UNEAC
Decía José Martí que, “Si la guerra es a pensamiento ganémosla a pensamiento”.
Existe hoy entre nosotros, los que continuamos siendo revolucionarios, una cierta confusión sobre qué estrategias y tácticas seguir en medio de la confrontación ideológica que se nos presenta.
Como es lógico, en el marco de los cambios que se están produciendo hoy en Cuba, existe un debate acerca de cuáles deben ser esos cambios y como debemos realizarlos. Además, también han aparecido ideas que pretenden orientar tales cambios hacia aquellos derroteros en los que el país debiera renunciar a las ideas socialistas. Algunos, al no lograr identificar los cambios con sus perspectivas personales, solo los toman en cuenta cuando les llegan.
Se ha producido una división muy importante, que es relativamente nueva, entre los que queremos hacer avanzar al país hacia una sociedad diferente en todos los sentidos en que consideramos debamos modificarla, salvando lo mejor que hemos hecho. Y aquellos que quisieran que todo continuara como antes, tal vez aceptando algunos cambios, aunque más bien cosméticos, nunca en profundidad. Creo que tal división es la que enmarca la separación entre los que continúan siendo revolucionarios y los que han dejado de serlo. Aunque de estos últimos, muchos todavía se encuentren en nuestras filas, incluso, a veces ocupando cargos en la estructura política, del estado y el gobierno. Conformando así una burocracia que resulta tan peligrosa como la misma contrarrevolución.
No obstante, debemos también tomar en consideración, que existen personas que pueden estar en contra de los cambios o simplemente apáticas, porque no observan dentro de ellos los espacios que podrían beneficiarles. Tratándose entonces de unos grupos a los que es necesario ayudar y esclarecer, porque al no tratarse propiamente de contrarrevolucionarios, se trata de personas que resultan potencialmente aliados no esclarecidos, o más bien que están dentro de una posición que no les permite identificar lo que está ocurriendo con beneficios potenciales para su persona.
Por ello, definir hoy a la contrarrevolución en Cuba, es muy complejo y exige clarificar bien cuáles son las posiciones y actitudes de los que reclaman un espacio en el debate nacional, o de los que, permaneciendo callados, observan para definirse.
Por eso, a mi juicio, considero, que de manera beligerante, se ponen de manifiesto, dentro del debate actual, las posiciones siguientes:
-La posición de los que consideran es necesario “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, defendiendo mantener aquellas direcciones del proceso socialista, que han mostrado ser objetivamente efectivas.
-La posición de los que supuestamente continúan siendo revolucionarios, considerando que todo debe permanecer igual, o realizar algunos cambios, solo cosméticos, que no afecten sus ya viejos intereses de poder.
-La posición de los que honestamente consideran que el país debe cambiar sus derroteros socialistas, pues estos últimos han mostrado ser un fracaso para avanzar.
-La posición de los que representan a la actitud anexionista de siempre, colaborando con el proceso de subversión hacia el “cambio de régimen”, tal y como promueve la actual política de Estados Unidos hacia Cuba.
-Por último, También existen aquellos que no pudiendo apreciar su espacio y oportunidades, dentro de los cambios existentes,que, lamentablemente se desarrollan dentro del marco de una combinación entre tolerancia y no aceptación. Mostrándose aquí una específica debilidad del trabajo ideológico, que también debería ser rectificada, por no estar acorde con el momento que vive el país. Es que esa batalla no se puede librar a distancia, como si se estuviera en el “Olimpo”, sino mirándonos a las caras y con las masas del pueblo exir. Pues ambas posiciones están presentes en el ambiente político que entorna los procesos de cambios hoy en Cuba.
