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lunes, 23 de junio de 2014

EL BUEN USO DEL LENGUAJE

lenguajePor: Dr. Nelson Páez del Amo

Para nadie medianamente informado constituye un secreto los ingentes esfuerzos que se realizan en nuestro país en torno al estudio continuado y el buen uso de la lengua materna que, en nuestro caso específico es el idioma español. No soy enemigo a ultranza de los neologismos cuando estos son apropiados y necesarios, pero sí me opongo a su empleo indiscriminado solo por aquello de estar “a la moda”.

En el periódico Granma del sábado 21 de junio del 2014 leí, en un artículo titulado: Alto nivel científico en Congreso sobre Desastres, de la autoría del periodista Ramadán Arcos, el siguiente párrafo: “El jefe del Estado Mayor de la Defensa Civil significó las jornadas de intercambio donde se analizaron aspectos clave sobre peligro y vulnerabilidad, adaptación al cambio climático y resiliencia urbana.” Yo no pongo en dudas que el autor haya escuchado la palabreja en alguna de las ponencias- los profesionales, sobre todo a nosotros los médicos, nos encantan los anglicismos y galicismos- pero lo que le critico, como profesional de la palabra, es no haber consultado el DRAE antes de emplearla en su reseña del congreso y haberse convencido que el término de marras no está aprobado por la que “limpia, fija y da esplendor”, o sea, no existe en nuestra lengua, ni se le concede el honor de ser parte de nuestro léxico por su amplio y sostenido uso. Si hubiese hurgado, además, en un diccionario de la lengua inglesa se hubiera encontrado la siguiente respuesta:

re·sil·ience [ri zíllyənss]

o re·sil·ien·cy [ri zíllyənssee]

noun

1.

speedy recovery from problems: the ability to recover quickly from setbacks

2.

elasticity: the ability of matter to spring back quickly into shape after being bent, stretched, or deformed

Sustantivo.

  1. Recuperación rápida de los problemas: habilidad para recuperarse rápidamente de los reveses (contratiempos, etc).

En nuestra doctrina sobre reducción de desastres se contemplan cuatro etapas de la planificación de las medidas de la Defensa Civil para la protección a la población y los recursos económicos a saber: 1. la prevención, 2. la preparación, 3. la respuesta, 4. LA RECUPERACIÓN. Esta última se compone de dos acciones a realizar: la rehabilitación y la reconstrucción.

Anteriormente, hace 20-30 años, se denominaba esta etapa con el término de “liquidación de las consecuencias”, que habíamos extraído literalmente de la definición soviética. Después de la desaparición de la URSS y con la incorporación del concepto de “Guerra de todo el Pueblo” se adoptó el de “fase de recuperación o recuperativa”.

Como fácilmente puede apreciarse no existe necesidad alguna de recurrir a anglicismos para que el público tenga cabal comprensión de la idea de recuperación urbana que quiso expresar el autor y su significado, sin que sea menester recurrir a la disonante palabreja. En lo tocante a la rapidez de la recuperación, implícita en el término anglosajón, desgraciadamente en el caso en cuestión es solo un loable deseo, puesto que la prontitud de la recuperación depende de varios factores, la mayoría de ellos ajenos a nuestra voluntad.

Dejemos que sean las palabras de José Martí las que sirvan de epílogo a este reclamo lingüístico:

“No hay placer como este de saber de dónde viene cada palabra que se usa, y a cuánto alcanza; ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el estudio esmerado y la aplicación oportuna del lenguaje. Siente uno, luego de escribir, orgullo de escultor y de pintor.”