En el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, durante su fundación en asamblea pública el 28 de septiembre de 1864 en Londres, Carlos Marx nos proporciona su apreciación sobre la exitosa experiencia de las cooperativas industriales creadas en Europa y cuyo iniciador fue Robert Owen. Dice Marx:
“Pero estaba reservado a la economía política del trabajo el alcanzar un triunfo más completo todavía sobre la economía política de la propiedad. Nos referimos al movimiento cooperativo, y, sobre todo, a las fábricas cooperativas creadas, sin apoyo alguno, por la iniciativa de algunas manos audaces. Es imposible exagerar la importancia de estos grandes experimentos sociales que han mostrado con hechos, no con simples argumentos, que la producción en gran escala y al nivel de las exigencias de la ciencia moderna, podía prescindir de la clase de los patrones, que utiliza el trabajo de la clase de los asalariados; han mostrado también que no era necesario a la producción que los instrumentos de trabajo estuviesen monopolizados y sirviesen así de instrumentos de dominación y de explotación contra el trabajador mismo; y han mostrado, por fin, que lo mismo que el trabajo esclavo, lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría.”
Pero más adelante recuerda que ,en la sociedad capitalista, “ por útil que se mostrara en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estrechamente a los esfuerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias”. Y continúa más abajo: “Para emancipar a las masas trabajadoras, la cooperación debe alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser fomentada por medios nacionales”. Mas, para que esto suceda, la clase obrera debe alcanzar el poder político. “La conquista del Poder político ha venido a ser, por lo tanto, el gran deber de la clase obrera”. Para este propósito Marx expresa: “La clase obrera posee un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”
Resumiendo. Para salir del trabajo asalariado la clase obrera, mayoritaria, debe organizarse, unirse y tener una idea clara para la toma del poder y qué hacer con él. Es obvio que el tipo de organización económica que Marx propone una vez tomado el poder es la cooperativa.
Completando estas ideas, los Estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores insisten en que el proletariado debe constituirse en partido político distinto a todos los creados por las clases dominantes. Esto es indispensable para tomar el Poder y “asegurar el triunfo de la revolución social y de su fin supremo: la abolición de las clases”. Los Estatutos proclaman, además, “que todas las sociedades y todos los individuos que se adhieran a ella reconocerán la verdad, la justicia y la moral como base de sus relaciones recíprocas y de conducta hacia todos los hombres, sin distinción de color, de creencia o de nacionalidad”.
Pero como el capitalismo es un sistema internacional, la lucha de los obreros debe ser también a esa escala.
En su trabajo “Tendencia histórica de la acumulación capitalista”, que es parte del capitulo XXIV de El Capital, Marx recuerda que “la propiedad privada fruto del propio esfuerzo y basada, por decirlo así, en la compenetración del obrero individual e independiente con sus condiciones de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo ajena, aunque formalmente libre” Después de recordar que “un capitalista devora a muchos otros” establece que “la propiedad privada capitalista es la primera negación de la propiedad privada individual basada en el propio trabajo”. Esa propiedad capitalista que ha engullido a la pequeña propiedad industrial o agrícola, puede ser expropiada y transformada en “la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción creados por el propio trabajo” Seria “la expropiación de unos cuantos usurpadores por la masa del pueblo”.
Nótese que siempre Marx habla de la cooperación.
En su critica al programa del Partido Socialista Obrero Alemán, conocida como “Crítica al Programa de Gotha”, Marx explica cómo debe entenderse, por los trabajadores qué hacer con la totalidad del producto social. Hay que deducir de él:
1- Una parte para reponer los medios de producción consumidos.
2- Una parte suplementaria para ampliar la producción.
3- Un fondo de reserva o seguro contra accidentes, trastornos debidos a fenómenos naturales, etc.
Con la parte restante destinada a servir de medios de consumo, antes de que llegue al reparto individual, hay que deducir:
1- Gastos generales de administración no concernientes a la producción.
2- Una parte destinada a necesidades colectivas como escuelas, instituciones sanitarias, etc.
