La Dignidad/Legado allendista entre el contraste de lo oscuro miamense y lo casi claro madrileño. Su pueblo no está engañado
Cinco años atrás, concebí Gratitud ante Salvador Allende con un anticipo en el que hice notar que al épico hijo de la Patria de Bernardo O'Higgins le sobraba capacidad político-intelectual para llevar adelante su sueño emancipador. El tiempo, sin embargo, devino su principal obstáculo.
Entonces sostuve/sostengo que Allende inició lo que él calificó como construcción del “Socialismo a la chilena” con un Gobierno de Unidad Popular cuyo Plan de transformación contemplaba nacionalizar sectores claves de la economía, particularmente la Gran Minería del Cobre; así como impulsar la reforma agraria, congelar los precios de las mercancías e incrementar los salarios de todos los trabajadores, entre otros cambios.
También, que los actores amantes del progreso humano estaban de pláceme mientras que el Gobierno yanqui que entonces encabezaba Richard Nixon ordenó hacer hasta lo indecible para evitar el menor asomo de un elemento atentatorio del sistema “democrático” Made in USA. He aquí el porqué se vio venir el fascista desenlace del 11 de septiembre de 1973, cuyos funestos contornos aún siente una parte significativa de las masas chilenas.
A esta altura, me resisto a creer que el empeño allendista hubiera sido una utopía al estilo de los socialistas franceses e ingleses del siglo XVIII. Mi razonamiento lo fundo en el denominado Socialismo en el Siglo XXI de Venezuela, Bolivia, Ecuador… que, felizmente, escaparon/¿escapan? a la necesidad del uso de las armas para llegar al Poder Político de las mayorías que fueron desprovistas de palpables mejorías y esperanzas para sus vidas.
No obstante, leí recientemente el segundo de una serie de cinco trabajos que el ¿catedrático? Víctor Farías tuvo a bien entregar en “especial para El Nuevo Herald” de Miami con el título “Utopía marxista de Allende choca contra la realidad económica de Chile”.
En ese título, el señor Farías deja sentado su presupuesto teórico —en verdad, lo considero tergiversador— al escribir las palabras que continúan:
“El principio fundamental de todo marxista, 'la violencia es la partera de la historia' (Marx) era también un momento inevitable para Chile. Pero como siempre, es la realidad la que termina por imponerse. Ello precisamente en el ámbito que los marxistas tienen como lo absolutamente decisorio: la economía” —las negritas son mías, para indicar la adulteración.
Poco debe extrañar entonces que el susodicho se refiera al asunto central de mi escrito como el anuncio de “planes socialistas extremos, las brutales 'expropiaciones del capital monopólico industrial, agrícola y financiero', léase fábricas, fundos y bancos privados” devenido frustración de “la necesaria reinversión para expandir la economía. La absoluta inseguridad anuló toda inversión racional, tanto nacional como extranjera” —las negritas son mías, también para indicar la adulteración.
Tampoco, mentiras con atisbos de realidad según las cuales ante el empuje revolucionaria liderado por Allende no quedaba alternativa que no fuera “un movimiento masivo y popular: sindicatos obreros y campesinos, ante todo de los mineros y los campesinos cesantes por la politizada Reforma Agraria, estudiantes universitarios y escolares medios, colegios profesionales incluyendo médicos, abogados y profesores, empresarios camioneros y de todo el transporte y los servicios hospitalarios” que actuaron para paralizar “paulatina y cada vez con mayor intensidad y frecuencia el país” —las negritas son mías, para indicar lo cierto sin esta aclaración: compulsión Made in USA.
En la línea de pensamiento de Mr. Farías tenía que quedar constancia del “maleficio” de Moscú y La Habana, sin lugar a dudas legítimos “exportadores”/ejemplos de las Revoluciones y/o Movimientos revolucionarios de entonces —sin obviar las espinas en las rosas.
En contraste, leí “Regreso a La Moneda, 40 años después”, firmado por Rodrigo Cea para el madrileño rotativo El PAÍS, donde aparece reflejado el ambiente de la capital chilena ante el suceso del asesinato de Salvador Allende —sin que sostenga estar ante el mejor juicio de lo acontecido cuatro décadas atrás.
A diferencia del ¿catedrático? Farías, el periodista Cea destaca que más de 20 000 personas marcharon el domingo último hasta el Cementerio General de Santiago de Chile, convocada por la Asamblea Nacional por los Derechos Humanos (una organización compuesta por una decena de grupos civiles y partidos políticos) en manifestación que ha sido cinco veces más numerosa que la del año pasado.
Agrega que en la ocasión, los manifestantes mostraron carteles con los rostros de cientos de los más de tres mil ejecutados políticos que dejó la obra del tristemente célebre Augusto Pinochet.
Asimismo, consta en el escrito de Cea que la Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, destacó la adhesión de nuevas agrupaciones políticas y sociales al evento, que es una de las principales actividades que anualmente recuerdan el golpe de Estado, y que expresó:
“Esta es una hermosa muestra de que este es un país que no se ha tragado la historia que se ha dicho por años y que no es un tema del pasado. La verdad, la justicia y la memoria son fundamentales para construir un país que se mire a la cara, no con criminales, no con la impunidad”.
Entretanto, en el orden personal deseo volver a recordar aquellas palabras formuladas por Allende víspera de su entrada en la eternidad:
“Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirá las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
“¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
“Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza que por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.
Y cuando vuelvo la mirada al Chile de hoy día, tengo la impresión que su pueblo lucha aún por “conquistar el cielo por asalto” según sus condiciones históricas, cual gesta encaminada a alcanzar la Dignidad/Legado allendista entre el contraste de lo oscuro miamense y lo casi claro madrileño de los respectivos periódicos El Nuevo Herald y EL PAÍS.