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lunes, 17 de febrero de 2014

DETERMINISMO ECONOMICO Y REALISMO POLITICO

clip_image001Por: Jorge Gómez Barata

Las reformas en Cuba tienen como prioridades la eficiencia y el crecimiento de la economía, claves para elevar el bienestar de los cubanos y, de ese modo, conservar la cohesión social en torno a los objetivos políticos e ideológicos socialistas.

Aunque aún no se conoce la anunciada “fundamentación teórica” que podría funcionar como una especie de programa que defina las metas de la sociedad cubana y establezca criterios de cómo alcanzarlas, resulta evidente que la administración del presidente Raúl Castro concede precedencia a los esfuerzos por lograr y consolidar avances en la economía para luego avanzar en otras áreas.

Un problema es que la economía no avanza a los ritmos necesarios y aun cuando lo hiciera, sus realizaciones tardan en madurar y el mecanismo que la asocia con otras estructuras sociales no opera automáticamente. El sistema político necesita de bases económicas pero también del funcionamiento de multitud de estructuras y de factores culturales e ideológicos que no surgen de los procesos productivos. La economía cubana no da signos de despegue, entre otras por tres razones:

(1) El acumulado de medio siglo de bloqueo norteamericano y las consecuencias de la caída de la Unión Soviética. (2) Obsolescencia tecnológica y falta de infraestructuras (3) Escases de capital de inversión nacional y extranjero. A ello se añaden criterios doctrinarios que excluyen o limitan  actividades y conglomerados humanos.   

Los avances en la economía cubana a los ritmos que se requiere, no son seguros, no dependen sólo de los cubanos y pueden tomar demasiado tiempo. De ahí la sugerencia de adoptar un esquema de tareas paralelas, que simultanee los cambios en el modelo productivo con avances institucionales que provean incentivos no económicos y puedan favorecer la marcha de la economía. Se trata de decisiones que dependan exclusivamente de los cubanos.

La economía cubana está afectada por malformaciones estructurales derivadas del modelo de desarrollo económico adoptado 50 años atrás y que, si bien pudo evadir ciertos efectos del bloqueo y fue cuantitativamente exitoso, fue concebido como parte de una dinámica centrada en la colaboración con la Unión Soviética, cuya desaparición hace 20 años provocó una crisis económica total.

De hecho, la actualización del modelo económico cubano es un rediseño  que, aun cuando sea perfectamente concebido, necesita de variables como la inversión extranjera y el fin del bloqueo, que no dependen de los cubanos y no ofrecerán resultados inmediatos.

No se trata de que las reformas en otros ámbitos sean más fáciles o impliquen menos riesgos, sino de que son más asequibles. Para reformar la Constitución, perfeccionar los mecanismos electorales, descentralizar y democratizar la sociedad y restablecer derechos, cosa que puede hacerse gradualmente y sin prisa, no hay que esperar por el levantamiento del bloqueo ni son preciso otros recursos que la determinación y el talento.

Los efectos de los cambios en los ámbitos superestructurales, culturales e ideológicos, que pudieran disfrutar de una elevada capacidad de convocatoria y actualizar el compromiso de determinados sectores de la sociedad; no pueden calcularse como se hace con las acciones económicas, aunque probablemente sumen saldos positivos en el reforzamiento de la cohesión social.

La unidad no pude ser resultado de la exaltación de determinados paradigmas, de preceptos ideológicos, consignas, llamamientos ni de simpatías o imposiciones, sino que es el producto de la existencia de metas compartidas que tienen que ser visibles, concretas y alcanzables y jamás será un producto neto de la economía. Allá nos vemos.