3- Fondos destinados al sostenimiento de las personas no capacitadas para el trabajo, etc.
Esto es para una sociedad que ha salido del capitalismo y en ella rige el principio de distribución individual siguiente; “a cada cual según su trabajo”, según la cantidad y calidad de trabajo Es todavía una sociedad desigual en ese sentido. “El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”, escribe Marx..
Por lo anteriormente dicho podemos colegir que Marx ve en la producción cooperativa la forma que debe asumirse en una sociedad sin clases. Al mismo tiempo, reconoce que para lograr la implantación de tal sistema a escala nacional, hace falta que la clase obrera forme un partido político propio que la conduzca a la toma del Poder. Una vez logrado esto, la clase obrera ejercería su dictadura sobre las clases dominantes derrotadas parprivó al Poder soviético de su guía y fue Stalin quien asumió la máxima Dirección, a pesar de que Lenin había recomendado que no se le diera tal posición.
Ocurrió en Rusia con Stalin lo que temía Spencer, citado por Martí, que ocurriría en Inglaterra si todo era administrado por el Estado, lo que daría poderes demasiado grandes a los funcionarios y abusarían de él en su provecho sin interesarles realmente los demás. Esto no ocurrió de esa manera y fue en la Rusia zarista donde el Partido de la clase obrera, dirigido por Lenin, tomó el Poder político e inició la revolución social. La experiencia de hacer la revolución socialista en un solo país, arruinado por su participación en la Primera Guerra Mundial, y con una estructura feudal todavía muy poderosa, a lo que se agregó ser víctima de la agresión militar de una veintena de países capitalistas en apoyo a las clases dominantes derrocadas, crearon una situación en extremo compleja para la joven república soviética instaurada en el viejo imperio ruso. A pesar de los éxitos políticos y militares de los comunistas, la economía del país no respondía a las necesidades de la nueva república. Lenin advirtió la necesidad de pasar a una nueva política económica que sentara las bases para las aspiraciones socialistas. Al igual que muchos no entendieron en su momento la necesidad de firmar una paz por separado con Alemania para salirse de la Primera Guerra Mundial, también la Nueva Política Económica que reemplazaría al “comunismo de guerra” de los primeros años, tampoco comprendían bien lo que Lenin planteaba. La triunfante alianza obrero-campesina tenía que enfrentar este nuevo reto. El 18 de octubre de 1921 Lenin publicaba en el diario Pravda un artículo con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre en el que planteaba: “…no es suficiente ese solo entusiasmo, que hay que contar, sí, con ese fervor que engendra una gran revolución, pero unido al interés personal, al estímulo material, a la rentabilidad comercial, para comenzar a construir los sólidos puentes que nos llevarán, de un país de pequeños campesinos, pasando por el capitalismo de Estado, al socialismo. De otro modo no es posible acercarse al comunismo, aproximar a él a decenas y decenas de millones de hombres” Para Lenin “el interés principal, fundamental, del proletariado después de haber conquistado el poder estatal es el de aumentar la producción y desarrollar en gran escala las fuerzas productivas” (Resolución del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) Ruso del 12 de enero de 1922) Para lograr estos objetivos Lenin trabajaba en los distintos papeles que debían jugar el Partido, el Estado, los sindicatos. Valorando la marcha de la NEP, el 4 de enero de 1923, Lenin trató sobre la importancia de las cooperativas en ese período. Y decía que habían encontrado “el grado de conjugación de los intereses privados, de los intereses comerciales privados, con los intereses generales; los métodos de comprobación y control de los intereses privados por el Estado, el grado de su subordinación a los intereses generales, lo que antes constituía un escollo para muchos socialistas”. En aquel momento, escribía Lenin en Pravda el 23 de enero de 1923: “los destinos de nuestra república dependen de que la masa campesina marche unida con la clase obrera y permanezca fiel a la alianza con esta, o que permita que los nepman, es decir, la burguesía, la