Por: Vincenzo Basile
Cada vez que se habla de la Revolución cubana y de sus históricos logros sociales, se cae en el fatal error de hacer ‘comparaciones horizontales’, es decir relacionar el país caribeño con otras realidades del llamado tercer mundo (de su entorno geográfico y de otras partes del planeta). En este sentido, la aplastante supremacía cubana -en términos de desarrollo humano y social- es algo incuestionable, pese a muchos fracasados intentos mediáticos de demostrar lo contrario.
Pero muy pocas veces se asiste a ‘comparaciones verticales’, es decir entre Cuba y países ricos y desarrollados del llamado primer mundo. De hecho, excepto una generalizada aceptación de unos incuestionables logros, como la salud y la educación, la realidad cubana es siempre más considerada como si estuviera a años luz de distancia de los contextos occidentales. Así, Cuba es presentada como un país donde reinan la corrupción, la violencia, la falta de libertades y la violación de los más básicos derechos humanos, entre otras cosas.
Siguiendo ese esquema, el pasado 12 de diciembre, el periódico italiano Il Giornale publicaba un artículo titulado “Periodistas en la cárcel: Italia como Cuba”. El autor del artículo, el periodista Stafano Zurlo, comentaba la situación del director del citado periódico, Alessandro Sallusti, quien se encuentra en arresto domiciliario solamente por publicar (y no por escribir) un artículo difamatorio.
En ese sentido, el autor, citando un reciente informe del Comité para la Protección de los Periodistas, escribía: “La comparación hace daño: estamos al mismo nivel, indecente, de Baréin [...] Burundi y Camboya. Y también de Gambia, Irak [...] y […] de la Cuba de Fidel Castro. Mortificante. Hemos caído dentro de una lista impresentabile”. Por supuesto, el autor aclaraba bien que el delito de difamación es algo que tiene que ser castigado en un estado de derecho pero, justamente, criticaba el hecho de que en Italia, hoy en día, un periodista puede ser encarcelado como un delincuente común, mientras que ladrones y estafadores se encuentran en libertad. Concluía el párrafo afirmando: “Técnicamente la difamación no es un delito de opinión. No sólo esto: nadie quiere poner al mismo nivel la lucha valiente de los reporteros iranianos y cubanos contra la tiranía de los regímenes y la situación de nuestro País”.
Tenía perfectamente razón el periodista Stefano Zurlo. Italia no es Cuba. Roma no es La Habana. Claro que no lo es. En Italia un director de un periódico ha sido encarcelado por difamación, mientras que el supuesto periodista cubano encarcelado, que ha motivado la inclusión de Cuba en la citada lista, es Calixto Ramón Martínez acusado de desacato. En ese sentido, el artículo 144 de código penal cubano afirma:
El que amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas.
Si el hecho previsto en el apartado anterior se realiza respecto al Presidente del Consejo de Estado, al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a los miembros del Consejo de Estado o del Consejo de Ministros o a los Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la sanción es de privación de libertad de uno a tres años.
El desacato, que en Italia se conoce mejor como vilipendio, no es propiamente algo que se castiga sólo en Cuba. Teóricamente, el código penal italiano, en el artículo 290, afirma:
El que públicamente ofende a la República, a las asambleas legislativas o una de éstas, al Gobierno, al Tribunal Constitucional o al orden judicial, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años. La misma pena se aplicará a el que públicamente ofenda a las Fuerzas armadas del Estado o a las Fuerzas de liberación.
Es en este mismo sentido que tenía razón el periodista italiano cuando afirmaba y aclaraba la diferencia entre Italia y Cuba. En Cuba existe la ley y se aplica. En Italia, hace años, asistimos a ofensas contra los dirigentes del país y a insultos contra la bandera nacional y contra la misma República. Todo eso sin que nadie sea castigado. Italia no es Cuba. En Italia un periodista es encarcelado (quizás excesivamente) por difamar. En Cuba, todos los días, mercenarios al sueldo de una potencia extranjera que quiere aniquilar el orden político, social y económico vigente, atentan contra la integridad nacional, ofenden al pueblo cubano y desprecian la memoria de los que lucharon por la libertad de su país.
Italia no es Cuba. Recientemente, la organización Transparencia Internacional, publicaba su relación anual y clasificaba los 174 países objeto de su análisis en base al llamado Índice de Percepción de Corrupción. En esa clasífica, Italia ocupaba el lugar número 72. Cuba se situaba en el lugar número 58.
Italia no es Cuba. El 8 de mayo de 2011 fallecía el preso cubano Juan Wilfredo Soto García quien desde el centro de detención donde se encontraba había sido trasladado a un hospital por una pancreatitis aguda. A pesar del hecho de que la familia del fallecido confirmó la versión de las autoridades sanitarias cubanas, la prensa internacional, repitiendo las declaraciones de unos elementos contrarrevolucionarios internos, empezó a calificar (y aun califica hoy en día) al caso de Soto García como un homicidio en la cárcel debido a las fuertes golpizas que recibió. El 15 de octubre de 2009, el joven italiano Stefano Cucchi fue detenido por posesión de drogas. El 22 de octubre Cucchi murió por las fuertes golpizas recibidas en la cárcel. Su familia sigue esperando justicia.
Es evidente que Italia no es Cuba. La Cuba socialista, en el patio trasero de Estados Unidos ha sido amenazada y bloqueada (y lo sigue estando). La Italia capitalista, en el corazón del Mediterráneo occidental, ha sido protegida y financiada durante las últimas seis décadas. Cuba, con todos sus defectos, es libre. Italia, con todos sus privilegios, sigue buscando su anhelada libertad.