Por: El Duende
Traducido del más allá al más acá por Max Lesnik.
Calabaza, calabaza cada uno p´a su casa
Titular del diario “El Nuevo Herald" de hoy jueves : “ Represalias contra los Disidentes que regresan”. ¿Pero cuáles fueron esas represalias? Pues fueron las mismas medidas de la Inmigración y la Aduana que le hacen a todos los viajeros que entran a un país, que no son otras que el chequeo de sus documentos de viajes y revisión de su equipaje y por supuesto, la exigencia del pago de las mercancías que traen del exterior sujetas a impuestos que son de obligatorio cumplimiento para todos los ciudadanos, ya sean simpatizantes de la Revolución o contumaces opositores al servicio de un gobierno extranjero, como es el caso de los llamados “Disidentes”.
A ninguno de ellos se le llevó a la cárcel, se le maltrató de palabra, o por fuerza bruta, o se le decomisó ninguna mercancía que estuviera permitida importar por la ley. Ni tampoco se les recriminó por declarar en el extranjero- que debía apretarse el Bloqueo a Cuba mientras ellos lo rompían con sus cargamentos de sobrepeso, que pagaron con moneda nacional cubana, mientras los extranjeros y los cubanos que viven como residentes en el exterior tienen que pagar la Aduana en moneda dura convertible.
En resumen, que no hubo ninguna represalia como dice El Nuevo Herald contra los llamados “Disidentes” que han regresado del exterior después de unas largas y suntuosas vacaciones alrededor del mundo, viajando a cuerpo de rey gracias al presupuesto de Washington que pagan los contribuyentes norteamericanos, entre ellos este Duende de Miami.
Calabaza, calabaza, cada uno p´a su casa. Y a ver que inventan para seguir jorobando la pita. Que para eso les pagan, aunque nadie en Cuba les haga caso. En Miami sí, que Miami es otra cosa.
La mediación que no llegó a nada.
Se acaba de publicar en Madrid un libro que con el título de “Una página difícil de arrancar”, de la editorial Planeta, relata las memorias del ex vice presidente del gobierno español Alfonso Guerra, la segunda figura del Partido Socialista Español en tiempos de Felipe González.
Guerra relata entre otras historias una en la que fue protagonista principal, cuando fue a La Habana en calidad de mediador entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba en el año 1996.
En la edición de hoy del periódico Diario Las Américas y fechada en Madrid, aparece una crónica firmada por el periodista Mark Wieting en el que se resume el capítulo del libro de Alfonso Guerra sobre su misión mediadora en Cuba, aceptada por el líder cubano Fidel Castro, pero que a todas luces no llegó a ningún resultado porque el gobierno de Estados Unidos se echó para atrás. Dice así el revelador reportaje del Diario Las Américas:
“La Habana, año 1996. En el Palacio del Consejo de Estado, Fidel Castro ha organizado una cena donde está presente parte de su Gobierno con motivo de la visita del político español Alfonso Guerra. El vicepresidente de España, desde 1982 hasta 1991 con Felipe González, viajó a la isla para comunicarle que tenía como misión intermediar entre Cuba y Estados Unidos por petición de los norteamericanos.
La persona que propició que Guerra pudiera sentarse con Fidel fue el senador demócrata Gary Hart. El político español cuenta en el libro que recibió su inesperada visita en Madrid en septiembre de 1996. Éste le comunicó que tenía informes en su poder que le señalaban como un mediador adecuado entre Castro y los intereses de la Casa Blanca. Se trataba de una petición de grupos cercanos a Bill Clinton, quien gobernaba en aquellos años, pero donde no estaba involucrado el Gobierno.
A Guerra le sorprendió el ofrecimiento porque él había sido muy crítico con la ley estadounidense Helms Burton, que reforzaba el bloqueo con Cuba, sin embargo aceptó ponerse a trabajar para mejorar las relaciones entre ambos países siempre que los cubanos aceptasen esa mediación.
Se lo comunicó a Felipe González y le pareció bien su tarea aunque le sorprendió cuando le dijo que conocía un mediador mejor que él: el Papa.