desligue de ella”.Así veía la dirección del Partido Comunista (b) Ruso la situación en aquellos años. Refiriéndose al IX Congreso de los Soviets de Rusia (23-28 de diciembre de 1921) Lenin escribió:” La historia nos impone hoy la tarea de dar cima a la más grandiosa revolución política mediante una labor económica lenta, penosa y llena de dificultades, en la que los plazos son muy prolongados. Las grandes revoluciones políticas de la historia han exigido para su asimilación un largo camino”. Esta política económica partía de la necesidad de utilizar todos los mecanismos de la producción mercantil bajo la Dirección del Partido Comunista y el control del Estado revolucionario. Esta política iba encaminada a un capitalismo de Estado que aprovechara la inversión extranjera, el capital nacional, la pequeña propiedad privada, el trabajo por cuenta propia y las cooperativas, además de las empresas estatales socialistas. Por supuesto que el debate entre los comunistas entonces fue intenso y Lenin tuvo que explicar y persuadir y convencer. Así, planteaba: “¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado? Claro que es posible (…) “ Y más adelante afirmaba: “Esto podrá parecer una paradoja, ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo? Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible” Y en otro articulo escrito en noviembre de 1921, Lenin planteaba: “…Todas las formas económicas de transición (el subrayado es nuestro NB) son admisibles, y es preciso saber emplearlas…para reanimar enseguida la economía de un país agotado y arruinado, para elevar el nivel de la industria” Y en carta de diciembre de ese mismo año aclaraba que “…la nueva polrticular que afecta, desde hace medio siglo, a nuestra economía, independientemente de nuestra voluntad: la existencia del bloqueo económico, financiero y comercial de los EEUU contra Cuba, ideado para rendirnos por hambre para castigar nuestra decisión de quebrar las cadenas de la dominación imperialista yanqui. Esta medida ilegal e injusta, que es la presión unilateral más prolongada de la historia contemporánea, se mantiene hoy con crudeza, sobre Cuba y terceros países que comercian con nosotros, a pesar del reiterado rechazo a tal política por la comunidad internacional, expresada en casi unánimes condenas en la Asamblea General de las Naciones Unidos. Los cálculos más recientes indican que las pérdidas por concepto del bloqueo superan el billón de dólares de los EEUU al valor actual de esta moneda. Pero queremos referirnos a lo que depende de nosotros. En la década de los años sesenta del siglo pasado confundimos nuestros deseos con la realidad. Errores de idealismo montados sobre el más noble de los propósitos. Queríamos llegar al comunismo de inmediato: de cada cual según su capacidad y a cada cual según sus necesidades. Lanzamos una ofensiva revolucionaria para nacionalizar todas las empresas medianas y pequeñas, hasta los carritos de granizaderos. Quisimos abolir el uso del dinero y ensayamos un modelo de nueva sociedad en San Andrés de Caiguanabo. Hasta eliminamos los estudios de contabilidad. Creamos un modelo de sociedad igualitarista y paternalista que se sostenía, además del esfuerzo de nuestro pueblo, gracias al enorme apoyo financiero de la desaparecida URSS y otros países socialistas de Europa, a quienes quedamos debiéndoles miles de millones de dólares equivalentes en las monedas de esos países del CAME. Se derrumbó ese mundo y>Pero esto es historia. El régimen soviético dejó de ser soviético y se transformó en Estado supercentralizado y, finalmente, se derrumbó sobre sus propios pies. Pero la necesidad del socialismo que previó Marx sigue estando ahí y con nuevos bríos en Asia y América Latina, acompañada de una crisis global del sistema capitalista extremadamente aguda en algunos países europeos. La reacción de las masas, aún sin una dirección política coherente, ha elevado el nivel de lucha del proletariado a muy altos niveles en el mundo capitalista desarrollado. El movimiento de “ocupar Wall Street” y el de “somos el 99%”, el de los “indignados”, son una confirmación de lo esencial del pensamiento marxista-leninista acerca de la concentración de la mayor riqueza en cada vez menos manos y el crecimiento del proletariado, de