica lo relacionado con la propiedad y la herencia.
martes, 5 de julio de 2016
Notas de prensa QUE DICEN y NO DICEN NA
Notas de prensa QUE DICEN y NO DICEN NA. Escrito como este son las que fomentan las bolas y los chismes, olvidándose que hoy vivimos en un mundo Hyperconectado.
Aunque aún se realizan las investigaciones que permitirán contar con todos los detalles y conocer el grado de participación de cada uno de ellos, la información preliminar les imputa estar vinculados a actos totalmente ajenos a la disciplina, el sentido de honradez y respeto que rigen nuestro deporte y la sociedad que defendemos desde enero de 1959.
El jefe de la delegación y funcionarios de la Embajada cubana dan seguimiento a todo el proceso, incluidos los trámites judiciales y las posibles condenas que se deriven del mismo.
En el plano interno tomaremos las medidas que demandan comportamientos que no se corresponden con la ética y los principios en los que hemos sido educados.
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