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lunes, 10 de junio de 2013

CUBA: ENTRE CONGRESOS

Barata Por: Jorge Gómez Barata

www.cubano1erplano.com

Aunque provocó algunos comentarios, el anuncio de la posposición del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), no tuvo un impacto visible en la clase obrera ni en la vida nacional; probablemente tampoco lo hubiera tenido de haberse efectuado.

En realidad ese y otros eventos análogos se efectúan porque “toca hacerlos” y no porque se necesiten ni en ellos se resuelva problema alguno.

Todo comenzó en los años setenta cuando, adoptada la decisión de poner fin a la provisionalidad revolucionaria que rigió entre 1959 y 1975, se avanzó en la institucionalización del país y se introdujeron prácticas democráticas en el sistema político así como en las organizaciones sociales, de masas y profesionales que se dotaron de estatutos y reglamentos que incluían la celebración de tales eventos.

Contrario a lo que se deseaba, como resultado de la copia de las experiencias soviéticas, se entronizó el formalismo que, junto a otros vicios, ha dado lugar a una liturgia que, en la presente coyuntura más que ayudar perjudica la marcha de los procesos en curso.

Por razones insuficientemente explicadas, las reformas, aunque asumen la necesidad de revisar la organización estatal, no incluyen elementos de la superestructura jurídica y política y de los mecanismos de participación de las masas en la vida política y social nacional. De ese modo puede estarse gestando un desfase entre las relaciones económicas y el resto de las estructuras sociales.

Producto de tales circunstancias, las organizaciones obreras, juveniles, de estudiantes, de mujeres, de ciudadanos y de profesionales parecen como si estuvieran al margen de esos procesos o fueran entes pasivos. De hecho, hasta donde se puede percibir, no surgen de ellas ideas, iniciativas ni propuestas que enriquezcan los cambios o introduzcan modificaciones.

Es probable que además de las razones expuestas para la posposición del XX Congreso Obrero (disponer de más tiempo para organizar el evento y para discutir con los trabajadores el proyecto de ley del nuevo Código del Trabajo), haya prevalecido la idea de no realizar un evento que sería “más de lo mismo” y que, en lugar de alentar los procesos en marcha los desmienta.

No obstante el aplazamiento del congreso obrero, el riesgo persiste. Como por gravedad, como parte de una rutina que debería haberse descontinuado, se siguen celebrando uno tras otro eventos nacionales que aportan poco.

Es probable que lo revolucionario hoy no sea celebrar eventos y congresos repetitivos, con formatos y propósitos desactualizados y dominados por la formalidad, sino asumir una moratoria para dar tiempo a reflexiones y a decisiones que contribuyan a perfeccionar y racionalizar las estructuras de participación popular para ponerlas a tono con los tiempos y las demandas de la Revolución. Allá nos vemos.