los desposeídos. No importan los avances científico-técnicos, los cambios en los instrumentos de producción, el creciente papel de la robótica, de la mecanización del trabajo, etc. Al final queda lo esencial: propiedad sobre los medios de producción que es lo que determina la existencia de las clases sociales. Las propias masas de los países desarrollados se autodefinen como desposeídas al grado de ser el 99% de la sociedad. En este mundo tan desigual, el pensamiento marxista-leninista sigue siendo una brújula fundamental para no perder el rumbo. La práctica social ha de ajustarse a las condiciones de cada país dentro del entorno global, pero el objetivo final de lograr una sociedad sin explotadores ni explotados, una sociedad sin clases, culta y libre, y en la que el hombre trabaje por su continuo desarrollo como una necesidad vital, como un acto de conciencia superior y no como un simple ganapán, no debe ser nunca olvidado. A propósito, el profesor José Antonio Portuondo gustaba de relatar a sus alumnos en la Universidad de La Habana una anécdota, más imaginaria que real, pero de una moraleja contundente. Decía que en los tiempos en que se construía la Catedral de Notre Dame en Paris, un escritor se acercó a uno de los obreros de la construcción y le preguntó qué hacía, a lo que este le respondió que si no veía que su trabajo era acarrear las piedras. A un segundo le hizo la misma pregunta y la respuesta fue que lo que hacía era ganar el pan para su familia. Finalmente, le reiteró la pregunta a un tercero y la respuesta fue: Estoy construyendo una catedral. Ese es el espíritu deseado para el nuevo hombre que surgirá con el paso de generaciones si la humanidad es capaz de tomar conciencia de la realidad y actuar para transformarla para el bien de todos. II En Cuba vamos rehaciendo nuestro modelo económico con la diversificación del funcionamiento de la producción y los servicios, a partir de nuestras propias experiencias y la de otros países y rectificando errores. Para rectificar un error se necesita, antes que todo, identificarlo. No basta con decir: hemos cometido errores, sin hacer las precisiones del caso. Eso es insuficiente, por no decir inútil. Cuando tratamos de “cambiar todo lo que deba ser cambiado” para que nuestro proyecto de independencia nacional y justicia social sea factible e irreversible, la rectificación de los errores y las tendencias negativas resulta imprescindible. Por supuesto que hay que tener presente en todo momento una circunstancia externa pae en nuestro suelo. La agricultura tiene un valor estratégico. Lo primero que se ha hecho es distribuir en usufructo la tierra no utilizada, nada menos que la mitad, el 50% de la tierra cultivable. Esa acción se perfecciona ahora con el aumento de tierra concedida y la autorización de que el productor construya su vivienda en ella y el tiempo del usufructo se mantenga mientras la tierra esté en producción adecuada. La otra medida es la de hacer que las UBPC sean realmente cooperativas y no granjas estatales con otro nombre. Recordemos que la visión que tuvo Carlos Marx para la organización de la economía socialista fue, precisamente, la cooperativa, y no solo en la producción agropecuaria, sino en la industria y los servicios. Nuestra administración estatal ha estado plagada de plantillas infladas, baja productividad, desvío de recursos, incumplimientos, ineficiencia. Ahora estamos en el proceso de separar la indispensable administración pública de la empresarial. Las empresas estatales han de ser responsables por su destino, por sus pérdidas y ganancias. Para ello han de tener la autonomía operativa necesaria bajo la inspección y control estatal, que no es interferencia, sino forma de velar que cumplan con sus obligaciones fiscales y no haya desvíos de fondos u otras malas prácticas que afecten a la nación. Para eso existen la Contraloría General y la Fiscalía. El trabajo por cuenta propia es absolutamente indispensable en esta etapa. Y cuando digo el trabajo por cuenta propia incluyo también la pequeña y la mediana empresa. Lo ideal es que estas últimas adopten la forma cooperativa, pero esto puede alternarse con, no asustarse, cierto grado de propiedad privada sobre ciertos servicios y medios entramos en el