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martes, 4 de junio de 2013

Disidencia y Contrarrevolución

!cid_image001_jpg@01CD4422 Esteban Morales

UNEAC

www.cubano1erplano.com

Decía José Martí que,  “Si la guerra es a pensamiento ganémosla a pensamiento”.

Existe hoy entre nosotros, los  que continuamos siendo revolucionarios, una  cierta  confusión sobre qué estrategias y tácticas  seguir  en medio de la confrontación ideológica que  se nos presenta.

Como es lógico, en el marco  de los cambios  que se están produciendo hoy en Cuba, existe un debate  acerca de  cuáles deben ser esos  cambios  y como debemos realizarlos. Además,   también  han aparecido ideas  que pretenden orientar  tales  cambios hacia aquellos derroteros en los que el país debiera renunciar a las ideas socialistas. Algunos, al no lograr identificar los cambios con sus  perspectivas personales, solo los toman en cuenta cuando les llegan.

Se ha producido  una  división   muy importante, que es  relativamente nueva,  entre los que queremos hacer avanzar al país hacia una sociedad  diferente en todos los sentidos en que consideramos debamos modificarla, salvando lo mejor que hemos hecho. Y aquellos  que quisieran que todo continuara como antes, tal vez aceptando algunos cambios, aunque   más bien cosméticos,  nunca en profundidad. Creo que  tal división  es la que enmarca  la  separación  entre los que continúan siendo revolucionarios y  los que han dejado de serlo. Aunque de estos últimos, muchos  todavía se encuentren en nuestras filas, incluso, a veces  ocupando  cargos en la estructura política, del estado y el gobierno. Conformando  así  una burocracia  que resulta tan peligrosa como la misma  contrarrevolución.

No obstante, debemos también tomar en consideración, que existen personas que pueden estar en contra de los cambios o simplemente apáticas,  porque no observan dentro de ellos los espacios que podrían beneficiarles. Tratándose entonces de unos grupos  a los que es necesario ayudar y esclarecer, porque al no tratarse propiamente de contrarrevolucionarios,  se trata de  personas que resultan potencialmente aliados no esclarecidos, o más bien  que están dentro de una posición que no les permite identificar lo que está ocurriendo con beneficios potenciales para su persona.

Por ello, definir hoy a la contrarrevolución en Cuba, es muy complejo y  exige  clarificar bien  cuáles son las posiciones y actitudes de los  que reclaman un espacio en el debate nacional, o de los que, permaneciendo callados,  observan para definirse.

Por eso, a mi juicio,  considero, que de manera beligerante, se ponen de manifiesto,  dentro del debate  actual,   las   posiciones siguientes:

-La posición  de los que  consideran es necesario   “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, defendiendo mantener  aquellas direcciones del proceso socialista,  que han mostrado ser  objetivamente   efectivas.

-La posición de los que supuestamente continúan  siendo revolucionarios,  considerando  que todo debe permanecer  igual, o realizar algunos cambios,  solo  cosméticos,  que no afecten sus ya viejos  intereses de poder.

-La posición de los que  honestamente consideran  que el país debe cambiar sus derroteros socialistas,  pues estos últimos han mostrado ser un fracaso para  avanzar.

-La posición de los  que representan  a  la actitud  anexionista de siempre,  colaborando con  el  proceso de subversión hacia el  “cambio de régimen”, tal y como promueve la actual  política de Estados Unidos hacia  Cuba.

-Por último, También existen aquellos que no pudiendo apreciar  su espacio y oportunidades, dentro de los cambios existentes,que, lamentablemente se desarrollan  dentro del marco  de una combinación entre tolerancia y no aceptación. Mostrándose  aquí  una específica  debilidad del trabajo ideológico,  que también debería ser rectificada, por no estar acorde con el momento que vive el país. Es que esa  batalla no se puede librar a distancia, como si se estuviera en el “Olimpo”, sino  mirándonos a las  caras y con las masas del pueblo exir. Pues ambas posiciones  están presentes en el ambiente político  que entorna los procesos de cambios hoy  en   Cuba.