En particular, la batalla a desarrollar no debe llevarse adelante regalándoles las categorías de la lucha a los adversarios. Púes hay que comprender que los verdaderos y legítimos “disidentes” somos los revolucionarios, que frente a los errores cometidos, y los que se cometen aun, queremos enmendarlos, para salvar el rumbo socialista de la Revolución Cubana. Otros disidentes también, quieren enmendar el rumbo de Cuba, pero para llevarla de nuevo hacia el capitalismo, o más bien hacia un espacio político, a veces no muy bien definido, que supuestamente seria nuevo y beneficioso para la Isla; pero sobre el cual no existe un modelo, o paradigma visible, que nos pruebe que eliminando el rumbo socialista vamos a llegar a un espacio político que enmendaría todos nuestros errores y que resultaría en lo mejor para Cuba. Sin embargo, estos últimos también terminan deviniendo contrarrevolucionarios, al tratarse de gente manipulada por la política norteamericana. Es que hoy, para ser revolucionario hay que ser anticapitalista. Una posición intermedia hoy no existe.
Para poner un ejemplo, los miembros de la “derecha racial”, quieren demostrarnos que un cambio del “régimen político” en Cuba seria lo que eliminaría la discriminación y el racismo que aún sobreviven entre nosotros.
Es cierto que el régimen político de Cuba presenta aún muchas deficiencias, graves, no pocas de ellas, pero pienso que no sería precisamente eliminándolo, que los negros y mestizos vamos a estar mejor. Porque a pesar de todo lo que nos resta por avanzar, ha quedado demostrado, que los no blancos en Cuba, nunca han estado en mejor situación que ahora. [1]
Sin embargo, a todos esos que desde una posición supuestamente “disidente pacífica” quisieran cambiar el régimen político en Cuba, no debiéramos reprimirlos físicamente, sino presentarles batalla dentro de un debate que los incluya y no que los aísle .Es que disidentes , en realidad, somos todos los que queremos mejorar nuestra realidad, pero dentro del socialismo; criticamos y no estamos de acuerdo con muchas de las cosas que ocurren, o con algunos criterios oficiales, pero no renegamos de las ideas del socialismo.
Debemos permitirnos, creo es lo más inteligente, compartir los espacios de debate existentes. Mientras en los mismos no se desplieguen acciones materiales o violentas para derrocar a la revolución, debemos compartir y debatir abiertamente en un espacio respetuoso, abierto y aceptado por todos.[2] Tienen ese tipo de disidentes, otras ideas sobre cómo deben ser las cosas en la Cuba de hoy, pues debatir es lo que se precisa. Entonces, si se trata de debatir, perfecto, debatimos, pero si trata de tomar la calle, no podemos regalársela. Hay que ser inteligente en la respuesta, pero no caer en ingenuidades, pues esta gente al estar en minoría, presentan la tendencia de unirse a los anexionistas de nuevo tipo y con delincuentes comunes, que hoy están siendo reclutados también, lo cual puede generar una situación muy peligrosa.
Sin embargo, es necesario entender, que el verdadero camino democrático es,” mover todos los mecanismos de que se dispone, para que el ciudadano se sienta parte de un proceso de reconstrucción económica y política, que le compete; es preservar ese proceso de debate de las desviaciones negativas que todo cambio puede generar. Al mismo tiempo que se prepara a la gente para dar respuesta a las acciones de subversión sutil por parte del enemigo”[3].
“Es decir, la sociedad cubana debe estar preparada para el proceso que hoy tenemos que encarar, lo cual significa hacer cada día más participativos los mecanismos a utilizar, de manera que el ciudadano sienta que participa en las decisiones y que lo que está ocurriendo les afecta, formando parte de su vida diaria. De lo contario, se desentenderá de lo que ocurre, concentrándose en solucionar las dificultades de su vida cotidiana, individual, que hoy son muchas y agobiantes.”
A tales disidentes, no soy partidario de tomarlos presos, obstruyéndole sus actividades, siempre que estas no sean agresivas. No obstante, es importante tomar en consideración, que en cualquier lugar del mundo recibir financiamiento de otro país, organismo, gobierno o institución extranjera, para atentar contra el orden imperante, es penado por la ley con fuertes condenas. Las propias leyes estadounidenses establecen sanciones verdaderamente altas para todo aquel que reciba dinero de otro país con la idea de atentar contra la estabilidad del sistema norteamericano. Si nosotros no hemos establecido p;nbsp; en especial de los intelectuales, lo cual es tan importante para generar el sentido de pertenencia que tanto necesitamos.
