Por: Nelson Páez del Amo
Son tantas las cosas indebidas que veo y oigo por los diferentes canales de nuestra TV Nacional, que en ocasiones las dejo pasar, ora pensando que un desliz lo tiene cualquiera, ora para evitar caer en el censurable hipercriticismo…No obstante, llega un momentos en que la copa de la paciencia se colma ante las reiteradas muestras de irrespeto, incompetencia o indolencia que no queda más remedio que indignarse y recurrir a la pluma para denunciar tales conductas y exponerlas públicamente.
En el día de hoy, miércoles 5 de agosto del 2014, en el programa “Entre Amigos” del canal Cubavisión , Julio Acanda, experimentado periodista, locutor y presentador exitoso de nuestra televisión cubana, conversando con un joven intérprete, muy moderno él, teñido de rubio y con un peinado muy a la moda de quien, lamentablemente, no recuerdo el nombre, éste último comenzó a discernir sobre el odio y el amor y dijo, sin más preámbulo y sin siquiera mencionar el título de la canción, que precisamente, sobre ese tema iba a interpretar el próximo número. Cuando el joven cantante comenzó su interpretación es que caigo en cuenta que se trata, nada más y nada menos, que del conocidísimo vals “Ódiame” de la autoría del no menos famoso compositor peruano Rafael Otero López, quien llevó al pentagrama y musicalizó el poema “El último ruego” de uno de los más connotados bardos peruanos de finales del d siglo XIX y principios del XX Federico Barreto Bustíos, conocido como “El poeta del cautiverio”.
El vals “Ódiame”, recorrió buena parte del planeta en voces tan prestigiosas de América como: el trío Los Panchos, Julio Jaramillo, Soledad Pastorutti, Feliciano…Igualmente, conocidos artistas cubanos y españoles incluyeron este antológico vals en sus repertorios con diferentes arreglos musicales.
Es muy posible que el joven cantante no conociera, debido a su corta edad, los pormenores del “número” que escogió para su presentación en el programa “Entre Amigos”- aunque imagino que el muchacho tenga un representante, un profesor de canto, en fin, alguien que lo alumbrara y le explicara la connotación de la canción que interpretaría - además, en el estudio tiene que haber más de uno (El director artístico, el director del programa, el coordinador, los asesores…) que conocieran estos elementos históricos y, durante el ensayo, pusieran en conocimiento del novel intérprete la necesidad de comentarlos en un breve preámbulo antes de la interpretación del “número” por una elemental cuestión de respeto y ética artística para con una composición musical tan conocida en toda Latinoamérica y en buena parte del resto del mundo.
Estos son, precisamente, parte de los valores que pretendemos rescatar para nuestras nuevas generaciones: el respeto a los grandes intérpretes y compositores, a su obra, a su legado es uno de ellos. Estoy seguro que ese desliz no lo hubiera cometido un Rosillo, un Pinelli, un Cepero Brito… Y no porque tuvieran mejores cualidades para la presentación, simplemente se preparaban con mucho mayor rigor y tenían un respeto absoluto por el público a quienes brindaban lo mejor de su arte y de su creación.
Practiquemos de forma cotidiana el apotegma martiano de: “Honrar honra”. Reconocer el genio ajeno nos engrandece y nos hace mejores seres humanos.