En particular, la batalla a desarrollar  no  debe  llevarse adelante regalándoles las categorías de la lucha a los adversarios. Púes hay que comprender que los verdaderos y legítimos “disidentes”  somos los revolucionarios, que frente a los errores cometidos, y los que se cometen aun, queremos enmendarlos, para salvar el rumbo socialista de la Revolución Cubana.  Otros disidentes  también, quieren enmendar el rumbo de Cuba, pero para llevarla de nuevo hacia el capitalismo, o más bien hacia un espacio político, a veces no muy bien definido,  que supuestamente seria nuevo y beneficioso para la Isla;  pero sobre el cual no existe un modelo, o paradigma visible,  que nos pruebe que eliminando el rumbo socialista vamos a llegar a un espacio político  que enmendaría todos nuestros errores y que resultaría en lo  mejor para Cuba. Sin embargo, estos últimos también terminan  deviniendo   contrarrevolucionarios, al tratarse de gente manipulada por la política norteamericana. Es que hoy, para ser revolucionario hay que ser anticapitalista. Una posición intermedia hoy no existe.

Para poner un ejemplo,   los miembros de la “derecha racial”,  quieren demostrarnos que un cambio del  “régimen político”  en Cuba seria lo que eliminaría la discriminación y el racismo que aún sobreviven  entre nosotros.

Es cierto que el régimen político de Cuba presenta aún muchas deficiencias, graves, no pocas de ellas, pero pienso  que no sería precisamente eliminándolo,  que los negros y mestizos vamos a estar mejor. Porque a pesar de todo lo que nos resta por avanzar, ha quedado demostrado, que  los no blancos en Cuba, nunca  han  estado  en mejor situación  que ahora. [1]

Sin embargo, a todos esos  que desde una posición supuestamente “disidente pacífica” quisieran cambiar el régimen político en Cuba,  no debiéramos reprimirlos físicamente, sino  presentarles  batalla  dentro de un debate que  los incluya y no que los aísle .Es que  disidentes , en realidad, somos  todos los que queremos mejorar nuestra realidad, pero dentro del socialismo;   criticamos y no estamos de acuerdo con muchas de las cosas que ocurren, o con algunos criterios oficiales, pero no renegamos de las ideas del socialismo.

Debemos  permitirnos, creo es lo más inteligente, compartir los   espacios  de debate existentes.   Mientras  en los mismos no se desplieguen  acciones materiales o violentas para derrocar a la revolución, debemos compartir y  debatir abiertamente en un espacio respetuoso, abierto y aceptado por todos.[2] Tienen ese tipo de disidentes,  otras ideas sobre cómo deben ser las cosas en la  Cuba de hoy, pues debatir  es lo que se precisa. Entonces, si se trata de debatir, perfecto, debatimos, pero si trata  de tomar  la calle, no podemos regalársela. Hay que ser inteligente en la respuesta, pero no caer en ingenuidades, pues esta gente al  estar  en minoría, presentan la tendencia  de  unirse a los anexionistas de nuevo tipo y con  delincuentes comunes, que hoy están siendo  reclutados también, lo cual puede generar una situación muy peligrosa.

Sin embargo, es necesario entender,  que el verdadero camino democrático es,” mover todos los mecanismos de que se dispone, para que el ciudadano se sienta parte de un proceso de reconstrucción económica y política, que le  compete; es preservar ese proceso  de  debate de las desviaciones negativas  que todo  cambio puede generar. Al mismo tiempo que se prepara a la gente  para dar respuesta a las acciones de subversión sutil por parte del enemigo”[3].

“Es decir, la sociedad cubana debe estar preparada para el proceso que hoy tenemos que encarar, lo cual significa hacer cada día más participativos  los mecanismos  a utilizar, de manera que  el ciudadano sienta que participa en las decisiones y que lo que está  ocurriendo  les afecta,  formando  parte de su vida diaria. De lo contario, se desentenderá de lo que ocurre, concentrándose en solucionar las dificultades de su vida cotidiana, individual,  que hoy  son muchas y agobiantes.”

