Sin disfrutarla, desde hace 20 años los cubanos viven en la postguerra fría, y ahora, en una de sus mejores oportunidades históricas, se movilizan para colocarse a la vanguardia del Caribe en el empeño por insertar su economía en la era Postpamanax.
El megapuerto de aguas profundas, terminal de contenedores y Zona Especial de Desarrollo de Mariel, a 45 kilómetros al oeste de La Habana, es no sólo una de las más importantes obras de infraestructura realizadas en la isla, sino la apuesta más decisiva e imaginativa de las reformas impulsadas por el presidente Raúl Castro. Esta vez no se trata de un parche ni de una rectificación, sino de una innovación trascendental.
La obra, concebida a partir de un proyecto cubano, financiada con un crédito de mil millones de dólares de Brasil, apuesta por integrar a la Isla en circuitos avanzados de la economía mundial que experimentaran una notable aceleración con el inicio de la era “Postpamanax”, lo que reforzará la interacción de las cadenas comerciales y productivas de los grandes polos económicos de Asia-Pacifico con las Américas, cuyo tráfico comercial y productivo comenzará a realizarse en buques portacontenedores de los llamados Postpamanax.
PANAMAX Y POSTPANAMAX
En 1492, navegando por el océano Atlántico, Colón llegó a América por el Caribe dando inicio a una era poblada por audaces exploradores, entre ellos Vasco Núñez de Balboa que en 1510 entró al golfo de Darién, atravesó el istmo de Panamá y el 25 de septiembre de 1513 avistó un inmenso océano: el Pacifico.
Nació así la necesidad de unir el Mar del Sur con el Mar del Norte, tarea cumplida en 1520 por Fernando de Magallanes, que bordeando la costa sudamericana, el 21 de octubre, por un angosto estrecho, cruzó al océano Pacifico por el que navegó hasta las islas Marianas desde donde, en 1522, regresó a España. Magallanes perdió la vida en el empeño.
No obstante, la idea de unir ambos océanos a través del istmo de Panamá prevaleció, aunque fue necesario esperar hasta 1914 cuando se reunieron las condiciones políticas, financieras e ingenieras que hicieron posible el canal de Panamá. En 1878, Estados Unidos, único país con recursos para semejante obra, obtuvo permiso del gobierno colombiano para construir el canal. En 1914 terminó la obra y comenzó la era de los buques Panamax, adaptados a las dimensiones del canal.
En la postguerra, debido al desarrollo económico de Japón y la mayoría de los países asiáticos y el impetuoso desarrollo de China, el canal de Panamá se convirtió en el eslabón principal de enormes cadenas productivas y comerciales formadas por los países del Pacifico, Estados Unidos, Sudamérica y el Caribe, que en los últimos lustros se ha visto limitada por las capacidades físicas de la vía acuática, que no permite el paso de los buques llamados Postpamanax, lo cual será posible cuando en 2015 concluyan las obras de ampliación del canal.
Pero la ampliación del canal de Panamá no lo resuelve todo porque los gigantescos buques y sus cargas necesitan puertos y facilidades que en este minuto son escasas, y se estrenan en el megapuerto y la Zona de Desarrollo Especial de Mariel, concebido para integrar a Cuba, el Caribe, Sudamérica, México y los puertos de Estados Unidos en el golfo a los flujos de la economía mundial, lo cual puede ser un excelente y ventajoso paso en la globalización.
Cuba está técnica y políticamente lista y sólo el bloqueo norteamericano estorba el empeño. Removerlo ahora no es solo un acto de justicia sino de conveniencia, no una tarea exclusiva del pueblo cubano sino el cometido de una gigantesca y poderosa comunidad empresarial en la cual Estados Unidos está incluido. Allá nos vemos.