En la ya histórica cena en el Palacio del Consejo de Estado en La Habana, le recibió Fidel Castro y le condujo a un salón donde estaban los vicepresidentes Carlos Lage, José Ramón Fernández, el responsable del Partido Comunista, José Ramón Balaguer y el entonces secretario de Fidel, Felipe Pérez Roque.
El político español recuerda que la conversación entre todos fue tranquila y que nadie se atrevía a rebatir las ideas de Castro en la mesa excepto Pérez Roque, que tiempo después sería nombrado Ministro de Asuntos Exteriores.
Según avanzaba la noche, Alfonso Guerra no sabía cómo exponerle a Castro el motivo de su viaje ante esas personas. Después de dos horas, preguntó dónde estaban los aseos, Fidel inmediatamente le dijo: “Yo te acompaño”. Estando los dos a solas, fue el momento idóneo para que el político español comunicara a su anfitrión que querían que mediara entre Cuba y Estados Unidos. A Fidel no le molestó el ofrecimiento, todo lo contrario. Le llevó a un salón aparte y le expresó que la discreción estaba asegurada, solo se lo comentaría a Lage y Balaguer pero tomó una decisión al instante: “Que digan fecha para iniciar los contactos”.
El mensaje trasladado por el “mediador” español se produjo en una época en la que Fidel le reconoció estar incómodo por los incidentes del 24 de febrero de 1996, fecha en la que se produjo el derribo por la Fuerza Aérea Cubana de unas avionetas de la organización “Hermanos al Rescate” de Miami.
Cuando regresó a España, Guerra comunicó a las autoridades norteamericanas que el viaje había sido fructífero porque había recibido por parte de los cubanos una buena disposición para iniciar contactos. En un nuevo viaje de Gary Hart a Madrid, el político socialista que fue durante tanto tiempo la mano derecha de Felipe González, le dijo que él en persona debería ir hasta Cuba y verse con Castro.
El senador demócrata llevó a cabo la operación pero antes tuvo que sortear varias trabas propias de la legislación americana. Se ideó una estrategia de película para que pudiera aterrizar en suelo comunista. Tuvo que viajar primero a Cancún, y desde allí a Cuba pero con la compañía de alguien que se hiciese pasar por su “esposa española”. Guerra tuvo que pensar en quién podría cumplir con los requisitos del papel: ser joven, discreta, que hablase inglés y aceptara ser actriz por un día. Inmediatamente pensó en la asesora de la secretaría internacional del PSOE, Trinidad Jiménez, que luego sería Ministra de Asuntos Exteriores. Ella aceptó y cumplió con su cometido varias veces porque tuvieron varios encuentros.
Fueron conversaciones que intentaron acercar posturas en años muy difíciles. Se habían producido atentados con explosivos en La Habana que los dirigentes cubanos atribuían a la oposición en Miami. En uno de estos encuentros, Castro entregó a Hart un documento donde mostraba su preocupación por estos hechos criminales. El demócrata, que estuvo cerca de llegar a la Casa Blanca si no es por el escándalo amoroso con Dona Rice, transmitió el compromiso de la Administración norteamericana de combatir cualquier tipo de actividad terrorista desarrollada desde suelo americano. Este encuentro coincidió con la detención de un grupo de cuatro cubanoamericanos acusados de intentar atentar contra Castro en la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita del año 1998. Fidel se mostró exultante ante este hecho y pensó que se estaba trabajando en la línea adecuada”.
El reportaje del Diario Las Américas sobre la mediación entre Washington y La Habana, intentada en 1996 por el político español Alfonso Guerra y el Senador norteamericano Gary Hart, no dice que a fin de cuentas que los cuatro terroristas de Miami apresados por el FBI no fueron condenados por la justicia norteamericana y que en cambio a quienes encarcelaron fue a los Cinco cubanos antiterroristas de los cuales todavía hay cuatro injustamente presos en Estados Unidos. Bien vale la aclaración.
Hasta aquí el revelador reportaje publicado hoy por el Diario Las Américas sobre la misión mediadora de Alfonso Guerra y Gary Hart entre Estados Unidos y Cuba que no llegó a nada a pesar de la buena voluntad cubana según se desprende de las memorias del político español.
El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.