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miércoles, 25 de junio de 2014

Cooperativas por esfuerzo propio en #Cuba

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Por: Rachel D. Rojas

LA HABANA. Desde diciembre de 2012 en Cuba se impulsa la creación de cooperativas no agropecuarias con la finalidad de descentralizar la gestión estatal y lograr una mayor eficiencia económica, vital para el proyecto social del país en estos tiempos. En mayo, Grisel Tristá Arbesú, jefa del Área de Perfeccionamiento de Entidades de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos informó a la prensa cubana que estaban autorizadas 498 cooperativas, y de ellas funcionando 246.

Los sectores que abarcan este tipo de asociaciones son el de comercio, gastronomía y servicios; construcción; transporte; industria y alimentación; y recientemente las ramas de energía y servicios contables acogieron esta modalidad de gestión.

En la más reciente reunión del Consejo de Ministros, en la que se evaluó la trayectoria de la economía del país durante el primer semestre del año, algunas lecturas entre líneas e informaciones no oficiales indican una posible flexibilización para aprobar las cooperativas que actualmente se encuentran en formación.

Según el texto publicado en Granma, la política que aprobó el Consejo de Ministros precisa que “los establecimientos que prestan servicios gastronómicos, personales y técnicos, como norma, serán gestionados a través de formas no estatales”. Así lo afirmó, según el reporte, Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y De­sarrollo de los Lineamientos.

Pero también existe otro tipo de cooperativas no agropecuarias. Estas no se derivan de los establecimientos estatales ya existentes, y son las llamadas cooperativas no inducidas o por esfuerzo propio.

Según la legislación que regula este tipo de asociaciones en Cuba, se dispone un tiempo de seis meses para dar respuesta a los responsables de las cooperativas en formación sobre los resultados del proceso de admisión. No obstante, tres posibles cooperativistas consultados por Progreso Semanal han confirmado que llevan más tiempo en espera de alguna notificación al respecto.

En otras intervenciones públicas de funcionarios del gobierno cubano se vislumbra la intención del Estado de mantener el control en la gestión en el terreno de las telecomunicaciones en el país. De hecho, se conoce que el Ministerio de Información y Comunicación, como organismo rector, no tiene aprobada aún ninguna cooperativa no inducida o por esfuerzo propio, y no por falta de proyectos presentados.

Tampoco en el Ministerio de Cultura, según el Viceministro Fernando Rojas, es necesario este tipo de asociación, pues el modelo empresarial de la institución “ha demostrado ser exitoso”. “Sería algo así como aplicarle la lógica de la cooperativa al desarrollo de la empresa y no crearle una competencia, hoy innecesaria, a algo que ha funcionado bien”,afirmó.

El tema se presta a especulaciones, entre otras causas, porque se dispone de muy poca información. El reflejo de esta última reunión del Consejo de Ministros en los medios de prensa ha sido profusamente desdichado, en tanto las cifras a las que alude no pueden ser comparadas ni confirmadas por ninguna otra vía. La intervención íntegra del presidente Raúl Castro sobre temas medulares para el futuro de la nación tampoco fue transmitida.

La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), según advierte el economista Armando Nova, no ha emitido ningún dato referido al primer semestre del año en curso, período en el que se centró el análisis de los dirigentes del país.

Algunas de las cifras expuestas en la cita no son alentadoras. El crecimiento del PIB atiende a un escaso 0,6%, y la expectativa de crecimiento de esta variable fue reacomodada a 1,4%, cuando en 2013 el Ministro de Economía y Planificación, Adel Yzquierdo Rodríguez, proyectaba un crecimiento a precios constantes de 2,2%. Y estas son solo los datos publicados.

Las causas referidas por el Ministro de Economía aluden a que “no se logran los ingresos externos planificados; a la existencia de condiciones climatológicas adversas; y a las insuficiencias internas que continúa enfrentando nuestra economía”, además del contexto internacional hostil y el bloqueo económico que mantiene Estados Unidos contra Cuba.

En Cuba hay, hasta mayo de 2014, más de 467 mil trabajadores por cuenta propia, entre ellos cuentan los que se han conformado en cooperativas como modelo de gestión económica más participativo y plural. Todos pagan impuestos.

En ese sentido, durante el primer año de aplicación de la más reciente Ley Tributaria de Cuba, la Ministra de Economía y Finanzas, Lina Pedraza, destacó que los ingresos tributarios “representan el 37% del PIB y se derivan de la aplicación de impuestos, tasas y contribuciones”, según refirió el diario Granma. De los 18 tributos implementados (el total proyectado es 25), 12 son impuestos.

Esta cifra no era posible antes de la apertura económica, lo cual denota que la política impositiva ya está teniendo un papel relevante en los niveles de ingresos del país. El 27 de marzo de 2012 Marino Murrillo afirmó en una conferencia de prensa realizada durante la visita del entonces Papa Bededicto XVI que para el 2015 entre el 40 y el 45% del PIB provendría del sector no estatal.

Ambos datos demuestran que aunque en opinión de muchos el proceso de actualización económica del país tiene un ritmo de avance más lento de lo esperado, sí hay una repercusión palpable en algunos de los sectores beneficiados por las medidas.

La cooperativa es la única vía legal para que los cuentapropistas obtengan personalidad jurídica y en la práctica funcionan como pequeñas empresas. Y desde el pasado viernes, como el resto de las empresas, fue aprobada la posibilidad de contratar el servicio de internet a ETECSA, la única empresa de telecomunicaciones de la Isla. También el hecho de que las cooperativas no puedan asumir las regulaciones existentes, y se haya creado una específicamente para esta forma de gestión no estatal, pudiera estar marcando legalmente alguna diferencia.

Por otro lado, la forma cooperativa de gestión económica implica una mayor participación de los miembros e independencia para decidir sobre su funcionamiento y la distribución de las utilidades, respecto al llamado trabajo por cuenta propia.

“No se trata del dueño de una paladar que subcontrata personas y la mayoría de las veces decide las condiciones del contrato; en una cooperativa todos salen equitativamente beneficiados y las cosas se deciden entre todos”, afirmó una de las personas entrevistadas, quien aún espera la confirmación para comenzar a trabajar como cooperativista en el sector de las comunicaciones.

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