Por: El Duende
Traducido del más allá al más acá por Max Lesnik.
Nuevo Libro de Brian Latell.
El ex agente de la CIA Brian Latell autor del libro “Los Secretos de Castro” publicado hace un año ya tiene a la venta desde hoy martes su nueva obra que con el título en inglés de “ La Inteligencia cubana, la CIA y el asesinato de Kennedy “, afirma en él que existía una conexión previa entre Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del Presidente norteamericano ultimado en la ciudad tejana de Dallas y el aparato de Inteligencia de Cuba.
Según Latell la CIA le mintió a la Comisión Warren que investigaba el magnicidio presidencial, sobre los lazos cercanos de Oswald con la Inteligencia cubana.Latell estuvo entre los años 1990 y 1994 a cargo de la Sección de la CIA dedicada a la América Latina. Latell afirma que” Lee Harvey Oswald tenía lazos más cercanos con la inteligencia de Cuba en los meses previos al asesinato de John F. Kennedy que lo que se creía, según el nuevo libro del ex analista de la CIA.
Aunque tiene cuidado de no sugerir que Oswald mató a Kennedy por instrucciones de La Habana, Latell dice que nuevas evidencias confirman la creencia generalizada de que el motivo de Oswald para matar a Kennedy era un ferviente deseo de impresionar a Fidel Castro.
En su anterior libro Latell acusa y afirma que el ex comandante y ex presidente de la FEU a principios de la Revolución, Rolando Cubela Secades, que vive en Miami exilado después de cumplir largos años de prisión en Cuba , acusado de intentar asesinar a Fidel Castro, era en realidad un operativo de la inteligencia cubana que actuaba como “Doble Agente”, algo que a todas luces carece de certeza y fundamento, poniendo en dudas la seriedad de otras tantas afirmaciones de Brian Latell.
En realidad no se trata de un nuevo libro del ex agente de la CIA retirado en Miami, sino más bien una edición aumentada y corregida de su obra anterior. Habría que ver si Latell vuelve de nuevo a afirmar en ella que Rolando Cubela estaba al servicio del gobierno cubano cuando a la vez aparentaba seguir ordenes de la CIA para asesinar al líder cubano.
Se sabe que siete semanas antes del asesinato de Kennedy el 22 de noviembre de 1963, Oswald viajó a la Ciudad de México en autobús con la esperanza de obtener una visa de la embajada cubana allí para visitar La Habana. El Gobierno cubano le negó la Visa.
En resumen, el nuevo libro de Brian Latell es un refrito sensacionalista con más de lo mismo. Un repetido bla,bla, bla con mucho ruido y pocas nueces, publicado por su autor con el único propósito de sacarle unos cuantos dólares&nbs;nbsp; vida de sus pueblos, sin embargo quedan siempre grabados en la memoria popular, bien por la relevancia de sus actores o protagonistas, o por la comicidad anecdótica de lo acontecido. Y sin pretender suplantar al colega de Radio-Miami Ciro Bianchi Ros, les traslado algo que me enteré y leí anoche en el libro “Republica Rigurosamente Vigilada” del reconocido historiador cubano&n del Presidente Obama intente disfrazar los hechos, para conveniencia de su política exterior, lo ocurrido en Egipto con su salida del poder del Presidente Musulmán Mohammed Morsi fue un Golpe de Estado del Ejercito perpetrado contra un gobierno democráticamente electo por el pueblo egipcio, en elecciones que todo el mundo y en particular la Casa Blanca aceptó como comicios limpios de toda mancha.
La crisis de Egipto , un país clave para Washington en el Medio Oriente, que está al borde de una Guerra Civil, complica aun más la situación internacional puesto que el Ejercito egipcio no solo derrocó al gobierno legitimo del país sino que reprime con violencia de muerte a los partidarios del ex presidente Morsi que han salido a las calles de El Cairo a protestar contra los militares, afirmando que no cesarán en su empeño, hasta llevar al poder al Presidente derrocado.