A tales disidentes, no  soy partidario de  tomarlos  presos, obstruyéndole sus actividades, siempre que estas  no sean agresivas. No obstante, es importante tomar en consideración, que  en cualquier lugar del mundo recibir financiamiento de otro país, organismo, gobierno  o institución extranjera, para atentar contra el orden imperante, es penado por la ley con fuertes condenas. Las propias leyes estadounidenses establecen sanciones verdaderamente altas para todo aquel que reciba dinero de otro país  con la idea de atentar contra la estabilidad del sistema norteamericano. Si nosotros no hemos establecido p;nbsp; en especial  de los intelectuales,  lo cual es  tan importante para generar el sentido de pertenencia que tanto necesitamos.

No podemos regalarles  tampoco a los adversarios, la democracia, como ya hicimos una vez. Mucho menos  los derechos humanos, a los cuales les estuvimos “temiendo”  durante largo  tiempo. Ambos devinieron  y aun lo  son,   armas  de ataque contra la revolución. Cuando en realidad, nuestro régimen  político, no es menos  ni más democrático que  muchos  otros en el mundo;   y los derechos humanos se persigan  en Cuba como esencia  misma de la obra revolucionaria. Pero sobre todo,  tales ataques contra  Cuba son una falacia,   cuando del lado opuesto del espectro ideológico, se practica la represión mas criminal e  indiscriminada contra los  pueblos, sin miramientos ni consideraciones humanas, en las naciones, supuestamente, más civilizadas. Por lo que creo,  que Cuba,  con todas sus imperfecciones,  ha resultgiéndonos cuenta, en lo cual nuestra prensa  revolucionaria  tiene una función  vital.

Está demostrado que la contrarrevolución en Cuba carece de fuerza. Creo que esta ahora  más bien se expresa como disidencia anexionista o simplemente partidaria del capitalismo para Cuba. Aunque no perdería  la oportunidad,  cuando  se les brindase  la  ocasión,   para hacernos víctimas  de terrorismo de estado. El cual es abiertamente practicado por Estados Unidos y sus Aliados, como  también  promovido por muchos  de sus acólitos de la contrarrevolución miamense.

Esa disidencia, potencialmente  contrarrevolucionaria y terrorista,   pueden verse  fortalecidas  por  los errores que se cometan en su tratamiento. Aunque  muchas veces he dicho, y me lo creo,  que la contrarrevolución cubana no existe, murió al nacer, la política norteamericana la asesino; impidiéndole  contar con  legitimidad. Por eso no tiene programa, no tiene  una verdadera  estrategia, que no sea aquella  que  Estados Unidos les provee;  no tiene pueblo, no tienen verdaderos líderes. Mientras que a nosotros, nos queda mucho de todo eso aún. Que sería  lo que nos daríamos el lujo de perder sino  promovemos un cambio de nuestra mentalidad al respecto. Las formas de  la lucha política han cambiado en estos más de 50 años  y los revolucionarios debemos adaptarnos a esos cambios.

La violencia y la represión, no son  buenas  armas  para combatir actitudes contrarias al régimen político existente, mucho menos tratándose de un régimen que tiene que ser revolucionario, si se propone  sobrevivir. Pues está demostrado que ello no hace sino agudizar las contradicciones y los odios personales  innecesariamente. Provocando además, contra los que practican tales métodos represivos, acusaciones de criminalidad, irrespeto por los derechos humanos y  por la democracia. Lo cual  no hace sino  afectar seriamente  la fortaleza y el crédito de las ideas que se desean defender. La vida nos ha demostrado a muchos que, los “actos de repudio” a los que se marchaban del país;   los “ataques” a las llamadas  damas de blanco;  los “incidentes  violentos”, sobredimensionados o no,  la “represión física” practicada algunas veces, son actuaciones que se viran contra los que la practican  y  nos  presenta ante el mundo e internamente,  como lo que en realidad no queremos  ser.

La contrarrevolución cuenta  con eso. Es una trampa a la que nos llevan: montan la provocación, buscan la respuesta represiva, la documentan con la tecnología que le suministran los yanquis, eso lo rebotan los medios, sin hablar de su vínculo con Estados Unidos, y se profundiza la demonización de la Revolución. Si no hay respuesta a la provocación, la trampa es otra: crece su espacio político y repartiendo dinero aumentan su caudal. Si los procesas por recibir financiamiento y apoyar la estrategia yanqui los conviertes en mártires.

