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martes, 4 de junio de 2013

AMERICA LATINA: ESCOGER LAS BATALLAS

Barata Por: Jorge Gómez Barata

www.cubano1erplano.com

El éxito de los liderazgos revolucionarios que inevitablemente son confrontados por la reacción y el imperio, radica no sólo en la legitimidad y en la certidumbre de las definiciones estratégicas, sino también en el día a día que forma la táctica y en lo cual es preciso maniobrar, definir prioridades y forjar alianzas duraderas o circunstanciales. No se trata sólo de apoyar iniciativas y responder agresiones, sino también de cómo hacerlo en cada caso. Recetas no hay, los dogmas no son pertinentes y no existen espacios para las emociones.

Por su naturaleza externa, por ocurrir fuera de los ámbitos en que los gobiernos ejercen su autoridad y es efectiva la acción de las masas que los apoyan y por incluir elementos que actúan al amparo de legislaciones, status de soberanía y otras variables, los problemas internacionales se diferencian de los nacionales, tienen entidades peculiares y se tratan de maneras especificas. Los métodos válidos para lidiar con la contrarrevolución interna y sus cabecillas, no aplican a los escenarios mundiales.

La visita de Henrique Capriles Radonski a Colombia ha servido para tensar al máximo las relaciones entre ambos países y para poner a prueba las habilidades de la vanguardia política bolivariana, no tanto para destruir un obstáculo, como para sortearlo y evadirlo, exhibiendo no sólo fuerza y convicción, sino también imaginería táctica.

Los protagonistas del affaire no necesitan presentación: Henrique Capriles Radonski, candidato derrotado en las elecciones presidenciales, líder de la oposición, cabecilla de la contrarrevolución y hombre de Estados Unidos en Caracas quien maniobra para lograr en el extranjero lo que no ha podido alcanzar en casa: deslegitimar la conducción bolivariana, desunir a las fuerzas que la apoyan y utilizar a su favor las reservas y la oposición de factores externos que de modo tácito o expreso son adversarios de la revolución.

Al margen de cómo administra la coyuntura, de su perfil como estadista, la proyección de su mandato y las afiliaciones internacionales, Juan Manuel Santos es a la Revolución Bolivariana y al proceso de integración latinoamericano lo que un compañero de viaje al caminante y las relaciones con él y otros líderes que en Latinoamérica y fuera de ella homologan sus peculiaridades son como crónicas con finales anunciados. Sobrellevar y cultivar esos vínculos implica un ejercicio diplomático y político de alto riesgo y mucha escuela.

No voy a extenderme en detalles acerca de la actitud de Santos, obviamente provocadora y asumo como verosímiles las denuncias del presidente Maduro acerca de las conspiraciones que no sólo en Colombia se traman contra la Revolución Bolivariana, de la cual Capriles es eje y es obvio que el imperio las fomenta y las apoya. Es conocido que hay en América fuerzas políticas enquistadas en los estados que son más cercanas a Capriles Radonski de lo que lo fueron a Chávez y lo son a su relevo.

En medio de esa diversidad política, calculando las jugadas propias y ajenas, maniobrando y sobre todo tratando de ser coherente, la vanguardia política encabezada por el presidente Nicolás Maduro deberá escoger sus batallas y las armas pertinentes con la certeza de que si bien hay adversarios formidables, enemigos implacables y falsos afectos; también abundan los verdaderos amigos. Cuba y otros países han hecho constar su posición. Allá nos vemos.