período especial, valorando hasta la posibilidad de una opción cero. China fue entonces nuestra fuente mayor de oxigeno. La deudas de miles de millones de dólares con el mundo occidental se acumulaban. El triunfo de la revolución bolivariana nos permitió respirar mejor. Pero el déficit de nuestro comercio exterior acumulaba crecientes deudas de miles de millones de dólares anuales y una interminable cadena de impagos. A grandes rasgos esta fue la situación económica que antecedió al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y la adopción de los lineamientos para el desarrollo económico y social, discutidos antes con toda la población y apoyados por ella. Se trata de refundar las bases del socialismo en Cuba para hacerlo viable. La tarea es enorme y exige un cambio de mentalidad profundo en todos nosotros. El socialismo ofrece igualdad de oportunidades, pero no injusto igualitarismo que equipare al vago con el laborioso o al delincuente con la persona honesta. También es incompatible con el paternalismo regalón. De tal suerte, hay que eliminar los gastos superfluos y elevar al máximo la productividad de los trabajadores y aumentar la producción, único camino hacia la abundancia de bienes y servicios a la población. Y hay que lograr la validez de la fórmula socialista de pagar a cada cual según la cantidad y calidad de su trabajo, de modo que el salario y los ingresos sean un estímulo a la producción. Gran énfasis se pone en la agricultura y eso es absolutamente correcto. La producción de alimentos resulta esencial para sustituir las enormes erogaciones que el país tiene que hacer para importar alimentos que pueden producirsde producción que contribuirán al financiamiento del socialismo en Cuba. El Estado solo debe ocuparse, en la economía, de las ramas estratégicas: bancos, producción de petróleo y gas, industria minera, industria azucarera, transporte ferroviario, producción de electricidad, telefonía y comunicaciones, etc., En los casos anteriores, como tenemos una economía muy descapitalizada, resulta necesario también un financiamiento externo. La idea de utilizar capital extranjero que contribuya a nuestro desarrollo con su aporte financiero, con nuevas tecnologías, con mercados para los productos, es totalmente necesaria. Lo ideal son las empresas mixtas. Pero también puede haber casos de inversiones que no sean mixtas en áreas no estratégicas y que puedan proporcionar fuentes de empleo, introducción de tecnologías, sustitución de importaciones. Esto último, sobre todo, en ramas de la industria ligera y la industria alimenticia, que son de fácil y pronta recuperación del capital, por citar posibles ejemplos. Otra medida muy correcta fue la eliminación del casi obligatorio sistema de becas para estudios secundarios y superiores. Absolutamente incosteable y, digámoslo con franqueza, de pobres resultados docentes y peores hábitos educacionales en muchos casos. Una cosa es la gratuidad de la enseñanza, como derecho de todos, y otra es el paternalismo derrochador. Llegamos al extremo de no solo garantizar la gratuidad de la enseñanza universitaria, sino de mantener miles de becas y hasta de pagarles estipendios mensuales a los estudiantes. Eso, gracias al sacrificio del pueblo trabajador. Lamentablemente, acostumbramos a nuestros jóvenes a creerse que son merecedores de tantos privilegios como si fuera un derechde producción que contribuirán al financiamiento del socialismo en Cuba. El Estado solo debe ocuparse, en la economía, de las ramas estratégicas: bancos, producción de petróleo y gas, industria minera, industria azucarera, transporte ferroviario, producción de electricidad, telefonía y comunicaciones, etc., En los casos anteriores, como tenemos una economía muy descapitalizada, resulta necesario también un financiamiento externo. La idea de utilizar capital extranjero que contribuya a nuestro desarrollo con su aporte financiero, con nuevas tecnologías, con mercados para los productos, es totalmente necesaria. Lo ideal son las empresas mixtas. Pero también puede haber casos de inversiones que no sean mixtas en áreas no estratégicas y que puedan proporcionar fuentes de empleo, introducción de tecnologías, sustitución de importaciones. Esto último, sobre todo, en ramas de