Hoy ser revolucionario es también  defender la Constitución y sus leyes. Por imperfecta que la primera sea; es la expresión concreta del Orden Revolucionario. Casi que "Con la Constitución todo, contra la Constitución nada”, lo cual no excluye su reforma.

Además, la violencia se hace  generalmente incontrolable, porque es  ejercida  como un acto individual, que depende de las  circunstancias en que se  vea  el que la está aplicando, pudiendo reaccionar  peligrosamente  en defensa de su propia integridad.

En realidad,  la contrarrevolución  verdadera es aquella que proviene y es alimentada por los planes de Estados Unidos de subvertir a Cuba. Toda aquella disidencia, que dentro del país, no comulgue con la política norteamericana,  es solo el  resultado legítimo de nuestros errores y  del debate que genera el proceso de cambios que estamos viviendo. Este último debate es  sano para la situación social  y la estabilidad política interna,  debe ser promovido y no agredido, por la dirigencia política,   para hacer avanzar  la  masiva participación ciudadana,   en especial  de los intelectuales,  lo cual es  tan importante para generar el sentido de pertenencia que tanto necesitamos.

No podemos regalarles  tampoco a los adversarios, la democracia, como ya hicimos una vez. Mucho menos  los derechos humanos, a los cuales les estuvimos “temiendo”  durante largo  tiempo. Ambos devinieron  y aun lo  son,   armas  de ataque contra la revolución. Cuando en realidad, nuestro régimen  político, no es menos  ni más democrático que  muchos  otros en el mundo;   y los derechos humanos se persigan  en Cuba como esencia  misma de la obra revolucionaria. Pero sobre todo,  tales ataques contra  Cuba son una falacia,   cuando del lado opuesto del espectro ideológico, se practica la represión mas criminal e  indiscriminada contra los  pueblos, sin miramientos ni consideraciones humanas, en las naciones, supuestamente, más civilizadas. Por lo que creo,  que Cuba,  con todas sus imperfecciones,  ha resultado ser el proyecto  más humanista de los  realizados  hasta ahora. Millones de personas  en el mundo,  muchas organizaciones civiles y no pocos  Organismos internacionales, así  lo reconocen.

No obstante, debemos tener siempre presente, que  la revolución realizada  en  Cuba, es un fruto humano y por tanto  imperfecto. Arrastra  en si misma todas las imperfecciones de los hombres y mujeres  que la  estamos haciendo y la actitud más inteligente  es entonces,  cambiar todo  lo que deba ser  cambiado, negar todo lo que sea necesario negar  y reafirmar todo lo que deba   ser  reafirmado. Por lo cual, aunque no nos agradasen  algunas ideas, estas últimas  tienen que participar también en el debate por mejorar a la sociedad cubana actual;  porque esas ideas,  sean cuales  fueren,  son  también el fruto  de la dinámica social  cubana  y no podemos negarnos o renunciar a debatirlas .Porque  las ideas representan siempre,  los intereses, de grupos , personas o sectores de la sociedad, que hay que tratar  siempre de considerar , para mantener los equilibrios que conforman la paz social.

Dentro de un proceso como el que hoy vivimos en  Cuba,  es necesario detectar muy inteligentemente  quienes pueden compartir  con nosotros las intenciones de salvar el socialismo, quienes pernoctan en la desidia y la ignorancia y quienes desean  arrastrarnos, trayéndonos de vuelta al capitalismo;  el  que pienso,  siempre resultaría peor que un socialismo con imperfecciones, que hubiera que estar rectificándolo continuamente. Por lo que la rectificación continua de todo lo que no resulte,   tendría que ser también  una voluntad permanente entre  todos nosotros.

La revolución cubana ya triunfo, porque ha hecho  prácticamente imposible que una contrarrevolución abierta la derrote. Por eso la contrarrevolución hoy se refugia fundamentalmente  en el nicho que la política norteamericana le ha construido,   aunque  también en las debilidades que todavía  tenemos para combatirla en los planos en que ahora se nos  presenta.

Creo, que  aceptando,  adelantadamente,   nuestras  propias deficiencias, que sería siempre lo más inteligente, queda todavía  un inmenso arsenal de ideas y realizaciones  que nos permitirán  defender la obra de la revolución, remontándonos hacia   mejores espacios de  creación.