Veinte años atrás fue virtual la pregunta: ¿Por qué China no colapsó cuando lo hizo la Unión Soviética? y ¿Por qué Cuba sobrevivió al efecto dominó que arrasó con la llamada “comunidad socialista?” La respuesta está en el liderazgo. El de China rectificó con tiempo y determinación y el de Cuba organizó la resistencia aplazando los cambios y ajustes cuya necesidad eran ya evidentes.
A pesar de que China no ha encontrado soluciones óptimas a todos los problemas y sus formidables avances no colman las aspiraciones y están sometidos a tensiones políticas, económicas y sociales; las sucesivas camadas de dirigentes han logrado administrar los cambios, evitando el desastre que pronostican sus adversarios y formulando metas alcanzables como es lograr una “sociedad socialista próspera y razonablemente acomodada”.
Por su parte Cuba, cuando con el fin de la Unión Soviética su economía entró en caída libre y los indicadores sociales y el nivel de vida de la población se deterioraron rápidamente, Fidel Castro abrió un paréntesis y descontinuó el proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas iniciado a mediados de los años ochenta, llamando a la resistencia para salvar las conquistas sociales y políticas de la Revolución y el socialismo, en otras palabras: lo que pudiera ser salvado.
Maniobrando, introduciendo reformas a cuentagotas y trabajando por reinsertarse en los ambientes internacional, principalmente latinoamericanos, la Revolución ganó tiempo y fue al encuentro de procesos políticos de matriz progresistas que avanzaron en el continente, principalmente la Revolución Bolivariana, respecto a la cual, la solidaridad recíproca y las conveniencias mutuas crearon situaciones que en Venezuela favorecieron la obra social y en Cuba reforzaron la resistencia.
Si bien nadie esconde que la Venezuela de Chávez fue generosa con la Isla, también lo es que Cuba desplegó sus extraordinarias potencialidades exportando masivamente un volumen de tecnologías y asistencia técnica que ningún otro país podía ofrecer. Aunque nunca ha sido necesario airear las cuentas, Cuba no entregó sin reciprocidad 60 000 médicos y unos 20 000 especialistas en otras ramas, ni Venezuela regaló petróleo a la Isla. Se trató de una relación razonable, históricamente justificada y aritméticamente comparable.
La importación de servicios técnicos, especialmente en las ramas de la medicina, la educación, el deporte, la cultura y otras muchas incluyendo las esferas económicas y productivas permitió a la Revolución Bolivariana desplegar con extraordinario dinamismo una vasta obra social, creando niveles de satisfacción para los cuales en condiciones normales hubiera tardado décadas.
Llegado a cierto punto de estabilidad y ante las evidencias de que las reformas no podían ser aplazadas por más tiempo, el presidente Raúl Castro ha encabezado la llamada “Actualización del Modelo Económico”, que en la medida que se profundiza se derrama hacía otras aéreas, incluyendo el relevo de los principales cuadros de dirección.
El principal de esos movimientos catapultó a la vicepresidencia del país a Miguel Díaz-Canel Bermúdez que en recientes apariciones públicas no ha evadido asuntos nodales ─como el de los salarios─ y ha puesto en circulación un concepto que puede ser la base para reflexiones mayores.
Según el vicepresidente se trata de construir un modelo socialista viable, concepto en torno al cual pueden formularse ideas directrices e identificar metas compartidas que a escala social sean capaces de cohesionar a la población de la isla y que en conjunto pudieran proveer a la Revolución del programa estratégico del que ahora carece. Allá nos vernos.