El domingo 27 de abril el diario Juventud Rebelde publicó en su edición digital un artículo de Denia García Ronda sobre Onelio Jorge Cardoso, cuyo centenario se conmemora este año, en el que se dice que la obra del mejor cuentista que ha tenido Cuba no se ha podido reeditar porque sus herederos se niegan a que así sea.
Confieso que la noticia me asombró sobremanera y me causó gran extrañeza, especialmente porque conocí a una de las hijas de Onelio que estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana y la última vez que la vi se formaba como profesora de la Escuela. Esto fue en la década de los años setenta del siglo pasado. Alguien me ha dicho ahora que Elena, que es el nombre de la hija de Onelio a la que me refiero, vive y trabaja en Cuba. Por todas estas razones se me hace muy difícil entender esa negativa de los herederos de Onelio a que su obra sea reimpresa.
Entiendo que la legislación sobre el derecho de autor proteja a los herederos del mismo, como otras herencias son protegidas por las leyes. Pero lo que resulta inaceptable es que, al amparo de cualquier excusa, se condene al ostracismo a uno de los narradores más importantes en lengua española en el siglo XX y, sin dudas, el mejor cuentista cubano, “el cuentero mayor”, como admirativamente se le reconoce en Cuba.
Onelio Jorge Cardoso es expresión de lo cubano en el cuento. Su fantasía, sorprendente y delicada, noble, que ajusta con la realidad de modo que lo irreal parece natural, tiene hondas raíces en nuestro pueblo y su permanente lucha por la belleza y por el bien. Su lectura hoy, en particular por las generaciones más jóvenes, les proporcionaría un tesoro con los valores que hacen a los seres humanos mejores y los convierten en creadores de nuevas realidades, sueños y esperanzas.
Felizmente, los herederos de ese otro grande de nuestras letras, Samuel Feijoo, también en su centenario, han encabezado las conmemoraciones y acogido las reimpresiones de las obras de y sobre Samuel que se han venido haciendo. Confieso que me agradaría que, como ha hecho Adamelia Feijoo, Elena Jorge estuviera en primera línea de la conmemoración del centenario de su padre. Se lo debe a él y al pueblo cubano.
De otra parte, la obra literaria de Onelio Jorge Cardoso es patrimonio de la nación cubana, por encima de cualquier otra circunstancia. Y hay que respetar el derecho de todos a acceder a ese patrimonio.
Desconozco las razones que puedan aducir los herederos, pero sean cuales sean, no bastan para vetar la difusión de la obra de alguien que nos pertenece a todos.