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viernes, 4 de octubre de 2013

Un pollo en pañales

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Por: Yadira Escobar

MIAMI – Si un multimillonario ordena que le traigan un pollo que use pañales desechables, sin lugar a dudas que se lo servirán sin hacer muchas preguntas, mientras pague por el pollo y el pañal. Es posible que si pasa un miembro del “Tea Party” frente a su mesa se anime y dispare un discurso alabando aquella extravagancia como “gasto generador de empleo para el fabricante de pañales y para la granja de pollos simultáneamente”. Ese ridículo discurso no probaría nada en lo social, pero serviría de excusas para que todos agradezcan el gusto por el lujo, y todo tipo de vanidad desviando la atención de cosas más reales.

Ser rico no es un pecado, ni ser pobre una virtud, pero sin lugar a dudas si el rico tiene una mala conducta puede hacer más daño que un pobre, debido a sus recursos. Cuando pienso en la dirección que se mueve este país empujado por sus más ricos ciudadanos tan ajenos  de aquellas virtudes republicanas que hicieron grande a esta federación, veo ante todo su codicia sin fin y la ausencia total de compasión como causa de males mayores.

La gente enamorada del “Tea Party” y opuesta a las políticas de Obama en la Florida a menudo retratan a su gobierno de socialista por temas como la asistencia de salud pública o una política exterior demasiada diplomática para el gusto militarista de la ultraderecha. Esos grupos, casi siempre enemigos del bienestar general, apelan a la necesidad de un gobierno pequeño, a los bajos impuestos, y a un liberalismo económico favorable a su propia capacidad de hacer negocios, o de vivir del negocio ajeno, como se da en algunos políticos que sirven casi de rodillas al capital que los promueve.

Hace poco, dos representantes de Miami-Dade, el congresista Mario Diaz-Balart y la congresista Ileana Ros-Lehtinen, votaron para que se niegue ayuda alimenticia a los muchos hambrientos del sur de la Florida, que también viven dentro de sus respectivos distritos.  A primera vista pudiera sorprender esa postura tan antipopular y reaccionaria teniendo en cuenta que los que salen perjudicados no votarán por ese tipo de representantes. Pero si meditamos bien, esa conducta es la señal evidente de la ineficiente democracia que padecemos por aquí.

Estos tipos de políticos que para nada son representativos de la clase trabajadora que enfrenta el desempleo, mantienen un doble perfil que toca el tema de Cuba y el tema doméstico norteamericano combinados ambos en ataques al partido demócrata y al presidente Obama. Por una parte seducen al viejo electorado cubanoamericano todavía obsesionado con el odio al estado cubano, y por otro sirven a los ricos norteamericanos.

El capital concentrado en pocas manos no tiene fuerza electoral, pero tiene suficiente peso en unas elecciones donde la prensa privada sirve dócilmente al que paga y no a los ciudadanos comunes. La propaganda intensa de estos políticos tan disociados del pueblo insiste en una retórica antisocialista que pretende legitimar al máximo el lucro privado diciéndonos que el rico genera empleos porque contrata una cocinera, un jardinero y un chofer y su sola existencia riega dinero por doquier. Se olvidan decir que ese dinero primero se lo quitan a una masa más grande de trabajadores que no cuenta con buenos representantes, y que las migajas que dejan caer a sus empleados, no ayuda tanto a la economía general.