la industria ligera y la industria alimenticia, que son de fácil y pronta recuperación del capital, por citar posibles ejemplos. Otra medida muy correcta fue la eliminación del casi obligatorio sistema de becas para estudios secundarios y superiores. Absolutamente incosteable y, digámoslo con franqueza, de pobres resultados docentes y peores hábitos educacionales en muchos casos. Una cosa es la gratuidad de la enseñanza, como derecho de todos, y otra es el paternalismo derrochador. Llegamos al extremo de no solo garantizar la gratuidad de la enseñanza universitaria, sino de mantener miles de becas y hasta de pagarles estipendios mensuales a los estudiantes. Eso, gracias al sacrificio del pueblo trabajador. Lamentablemente, acostumbramos a nuestros jóvenes a creerse que son merecedores de tantos privilegios como si fuera un derecho natural. Mucho hemos ahorrado en la educación secundaria y hasta antiguas instalaciones escolares en desuso se transforman ahora en confortables viviendas para trabajadores del campo. Sin embargo, aun se pierden recursos gastados en alimentos en escuelas primarias y secundarias urbanas. La mayor parte de los jóvenes y niños no gustan de esos almuerzos o meriendas y madres y abuelas les llevan la comida de la casa o les dan dinero para que coman algo en establecimientos cercanos. Esto es algo que debe revisarse y quizás sea más racional dar ayuda financiera al que la necesite que mantener esos planes derrochadores, como eran los comedores de los centros de trabajo, felizmente sustituidos con beneplácito generalizado. Hay otro aspecto, el de la microeconomía, la nanoeconomía si se quiere, que es la que tiene que ver con el diario vivir del ciudadano. El primer problema que nos afecta es la existencia de la doble moneda y los precios inflados de los productos en CUC. Se impone la necesidad de una sola moneda y una racionalidad en los precios de los productos de primera necesidad. No se deben mantener ni la libreta de productos alimenticios muy subsidiados, ni los precios muy abultados de las tiendas en CUC. Ambas son una negación de normalidad y buen sentido, la una por derrochadora, y la otra por usurera. Ya hay una experiencia de venta estable en moneda nacional de arroz, azúcar, sal, granos, huevos, embutidos, etc., que se unen a la de productos agrícolas, carne de cerdo y de carnero, con precios de oferta y demanda. Ahí está la base del mercado que permitiría, con el necesario subsidio a las familias necesitadas, la desaparición de la libreta, que ha sido, en todo el mundo, cosa de tiempos de guerra. Eso unido a la rebaja de los precios de las tiendas en CUC hasta llevarlos al nivel de ganancias normales. Cómo aceptar que un litro de jugo de frutas producido en Argentina se pueda vender en 1.25 CUC y uno producido en Cuba se venda en 2.25 CUC. Hay que poner fin a esa abusiva práctica. Y si la excusa es que con ello se subsidian los productos de la libreta, con la desaparición de la libreta ya no habría tal excusa. De acuerdo que haya carga impositiva en cigarros, tabacos y alcoholes, que son dañinos a la salud, y en productos suntuosos, pero no en alimentos y productos esenciales como ropa, calzado, artículos de aseo y limpieza, muebles, etc.. Si no resolvemos el problema de tener una moneda pobre y una rica, con salarios que se pagan en la pobre y productos que se venden en la rica o su equivalente al cambio oficial, estaremos dando vueltas en el mismo punto, como el perro que quiere morderse la cola. Si además, el cambio de las divisas que se remiten como ayuda familiar refuerza esa disparidad, es más fácil vivir de una remesa que del trabajo propio. Y estas son cosas que no aguantan más tiempo, porque los salarios alcanzan solo para sobrevivir. Esa es la realidad. Ahí está la base material de tanto desvío de recursos, de robo, de aceptación de sobornos, de corrupción. No basta con reprimir el mal: hay que eliminar la causa principal que lo facilita. Un joven que termina sus estudios hoy no tiene estímulos con su salario, no tiene esperanzas de cómo conseguir una vivienda para fundar una familia por la vía de su trabajo. Por eso muchos piensan en emigrar, a pesar de la crisis global del imperialismo y el capitalismo. O meterse en “negocios” que les reporten