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viernes, 6 de junio de 2014

MONARQUIAS Y REPUBLICAS

BarataPor: Jorge Gómez Barata

La abdicación del rey de España no sólo ha provocado la movilización de una parte de la sociedad española, sino una reacción mediática. En el mundo existen unas 40 monarquías. La más antigua y la que más súbditos posee es la de Japón (660 a de C), y en Europa, Dinamarca, con más de 1000 años de existencia. La más problemática es la de España, y fuera de allí no se conoce de ningún movimiento antimonárquico relevante.

La mayor parte de las monarquías existen en países económica y culturalmente desarrollados, algunos como Australia, Canadá, Jamaica, Antillas Holandesas, y otros, son súbditos de los reyes de Inglaterra y Holanda y apenas lo saben. En occidente todos se combinan con la democracia liberal y, a diferencias de las del Medio Oriente, las europeas son de tipo parlamentarias, en las cuales los reyes y las reinas representan al Estado sin ejercer funciones de gobierno.

En algunos países, especialmente los multinacionales como Gran Bretaña, Bélgica y España, donde el separatismo y la competencia partidista fragmentan a las naciones, se asume que los reyes contribuyen a la cohesión nacional. En algunos los monarcas son figuras sumamente respetadas: Isabel en Gran Bretaña, Beatriz en Holanda y la difunta Grace Kelly en Mónaco. Muy pocas mujeres han alcanzado tanta popularidad y simpatía como la princesa Diana de Gales.

En Europa donde los reyes no son sátrapas, la realeza ha perdido prestigio más por el comportamiento frívolo y con frecuencia corrupto de algunos de sus miembros, que por razones políticas.

ESPAÑA

En España, el país del mundo donde más reservas se expresan respecto a la monarquía, el debate no es frívolo ni académico, y su intensidad se explica por tres razones: la Guerra Civil, la dictadura de Franco y el modo como se realizó la transición a la democracia.

El debate en torno a la proclamación de la República Española fue el eje de una violenta, prolongada y cruenta guerra civil que duró tres años, y costó la vida a más de medio millón de españoles, condenó al exilo a decenas de miles y dio lugar al establecimiento de una feroz dictadura, que se prolongó por más de cuarenta años.

Esos hechos históricos, profundamente significativos, y no antipatías circunstanciales respecto al rey, basado en los gastos que ocasionan, como tampoco en anécdotas acerca de si caza elefantes o zorros, o práctica velas o esquíes, son el fondo del debate y la motivación de la reacción española.

Nadie debiera preocuparse en demasía por el debate en España donde la sociedad cuenta con instrumentos constitucionales para abordar el asunto. Por otra parte, críticos y partidarios deberían comprender que los problemas del mundo de hoy no se derivan de una u otra forma de gobierno, sino de las esencias del sistema y de la eficacia con que se opera.

Todas las monarquías no son satrapías, ni todas las repúblicas ejemplo de probidad y eficiencia. Hay monarquías banales, corruptas, y repúblicas bananeras; también imperios y teocracias. Como en la viña del señor: de todo. Allá nos vemos.