La idea central de la justicia social consiste en lograr un equilibrio entre los intereses del individuo y los del resto de la sociedad. Esa es la brújula política. Si los intereses del individuo y los del resto de la sociedad son antagónicos se rompe el equilibrio. Por eso es que la distribución del producto social, del resultado del esfuerzo de todos y cada uno, debe ser equitativo. A esa equidad se oponen los extremos de pobreza y de riqueza. Siempre que alguien tiene en exceso es que hay otros que se han quedado sin lo que les corresponde.
La sociedad contemporánea no está preparada para que los seres humanos reciban solamente lo necesario a cambio de dar a la sociedad todo lo que sean capaces. Porque, ¿qué se entiende por necesario?, ¿cuál es el criterio que lo fija o norma? Sin embargo,
el valor del trabajo del individuo es algo que puede medirse en cantidad y calidad, en complejidad, y distribuir a cada cual según su trabajo es más comprensible. Y esta norma puede ayudarnos en nuestro tiempo. Ella debe ir acompañada de una ética simple y comprensible: es inaceptable que nadie viva en la pobreza, como es inaceptable que alguien en condiciones de trabajar no lo haga. Se entiende que los enfermos estarán exentos de labores mientras lo estén, que los minusválidos harán lo que puedan y les haga sentirse bien; que los niños, adolescentes y jóvenes deberán estudiar y prepararse para el trabajo futuro y que los ancianos tendrán ganado el descanso a que fueron acreedores, aunque se mantengan activos en lo que deseen. Lo que ha de desterrarse es la vagancia, el vivir del trabajo ajeno sin aportar nada estando en condiciones de hacerlo, y el acaparamiento excesivo de riquezas. Ni ricos ni pobres, sobre todo pobres. Una medianía diversa, más prósperos unos, menos prósperos otros, según el esfuerzo realizado y el aporte hecho, pero un mínimo de prosperidad para todos. A esa medianía próspera apuntan los lineamientos de la política económica y social del partido y la revolución aprobados el 18 de abril de 2011.
Los lineamientos son una respuesta a la situación existente en el momento de su aprobación y proponen un camino a corto y mediano plazo para perfeccionar y defender nuestra experiencia socialista con la realización de los cambios que la experiencia práctica nos ha mostrado necesarios. Con toda justicia el Presidente Raúl Castro afirmó: “La batalla económica constituye hoy, más que nunca, la tarea principal y el centro del trabajo ideológico de los cuadros, porque de ella depende la sostenibilidad y preservación de nuestro sistema social”.
La primera gran dificultad a enfrentar es la enorme dependencia de nuestra economía, como se califica en los lineamientos, de sus relaciones externas. Baste mencionar solamente combustibles y alimentos para confirmar esa aseveración. En los lineamientos se añade: “Desde el año 2005 se evidenciaron las limitaciones de la economía para enfrentar el déficit de la cuenta financiera de la balanza de pagos, las retenciones bancarias de transferencias al exterior y el elevado monto de los vencimientos de la deuda, todo lo que significó una gran tensión en el manejo de la economía.” A partir de esta gravísima situación es que se aprueban los lineamientos.
De la situación anterior se desprendían medidas tales como el ajuste del plan de la economía nacional a los recursos disponibles, la priorización del aumento de exportaciones diversas y la sustitución de importaciones, la revisión de las inversiones, las transformaciones estructurales para reducir los gastos del Estado, el desarrollo agropecuario como un factor estratégico que incluye poner en producción las tierras ociosas, el ahorro como principio guía para no gastar más de lo necesario, la promoción de formas no estatales de producción, en fin, todo lo necesario para disponer de una economía sostenible, incluyendo la inversión extranjera. Bajo estas premisas se elaboró el plan de la economía 2011- 2015. Por supuesto que los problemas a resolver requieren de mucho más que un quinquenio. Recapitulemos algunos de los pasos dados en este período.
- Se eliminaron prohibiciones absurdas para los cubanos en relación con la compra de efectos electrodomésticos, acceso a los hoteles, compra y venta de sus propiedades incluyendo viviendas y vehículos de transporte, libertad de viajar sin tener que recibir un permiso de salida y una carta de invitación, etc.
Entrega de tierras ociosas a usufructuarios y eliminación de trabas a la unidades básicas de producción cooperativa e inicio de formas más expeditas de comercialización de los productos.
Inicio de la creación de cooperativas no agropecuarios y permisión del trabajo por cuenta propia en decenas de actividades y la autorización a contratar trabajadores..
Inicio de la separación de las funciones estatales de las empresariales y transformación de los esquemas que han regido a las empresas estatales para darles mayor autonomía y responsabilidad sobre sus producciones y el manejo de sus finanzas.
Al mismo tiempo, se ha logrado la hazaña de balancear nuestro comercio exterior con el aumento de la exportación de servicios y la renegociación de la deuda externa cuyo logro más reciente ha sido la condonación del 90% de nuestros adeudos a Rusia, que datan de la época de la URSS, y se elevaban a 35, 000 millones de dólares.
Esto solamente grosso modo para indicar la anchura del camino abierto en estos tres años, a lo que hay que sumar el ahorro en gastos internos que no eran necesarios, el estímulo a la construcción y reparación de viviendas por cuenta propia o por vía oficial, como la acertada reconversión de antigua escuelas en el campo en viviendas para nuevas comunidades agrícolas.
Añádase a ello el sostenido prestigio internacional de Cuba por su conducta vertical, apegada al derecho internacional y con la práctica generosa de la solidaridad con los necesitados y la cooperación mutuamente ventajosa con las demás naciones.
El balance de estos tres años es claramente positivo. Sin embargo, queda por hacer lo más complejo, comenzando por la unificación monetaria y cambiaria, en particular esta última que es un verdadero rompecabezas de absurdidades que requiere de una decisión, probablemente, como la que utilizó, según la historia, el macedonio Alejandro Magno para zafar el nudo gordiano que le garantizaría el éxito en sus empeños.
La otra, terminar de liberar al Estado de las infinitas actividades empresariales que lo distraen de su atención a los medios fundamentales de producción y limitan el desarrollo de las fuerzas productivas. Qué florezcan más empresas pequeñas y medianas, más trabajo por cuenta propia, más cooperativas y más empresas socialistas eficientes y productivas y que se reduzcan las complicadas trabas burocráticas que nada tienen que ver con el socialismo y sí con la administración colonial sedimentada en nuestro sociedad.
Como expresan los lineamientos, “el socialismo significa igualdad de derechos e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, no igualitarismo. El trabajo es a la vez un derecho y un deber, motivo de realización personal para cada ciudadano y deberá ser remunerado conforme a su cantidad y calidad”
Los lineamientos buscan “el desarrollo económico del país y la elevación del nivel de vida de la población”. Todo dentro de una ética solidaria que debe caracterizar a una sociedad socialista.
Por ahí está el camino y para no perderlo, corresponde a los cuadros del Partido y del Estado ser ejemplos, abanderados en los que el pueblo pueda reconocer a sus guías y servidores leales, defensores de la unidad nacional hacia una sociedad siempre en perfeccionamiento para la mayor felicidad de todos sus hijos.