Por: Jorge Gómez Barata
Para preservar el recientemente bautizado “Modelo cubano de bienestar”, la Isla que padece de baja productividad y obsolescencia tecnológica, tiene tantos hospitales como fábricas de azúcar en activo, más estudiantes que turistas y más gastos que ingresos, deberá encontrar esquemas productivos que lo hagan sostenible. La sostenibilidad del socialismo cubano no es consigna ni meta, sino una apuesta en la cual el proyecto de “Zona Especial de Desarrollo de Mariel” (ZEDM), puede ser una carta ganadora.
Aunque bajo diferentes denominaciones, las zonas de desarrollo funcionan en unos 120 países y emplean alrededor de 50 millones de personas. Debido a su exitoso desempeño como parte de las reformas en China, la ZEDM puede ser la segunda experiencia que Cuba importa de allí. La anterior fueron los bici taxis, un magro paliativo a la crisis del transporte en los años noventa, devenido azote para los automovilistas que conducen por la otrora Habana Elegante.
Perteneciente a la provincia de Artemisa, a unos 50 kilómetros al oeste de La Habana, la ZEDM, que estará operativa en enero de 2014, es económicamente hablando una “mini república” de 445 km.² gobernada desde una oficina dependiente del Consejo de Ministros jurídicamente amparada por un decreto-ley y varios reglamentos que entrarán en vigor el primero de noviembre y establecen regímenes fiscales, aduaneros y laborales especiales.
El proyecto que podrá acoger a persona naturales y jurídicas extranjeras o nacionales, está destinado a atraer a inversionistas foráneos, aumentar las exportaciones y sustituir importaciones. Paras ello en la instalación se han creado condiciones de infraestructura energética, vial, portuaria y otras, capaces de estimular actividades industriales con tecnologías de punta para realizar producciones exportables de alto valor agregado, todo lo cual redundará en la creación de puestos de trabajo.
El núcleo del proyecto es un mega puerto de aguas profundas, apto para acoger buques Postpamanax con 700 metros de muelles y espigones, incluye una terminal de contenedores, para operar tres millones de estos al año, silos, almacenes, accesos viales y amplias áreas para la instalación de industrias. El puerto de Mariel alcanzó notoriedad en 1980 cuando fue escenario de un éxodo migratorio por el cual partieron de Cuba rumbo a Estados Unidos más de 125 000 personas.
La obra realizada en tiempo record con costos que rozan los mil millones de dólares, de los cuales unos 700 han sido cubiertos con créditos brasileños, es la más compleja concluida en Cuba y ha sido realizada con elevada eficiencia, sobre todo sin atrasos, lo cual constituye una verdadera rareza en las construcciones cubanas.
Entre las concesiones utilizadas como atractivos a la inversión extranjera figuran, entre otros: exención de impuesto sobre la fuerza de trabajo y las ganancias por 10 años y aranceles a los bienes de equipos utilizados en las inversiones. La venta de servicios será desgravada durante los primeros 12 meses
A pleno funcionamiento, el puerto de Mariel y su zona industrial clasificarán entre los más funcionales y atractivos del Caribe y el Golfo de México y que, para sustraerse a los efectos del bloqueo norteamericano a Cuba deberá operar con clientes e inversionistas principalmente asiáticos que como China, Vietnam, Japón, Corea del Sur y Taiwán y otros aspiran a elevar su presencia en los mercados iberoamericanos.
La aprobación y eventual publicación del Decreto Ley que pone en marcha la gigantesca instalación, levanta parcialmente el hermetismo del secretismo vernáculo, tan criticado como practicado. Más allá de operadores, inversionistas y trabajadores, Mariel es de vital importancia para el presente y el futuro de los cubanos y horcón en la sostenibilidad de su proyecto socialista. Una apuesta que solo puede ser ganadora. Allá nos vemos.