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miércoles, 30 de julio de 2014

Crímenes sin castigo

gaza-vineta-pablo-1_thumb1Por: Rolando López del Amo

Los días que corren traen noticias tristes para la humanidad que demuestran el grado de deterioro moral del imperialismo yanqui y sus aliados de la OTAN y el pobre papel que puede desempeñar la Organización de las Naciones Unidas.

El Estado Sionista de Israel continúa su represión militar contra el pueblo palestino, contra los residentes de Gaza en particular, franja de menos de 400 kilómetros cuadrados que sufre un bloqueo aéreo y marítimo total y una limitadísima conexión por tierra. Gaza es un gran campo de prisioneros convertido ahora en polígono de prácticas de las fuerzas armadas israelíes. La mayor parte de las más de mil víctimas mortales de la agresión sionista son civiles, mujeres y niños. Además del bombardeo despiadado contra las viviendas de Gaza, la aviación y la artillería sionista han atacado hospitales y escuelas, aún aquellas que funcionan bajo la bandera de las Naciones Unidas. Este tipo de agresión es la que la Carta de las Naciones Unidas prevé en su capítulo VII como caso que amerite la intervención internacional para detenerla. Se trata, evidentemente, de una agresión genocida.

En Ucrania, por su parte, tras el derrocamiento del presidente constitucional por grupos neofascistas y antirrusos, la represión militar contra la minoría rusoparlante, obligada a tomar las armas para defenderse, pero dispuesta al diálogo para una solución federalista que le asegure el respeto a sus derechos inalienables, también trata de ser aplastada militarmente con el ataque a las ciudades del sureste de Ucrania.

Tanto Netanyahu como Porozhenko quieren dominar a poblaciones serviles, sin derecho a su autodeterminación. En ambos casos, el respaldo de los EEUU y sus socios de la OTAN les garantizan su conducta criminal.

La situación de Ucrania sirve como pretexto, además, para aumentar el cerco militar a Rusia y tratar de destruir su economía por medio de sanciones a las que se añade ahora una decisión de un tribunal subsidiario del sistema de las Naciones Unidas para que el gobierno ruso desembolse 37, 000 millones de euros para “indemnizar” a un grupito de oligarcas que se apropiaron de las riquezas naturales del país en los tiempos desordenados que siguieron a la desintegración de la URSS. También se ha desatado una campaña mediática para satanizar a Rusia y tratar de aislarla para procurar su sometimiento.

Es la reacción del imperio frente al surgimiento de un mundo multipolar que tiene en los BRICS su más notable expresión.

El mismo imperio trata de desarticular la nueva unidad latinoamericana y golpear con todos los medios a su alcance a Cuba, aunque tengan que afectar seriamente intereses de sus aliados franceses o suizos; a Venezuela y ahora, particularmente, a la Argentina con decisiones judiciales de apoyo a los “fondos buitres” para sumir en el caos la economía del país austral.

El imperio no se resigna a perder su dominio unipolar y ya no sabe qué hacer para remontar la crisis sistémica del capitalismo internacional. Es ahora un nuevo Rey Midas, sólo que no convierte en oro lo que toca, sino en guerra, destrucción, muerte. Díganlo si no Irak, Libia, Siria, Afganistán, Ucrania, Palestina.