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miércoles, 27 de agosto de 2014

Nota sobre la campaña antirrusa de la OTAN

otanPor: Rolando López del Amo

La campaña antirrusa de Occidente va creciendo. Después del golpe de Estado contra el presidente ucraniano Víctor Yanukovich para castigarlo por los acuerdos firmados con Rusia y la dilación de los que debía firmar con la Unión Europea, la escalada de la OTAN en su afán de cercar a Rusia por todos los flancos europeos y despojarla de sus históricas instalaciones de su flota en el Mar Negro, condujo a la decisión de la República Autónoma de Crimen, aprobada en referendo nacional por más del 95% del electorado, de separarse de Ucrania y pedir su incorporación a la Federación Rusa. Crimen solamente se incorporó a Ucrania en la década del sesenta del siglo pasado, cuando ambas repúblicas eran parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En ese momento el máximo dirigente soviético era el ucraniano Nikita S. Jruschov. Por entonces no se objetó la decisión. Eran tiempos en los que nadie avizoraba la posible desintegración de la URSS.

La reincorporación de Crimen a la Federación Rusa alentó a la población rusoparlante del este de Ucrania, agobiada por la crisis económica ucraniana y lastimada por las medidas de las nuevas autoridades de Kiev contra sus derechos inalienables y viendo que desde Kiev se negaba una solución política, decidieron proclamar una república independiente que se llamaría Nueva Rusia. Así las cosas, los EEUU y sus socios de la OTAN decidieron que se convocara a unas elecciones inmediatas para buscar una legitimación al gobierno central. Las apresuradas elecciones no se celebraron en el este del país. El ganador fue el oligarca Petro Porozhenko, conocido como “el rey del chocolate” por sus negocios en ese sector de la alimentación. Parecía entonces que se produciría un acuerdo entre todas las partes y se buscaría una solución política negociada para la insurrección en el este del país. Sin embargo, la decisión, promovida por los EEUU y la Unión Europea a través de la OTAN, fue la de optar por el aplastamiento militar de los separatistas o federalistas.

La opción militar, que tiene un activo y escandaloso portavoz en el señor Rasmussen, ha llevado a un deterioro constante de la situación. Las acciones del gobierno de Kiev contra la población civil que habita en el este de su país son tan criminales como las del gobierno sionista de Israel contra la población palestina de la franja de Gaza. Solo que han topado con una resistencia más fuerte.

Ochocientos mil habitantes del este de Ucrania han abandonado sus hogares y más de setecientos mil de ellos se han refugiado en Rusia según agencias de prensa internacionales. Las tropas de Kiev han cortado los suministros de electricidad y agua, las líneas telefónicas, los abastecimientos esenciales, mediante operaciones de cerco y bloqueo, en tanto que los EEUU y la Unión Europea han impuesto sanciones económicas a Rusia y amenazan con aumentarlas. A ello se añade una guerra mediática que tiene como voceros apocalípticos al gobierno de Kiev, Porozhenko, y a la OTAN, Rasmussen.

Un momento de clímax fue el caso del avión de Malaysian Airlines caído en territorio ucraniano ocupado por las fuerzas separatistas y la inmediata acusación de que estos eran los responsables del derribo del avión. Ya pasó más de un mes desde que los separatistas entregaron las cajas negras del avión a las autoridades de la línea aérea para que fueran analizadas en Occidente. Además, protegieron el lugar de los hechos y cuidaron de los cadáveres y restos del avión hasta que llegaran las autoridades de Europa Occidental designadas para la revisión del sitio y el retiro de los restos. Todo eso, mientras las fuerzas armadas de Kiev trataban de atacar el lugar y, de hecho, impedir y afectar la labor de investigación y la actividad humanitaria póstuma. En realidad, hay serios elementos que apuntan contra las autoridades de Kiev como responsables directas del derribo, amén de la responsabilidad básica de mantener abierto un corredor aéreo sobre una zona de guerra, lo que hace a las autoridades de Kiev responsables en primera instancia.

Rusia, por su parte, ha actuado con toda serenidad y ha respondido, proporcionalmente , a las sanciones que le han impuesto y ha abogado en todos los foros por una solución política pacífica al conflicto de Ucrania y ha evitado caer en múltiples provocaciones que se le han tendido.

Rusia, además, ha acogido a los cientos de miles de refugiados llegados a su territorio y ha preparado una importante ayuda humanitaria urgente para aquellos ciudadanos que aún permanecen en las ciudades ucranianas objeto de ataque y campaña de cerco y aniquilación. Esta actitud solidaria es bien entendible hacia una población que hasta hace solo una veintena de años era parte del mismo país.

El gobierno de Kiev detuvo durante días, con una excusa u otra, la llegada del convoy humanitario desesperadamente necesitado por los pobladores de Lugansk. El gobierno ruso tomó la decisión de hacer llegar esa ayuda a través de la Cruz Roja Internacional. En vista de que los días pasaban y la situación de las víctimas se agravaba y los socios de la OTAN se han vuelto cómplices de esa conducta criminal, el gobierno ruso decidió hacer llegar la ayuda al otro lado de la frontera.

De la misma manera que la ayuda humanitaria internacional a los palestinos de la franja de Gaza, víctimas del genocidio sionista, o a los yazidíes de Irak, víctimas del genocidio del “Califato de Bagdad”, es imprescindible y legítima, también lo es a los ciudadanos del Donbas, víctimas de la extrema derecha ucraniana, heredera de aquella que colaboró con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

De otra parte, el cinismo de los EEUU y sus socios de la OTAN es increíble. Ellos sí pueden invadir a Afganistán o a Irak, desmembrar por la fuerza a Yugoslavia, derrocar por la fuerza al gobierno de Libia o enviar armas y ayuda múltiple a las fuerzas que tomaron las armas contra el gobierno de Siria. Ellos pueden invadir y crear el caos, apoderarse de las riquezas de otras naciones por la fuerza y desmembrar Estados soberanos y bombardear el territorio de otros como Pakistán, Yemen o Somalia con cualquier pretexto y apoyar el genocidio israelí en Gaza y justificarlo. Es mucha la desvergüenza del imperio y sus adláteres que se creen con el derecho de imponer a la humanidad, incontestablemente, sus dictados. No quieren aceptar que el mundo unipolar que manejaban a su antojo ya comenzó a dejar de serlo.