No podemos regalarles tampoco a los adversarios, la democracia, como ya hicimos una vez. Mucho menos los derechos humanos, a los cuales les estuvimos “temiendo” durante largo tiempo. Ambos devinieron y aun lo son, armas de ataque contra la revolución. Cuando en realidad, nuestro régimen político, no es menos ni más democrático que muchos otros en el mundo; y los derechos humanos se persigan en Cuba como esencia misma de la obra revolucionaria. Pero sobre todo, tales ataques contra Cuba son una falacia, cuando del lado opuesto del espectro ideológico, se practica la represión mas criminal e indiscriminada contra los pueblos, sin miramientos ni consideraciones humanas, en las naciones, supuestamente, más civilizadas. Por lo que creo, que Cuba, con todas sus imperfecciones, ha resultgiéndonos cuenta, en lo cual nuestra prensa revolucionaria tiene una función vital.
Está demostrado que la contrarrevolución en Cuba carece de fuerza. Creo que esta ahora más bien se expresa como disidencia anexionista o simplemente partidaria del capitalismo para Cuba. Aunque no perdería la oportunidad, cuando se les brindase la ocasión, para hacernos víctimas de terrorismo de estado. El cual es abiertamente practicado por Estados Unidos y sus Aliados, como también promovido por muchos de sus acólitos de la contrarrevolución miamense.
Esa disidencia, potencialmente contrarrevolucionaria y terrorista, pueden verse fortalecidas por los errores que se cometan en su tratamiento. Aunque muchas veces he dicho, y me lo creo, que la contrarrevolución cubana no existe, murió al nacer, la política norteamericana la asesino; impidiéndole contar con legitimidad. Por eso no tiene programa, no tiene una verdadera estrategia, que no sea aquella que Estados Unidos les provee; no tiene pueblo, no tienen verdaderos líderes. Mientras que a nosotros, nos queda mucho de todo eso aún. Que sería lo que nos daríamos el lujo de perder sino promovemos un cambio de nuestra mentalidad al respecto. Las formas de la lucha política han cambiado en estos más de 50 años y los revolucionarios debemos adaptarnos a esos cambios.
La violencia y la represión, no son buenas armas para combatir actitudes contrarias al régimen político existente, mucho menos tratándose de un régimen que tiene que ser revolucionario, si se propone sobrevivir. Pues está demostrado que ello no hace sino agudizar las contradicciones y los odios personales innecesariamente. Provocando además, contra los que practican tales métodos represivos, acusaciones de criminalidad, irrespeto por los derechos humanos y por la democracia. Lo cual no hace sino afectar seriamente la fortaleza y el crédito de las ideas que se desean defender. La vida nos ha demostrado a muchos que, los “actos de repudio” a los que se marchaban del país; los “ataques” a las llamadas damas de blanco; los “incidentes violentos”, sobredimensionados o no, la “represión física” practicada algunas veces, son actuaciones que se viran contra los que la practican y nos presenta ante el mundo e internamente, como lo que en realidad no queremos ser.
La contrarrevolución cuenta con eso. Es una trampa a la que nos llevan: montan la provocación, buscan la respuesta represiva, la documentan con la tecnología que le suministran los yanquis, eso lo rebotan los medios, sin hablar de su vínculo con Estados Unidos, y se profundiza la demonización de la Revolución. Si no hay respuesta a la provocación, la trampa es otra: crece su espacio político y repartiendo dinero aumentan su caudal. Si los procesas por recibir financiamiento y apoyar la estrategia yanqui los conviertes en mártires.
