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lunes, 14 de julio de 2014

Los baños públicos

baño-publicoPor: Nelson Páez del Amo

Se conoce como micción (del latín mingere-mear) el acto de vaciamiento de una vejiga urinaria llena provocado por un reflejo, con mayor o menor urgencia, en dependencia de toda una serie de factores tales como: la cantidad de líquido ingerido, la edad, el estado funcional de las vías urinarias, presencia de fenómenos compresivos, afecciones urogenitales, etc. Explico todo esto para que el público lector comprenda la importancia que tienen los urinarios públicos como verdaderos oasis tanto de la urgencia mingitoria como de la coprológica- o escatológica, si prefieren el latín.

Aunque nadie se baña en ellos, en Cuba se conocen los urinarios, mingitorios, váter, toilets, water-closets… como baños públicos, me imagino que motivado por el diseño de nuestros cuartos de baño que incluyen también el inodoro, a diferencia de otras latitudes donde se ubican en recintos separados.

La costumbre de escribir en las paredes de estos recintos no es exclusiva de nuestro cubano archipiélago, ni mucho menos, pero siempre tuvo en la mayor de las Antillas el sello peculiar de la picardía característica de la personalidad del cubano, aunque de un tiempo a esta parte, como gustaba decir abuela, se ha ido perdiendo este rasgo distintivo y ha sido suplantado por la más supina vulgaridad. El empleo de las llamadas palabras obscenas en estos menesteres gráficos siempre estuvo presente, puesto que se trataba de baños para hombres y los términos fuertes no escandalizaban al público masculino. Actualmente es bastante infrecuente encontrar alguna escritura inteligente o simpática en un baño público; habitualmente nos tropezamos con nombres propios y alguna que otra grosería sin sentido. Recuerdo, hace ya bastantes años, solía leer mensajes y frases, en ocasiones con letras muy bien rotuladas, como aquella que aconsejaba: “Si tienes el bate corto, arrímate bien al home” u otra, colocada dentro de un marco, en el inodoro de un céntrico restaurante habanero, variante de otra mucho más grosera, que indicaba: “Defeque feliz, defeque contento pero, por favor, defeque dentro”.

Sentencias emanadas de la filosofía popular se podían encontrar con relativa frecuencia en las paredes de inodoros o mingitorios; un de ellas recuerdo rezaba: “En este lugar sagrado donde acude tanta gente, hace fuerza el más cobarde y se caga el más valiente”.

Hace no tanto tiempo leí, si “el alemán” no me traiciona, creo que en un baño de un servicentro en Sancti Spiritus, en medio de un montón de: “Aquí estuvo Yoany”, “Brayan es un bárbaro”, “Yoandry el jeboso” y otras muchas, más soeces y vulgares, plagadas de errores ortográficos, una cuarteta muy bien estructurada y sentenciosa que, escrita con plumón rojo, decía:

“Mear parado es merced/ que Dios otorgó a los hombres/ y escriben en la pared/ los comemierdas sus nombres”.

Pero la más original, el número uno del “hit parade”, la leí en 1958, en plena guerra insurreccional, en la Estación Central de Ferrocarril. Motivada por la actividad revolucionaria en La Habana y, según una directiva del centro, se colocó en la puerta de ambos baños, el de damas y el de caballeros, un letrero que advertía a los usuarios: “EL BAÑO TRABAJARÁ SOLO EN EL HORARIO DE 8 AM A 5 PM. LA EMPRESA”. La respuesta no se hizo esperar y un buen cubano, haciendo alarde de todo su ingenio y chispa criolla, escribió en una de las paredes de los inodoros: “Este anuncio estrafalario/ me ha causado gran sorpresa/ pues debe saber LA EMPRESA/ que el culo no tiene horario”.

Hasta más ver.