altos ingresos. Estos problemas no se resuelven con gastados “teques”, sino con acciones concretas de sensatez y objetividad. Asunto pendiente que ya tuvo respuesta inicial es el tema migratorio. Hay que respetar el derecho del ciudadano a salir y regresar al país sin las trabas de cartas de invitación o permisos de salida. Y también la posibilidad de regresar definitivamente, si lo desean, a los que viven en el extranjero. Ello permitiría al país, además de la solución a problemas de reunificación familiar, beneficiarse con recursos financieros, experiencias y calificación. Esto, por supuesto, no incluye a los enemigos de la patria, servidores del imperialismo. Para ellos estarían nuestros tribunales. Quedaría el peligro del robo de cerebros; pero ese no es masivo. Si les creamos las condiciones adecuadas a los especialistas cubanos, en la inmensa mayoría predominaría el patriotismo. Por otra parte, la construcción socialista es algo voluntario. No puede ser de otro modo. Vale la pena preguntarse cómo es posible que Vietnam, sobre el que hace menos de cuarenta años lanzaron una cantidad de explosivos mayor que toda la utilizada durante la Segunda Guerra Mundial y que era un país agrícola atrasado, tenga una economía que aun hoy, en medio de la crisis mundial capitalista, su PIB crecerá en más de un 5% anual y se haya convertido en el segundo exportador mundial de arroz y gran exportador de pescado y otros productos alimenticios; que su industria electrónica, ligera y alimenticia les permita exportar bienes por decenas de miles de millones de dólares y reciban millones de turistas al año, entre otras cosas, y haya reducido los niveles de pobreza que dejó la devastación de tantos años de guerra, contra el colonialismo francés primero, y el imperialismo yanqui después, en diez veces.. Ahí están los ejemplos, con sus aciertos y errores, que ellos también reconocen; pero con resultados impresionantes. Vietnam demuestra que sí se puede. Y digo Vietnam porque es un país en vías de desarrollo y gobernado por su Partido Comunista, como lo es Cuba. Claro que no se trata de copiar. Cada país tiene sus propias peculiaridades, pero su experiencia es alentadora. La fórmula martiana sigue siendo válida: injertar el mundo en nuestro tronco. La revolución cubana es el sueño de muchas generaciones de cubanos por más de dos siglos. Defenderla es defender nuestra existencia como nación independiente y soberana. Es defender nuestros anhelos de justicia, solidaridad y fraternidad, nuestro socialismo. No basta estar dispuesto a morir por la patria, sino a trabajar por ella cada día. Pero el trabajo ha de hacerse con los oídos en el corazón del pueblo y con los pies en la tierra. Nuestro mejor trabajo ideológico y político es ser ejemplo y hacer las cosas bien. Crear las condiciones para promover a las personas más capaces y honestas a los cargos de dirección de nuestra sociedad, procurando armonizar los intereses del individuo y los de la sociedad, que era la aspiración expresada por Marx y Engels desde sus primeros trabajos sobre el socialismo. Cuando haya plazas vacantes en cualquier lugar, hacer convocatorias públicas con los requisitos de los aspirantes y no llenarlas con los socios o los parientes sobre la base de una supuesta confiabilidad. Limpiemos de errores subjetivos nuestras prácticas y preservemos como lema y consigna la voluntad de servicio a la nación para defender la república con todos y para el bien de todos en la que estamos empeñados, bajo la inspiración martiana, desde el programa del Moncada. Y hacerlo, bajo la guía de nuestra Dirección revolucionaria histórica, tan admirada y respetada, pero ya octogenaria. El tiempo pasa. Creo conveniente recordar aquello con lo que José Martí terminaba una de sus crónicas sobre los Estados Unidos de Norteamérica publicada por el diario argentino La Nación el 20 de febrero de 1890: “Trabajar es lo verdadero, y decir sin miedo lo que se piensa: he ahí las dos raíces.” A lo que agrego estas otras dos observaciones de nuestro Maestro: “La única manera de concebir el bien general es halagar y proteger el trabajo y el interés de cada uno” (6-271) “Ser bueno es el único modo de ser dichoso…Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno” (8-289)