Hoy ser revolucionario es también defender la Constitución y sus leyes. Por imperfecta que la primera sea; es la expresión concreta del Orden Revolucionario. Casi que "Con la Constitución todo, contra la Constitución nada”, lo cual no excluye su reforma.
Además, la violencia se hace generalmente incontrolable, porque es ejercida como un acto individual, que depende de las circunstancias en que se vea el que la está aplicando, pudiendo reaccionar peligrosamente en defensa de su propia integridad.
En realidad, la contrarrevolución verdadera es aquella que proviene y es alimentada por los planes de Estados Unidos de subvertir a Cuba. Toda aquella disidencia, que dentro del país, no comulgue con la política norteamericana, es solo el resultado legítimo de nuestros errores y del debate que genera el proceso de cambios que estamos viviendo. Este último debate es sano para la situación social y la estabilidad política interna, debe ser promovido y no agredido, por la dirigencia política, para hacer avanzar la masiva participación ciudadana, en especial de los intelectuales, lo cual es tan importante para generar el sentido de pertenencia que tanto necesitamos.
No podemos regalarles tampoco a los adversarios, la democracia, como ya hicimos una vez. Mucho menos los derechos humanos, a los cuales les estuvimos “temiendo” durante largo tiempo. Ambos devinieron y aun lo son, armas de ataque contra la revolución. Cuando en realidad, nuestro régimen político, no es menos ni más democrático que muchos otros en el mundo; y los derechos humanos se persigan en Cuba como esencia misma de la obra revolucionaria. Pero sobre todo, tales ataques contra Cuba son una falacia, cuando del lado opuesto del espectro ideológico, se practica la represión mas criminal e indiscriminada contra los pueblos, sin miramientos ni consideraciones humanas, en las naciones, supuestamente, más civilizadas. Por lo que creo, que Cuba, con todas sus imperfecciones, ha resultado ser el proyecto más humanista de los realizados hasta ahora. Millones de personas en el mundo, muchas organizaciones civiles y no pocos Organismos internacionales, así lo reconocen.
No obstante, debemos tener siempre presente, que la revolución realizada en Cuba, es un fruto humano y por tanto imperfecto. Arrastra en si misma todas las imperfecciones de los hombres y mujeres que la estamos haciendo y la actitud más inteligente es entonces, cambiar todo lo que deba ser cambiado, negar todo lo que sea necesario negar y reafirmar todo lo que deba ser reafirmado. Por lo cual, aunque no nos agradasen algunas ideas, estas últimas tienen que participar también en el debate por mejorar a la sociedad cubana actual; porque esas ideas, sean cuales fueren, son también el fruto de la dinámica social cubana y no podemos negarnos o renunciar a debatirlas .Porque las ideas representan siempre, los intereses, de grupos , personas o sectores de la sociedad, que hay que tratar siempre de considerar , para mantener los equilibrios que conforman la paz social.
Dentro de un proceso como el que hoy vivimos en Cuba, es necesario detectar muy inteligentemente quienes pueden compartir con nosotros las intenciones de salvar el socialismo, quienes pernoctan en la desidia y la ignorancia y quienes desean arrastrarnos, trayéndonos de vuelta al capitalismo; el que pienso, siempre resultaría peor que un socialismo con imperfecciones, que hubiera que estar rectificándolo continuamente. Por lo que la rectificación continua de todo lo que no resulte, tendría que ser también una voluntad permanente entre todos nosotros.
La revolución cubana ya triunfo, porque ha hecho prácticamente imposible que una contrarrevolución abierta la derrote. Por eso la contrarrevolución hoy se refugia fundamentalmente en el nicho que la política norteamericana le ha construido, aunque también en las debilidades que todavía tenemos para combatirla en los planos en que ahora se nos presenta.
Creo, que aceptando, adelantadamente, nuestras propias deficiencias, que sería siempre lo más inteligente, queda todavía un inmenso arsenal de ideas y realizaciones que nos permitirán defender la obra de la revolución, remontándonos hacia mejores espacios de creación.