Lo que está pasando en Egipto tiene no solo implicaciones para el Medio Oriente y el resto del mundo sino que también incide en la política interna de Estados Unidos, puesto que líderes del Partido Republicano, como el Senador John McCain, han calificado de “Golpe de Estado” militar al cambio de gobierno en El Cairo, lo que de ser admitido por la Casa Blanca obligaría al gobierno norteamericano a suspender toda la ayuda económica que Estados Unidos otorga a Egipto, una suma de dólares solamente comparable como la que se le da anualmente al Estado de Israel, el más fuerte aliado de Washington en la convulsa y explosiva región del Medio Oriente.
Así de complicadas son las cosas del mundo de hoy. Antes todo era masa fácil. Cuando Fulgencio Batista derrocó al gobierno constitucional del Presidente Carlos Prio Socarrás con un Golpe de Estado militar, La Casa Blanca de entonces- El General Eisenhower era el Presidente de Estados Unidos- no entró en dudas sobre si se trataba de un Golpe o de otra cosa. Le dio el visto bueno y estrechó relaciones con la Cuba de Batista.
Hoy se sabe- por más que se trató de ocultar por muchos años- que el Pentágono estuvo detrás del Golpe del Diez de Marzo. Así convenía a los intereses de Washington.
¿Y el Golpe de los militares en Egipto? ¿ Quienes están detrás de eso que el Presidente Obama no quiere calificar de Golpmp;nbsp; de apellido Bracale trató de convencer a Caruso para que volviera a la escena, dado que cada luneta de platea había costado al público unos 35 pesos- equivalentes a 350 dólares de hoy- pero el tenor se negó aduciendo que prefería renunciar a los 10 dólares que consignaba su contrato. Es decir, unos cien mil dólares de los de ahora, aunque al final se llevó su dinero.
Sin duda que Enrico Caruso habrá pasado a la historia como el mejor tenor de todos los tiempos, por encima de Pavaroti y Placido Domingo, pero lo que es en Cuba, se le tendrá por los tiempos de los tiempos, como un gran ratón corredor de olimpiadabsp; de la isla Rolando Rodríguez.
De ahí tomamos un pasaje de la vida habanera de los años 20 del pasado siglo, en la que se cuenta lo que le ocurrió al famoso tenor de Opera italiano Enrico Caruso cuando fue a cantar al Teatro Nacional de La Habana, en una función de gala un día de mayo del año 1920, en tiempos de la presidencia del General Mario García Menocal.
Según la anécdota, en los precisos momentos en que Caruso entonaba sus voz durante el segundo acto de la Opera Aída de Verdi, estalló una bomba en uno de los baños del teatro situado a solo una cuadra del Hotel Telégrafo, donde estaba alojado el tan reconocido cantante italiano. Dicen que al resonar del artefacto explosivo, Caruso ni lento ni perezoso, abandonó el escenario del teatro y aun vestido con las indumentarias egipcias de Radamés, salió corriendo como bola por tronera desde el Teatro Nacional- hoy García Lorca- Hasta el Hotel Telégrafo- ahora restaurado- dejando un tanto intrigados y desconcertados a los transeúntes de la concurrida Acera del Louvre, hasta Prado y Neptuno, sitio que después obtuvo fama por ser la esquina de “La Engañadora”.
Lo curioso del caso es que el acusado de poner la bomba en el teatro en que cantaba Caruso, era un jovencito menor de edad, entonces con simpatías anarquistas llamado Luis Pérez Espinós, quien con el andar del tiempo, habría de ser autor de reconocidos libros para la enseñanza escolar y Ministro de Educación del gobierno Autentico del Presidente Ramón Grau San Martín en el año 1944. A consecuencia de la bomba, mas por el corre corre que por la bomba, resultaron heridas diez personas.
Cuentan que el empresario teatral de apellido Bracale trató de convencer a Caruso para que volviera a la escena, dado que cada luneta de platea había costado al público unos 35 pesos- equivalentes a 350 dólares de hoy- pero el tenor se negó aduciendo que prefería renunciar a los 10 dólares que consignaba su contrato. Es decir, unos cien mil dólares de los de ahora, aunque al final se llevó su dinero.
Sin duda que Enrico Caruso habrá pasado a la historia como el mejor tenor de todos los tiempos, por encima de Pavaroti y Placido Domingo, pero lo que es en Cuba, se le tendrá por los tiempos de los tiempos, como un gran ratón corredor de olimpiadas vestido de Radamés.
Y hasta mañana amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría.