Por: Nelson Páez del Amo
Han caído en mis manos dos artículos de diferentes autores, uno corroborando al otro, en los que se plantea la reivindicación del 20 de mayo como efeméride patria que, según el criterio expreso de los articulistas: “determinadas fechas marcan un antes y un después”. El segundo escrito, cita un párrafo del primero que textualmente dice: “Para los cubanos, una fecha de estas características es el 20 de mayo de 1902. Ese día simboliza la desaparición del sistema colonial español que aherrojó a la isla durante 400 años y también concluyó la primera intervención militar yanqui en Cuba. Los cubanos supimos derrotar, tanto al coloniaje peninsular como a los intentos de anexión de la isla a Estados Unidos. Estas victorias no son poca cosa”. Estoy en perfecto acuerdo que ambas supuestas conmemoraciones no serían poca cosa, si verdaderamente se conmemoraran la desaparición del sistema colonial y el fin de la presencia yankee, pero ajustándonos a la cruda realidad de los hechos y no a los deseos, el 20 de mayo marca el inicio de una nueva forma de coloniaje, con himno, bandera y gobierno incluidos como cortina de humo, y el inicio de una dominación norteamericana sobre nuestro archipiélago que duraría 57 años. Todavía, hace ya más de un siglo, padecemos la indignante presencia de una base naval hollando nuestro suelo patrio como espina hiriente, cuyo recuerdo nos traería cada año la propuesta celebración del “Día de la Independencia”.
No es secreto para nadie que desde los albores mismos de la creación de los Estados Unidos de Norteamérica, todos sus primeros presidentes manifestaron, de una u otra forma, su ambición por Cuba y la conveniencia de convertirla en otra estrella más de la Unión. La penetración económica de EEUU desde la época colonial no fue fortuita ni casual, ni la actitud asumida por los gobiernos norteamericanos en las guerras de independencia tampoco. El naciente establisment solo aguardaba el momento más propicio y supo esperar a que el ejército mambí desgastara a las fuerzas coloniales y declararon la guerra a España bajo el pretexto del controvertido hundimiento del acorazado Maine. Lo otro sería impedir una reacción popular y hacerse con el botín de la mejor manera posible, lo que lograron desarmando al ejército libertador, prohibiendo su entrada en Santiago de Cuba esgrimiendo argumentos espurios, convocando a unas elecciones excluyentes de la masa popular, promoviendo un único y dócil candidato e imponiendo un apéndice en la flamante Constitución que le garantizaba adueñarse de la economía del país, controlarlo políticamente y arrogarse el derecho de intervenir militarmente cuando estimara conveniente bajo el eufemístico y moldeable pretexto de “salvaguardar los intereses de los EEUU”.
En el segundo escrito, con el objetivo de reafirmar la reivindicación de la fecha de marras, se recurre a una cita de Rubén Martínez Villena de su artículo Baire de 1923:“Hora es ya de consolidar la obra que una época de transición forzosamente incolora ha puesto en peligro. […] Hora es de tener Patria de verdad”. La referencia de Rubén de “consolidar la obra” evidentemente señala al objetivo del Grito de Baire y tacha al período republicano de “transición forzosamente incolora”, reclamando que es “hora de tener Patria de verdad”, tal y como lo hiciera en sus versos en los que pidió una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones y para que los hijos de Cuba no mendigaran de hinojos, la Patria que sus padres le ganaron de pie…Y que les fue arrebatada, precisamente, el 20 de mayo de 1902 con la instauración de una república que nunca pudo ser por la permanente intromisión norteña y la dependencia económica.
Por mucho que se quiera justificar, con las mejores intenciones del mundo, el 20 de mayo como fecha patria, siempre estará nublado ese día por el recuerdo del robo de nuestra independencia, la imposición y la prepotencia del gobierno norteamericano, el ver pisoteadas nuestras ansias de independencia y autodeterminación… En fin, por la frustración del sueño republicano de Martí.
--------------------------------------------------------------
La reivindicación del 20 de Mayo. Una decisión impostergable
Fecha: 2014-10-20 Fuente: CUBARTE
20 de mayo de 1902. El cambio de banderas se efectuó en los mismos momentos en que se producía en el Palacio la ceremonia del cambio de poderes.
Hace unos días tuve la suerte de leer un artículo que, como mínimo, me sorprendió y me alegró. Su título, Reivindicación del 20 de Mayo, del autor Fidel Vascós González.
La valoración de Vascós sobre la fecha coincide totalmente con mi propia reflexión, toda vez que se refiere a la necesidad que tenemos los cubanos de reivindicar esa fecha como un momento importante en el devenir del movimiento libertario de nuestro pueblo.
Luego de adentrarse en algunas consideraciones con respecto a la importancia que pueden tener determinadas fechas para un país, en tanto marcan “un antes y un después” en la vida de los pueblos, y hasta logran generar fuertes polémicas entre defensores y detractores de su trascendencia, se refirió a la fecha del 20 de Mayo, afirmando que:
“Para los cubanos, una fecha de estas características es el 20 de mayo de 1902. Ese día simboliza la desaparición del sistema colonial español que aherrojó a la isla durante 400 años y también concluyó la primera intervención militar yanqui en Cuba. Los cubanos supimos derrotar, tanto al coloniaje peninsular como a los intentos de anexión de la isla a Estados Unidos. Estas victorias no son poca cosa”. (1)
Con anterioridad a este análisis había encontrado una formulación coincidente, con matices propios, en el libro de la ensayista y profesora Ana Cairo, 20 de Mayo, ¿Fecha gloriosa?, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales en el año 2002.
La doctora Cairo ofrece en el texto una buena selección de los argumentos que, sobre el significado de la fecha, se movieron en la época desde un destacado grupo de intelectuales, políticos y luchadores por la independencia de la patria, hasta la manera emocionada y feliz con la cual los cubanos de entonces recibieron el advenimiento de la República, ganada por el esfuerzo y la entrega de sus hijos.
La sustitución de la bandera norteamericana por la bandera cubana, izada esta última por el muchas veces glorioso Máximo Gómez ante la presencia del Gobernador norteamericano Leonardo Wood, selló, sin lugar a dudas, un antes y un después para la nación cubana.
Tan singular acontecimiento, que marcó el inicio del estado nacional cubano, fue seguido por una expresión del jefe mambí, cargada de todo el simbolismo, la validez y la autoridad de su propio accionar.
En ella, el general de las guerras independentistas decimonónicas aseguró: “¡Ya hemos llegado!”
Y cuenta el periodista testimoniante, Víctor Muñoz, que el general Máximo Gómez pronunció dicha frase lleno de entusiasmo y nublados sus ojos por las lágrimas, mientras un grupo de jefes del Ejército Libertador le abrazaban en el salón del palacio donde poco antes se habían traspasado los poderes del gobierno al elegido para regir sus destinos. (2)
Otros acercamientos al tema han sido esbozados por la Dra. Francisca López Civeira, profesora titular de la Universidad de La Habana y muy especialmente por la Dra. en C. Filosóficas Concepción Nieves Ayús, que motivó el análisis en el reciente evento teórico La sociedad cubana hoy: cultura y ética políticas, convocado por la sección de Ciencias Sociales de la Sociedad Económica de Amigos del País.
El debate en torno al tema se mantiene vigente con fuerza actualmente, en los más diversos ámbitos dentro y fuera del país, en los ámbitos de la cultura, la historia y los ejercicios pedagógicos.
La República que nació el 20 de Mayo de 1902, sin lugar a dudas, no alcanzó el ideal de independencia que fluía en el imaginario de los patriotas de los siglos precedentes, sin embargo, el hecho de que los interventores se vieran obligados a poner fin a la Intervención, y buscar otros caminos más encubiertos para ejercer su dominio, todos los cuales pasaban por el reconocimiento de una independencia que, aunque naciera mutilada, fue la que pudieron ganar los mambises hasta ese momento.
De esa suerte, tener un himno, una bandera y un estado, fueron hechos en cuyos términos se inscribiría la continuidad de la lucha por la verdadera independencia. No estuvo errado Sanguily cuando, durante el debate en el seno de los delegados a la Constituyente, ante la disyuntiva de tener que incluir la Enmienda Platt en la Constitución de la República o sufrir la continuidad de la intervención norteamericana, afirmó que dicha Enmienda era un hecho, pero que se imponía laborar por su derogación, y que el esfuerzo y la capacidad posteriores de los cubanos, lograrían o no la verdadera independencia.
En realidad, la perspectiva prevista por Sanguily se hizo evidente durante las cinco primeras décadas de la república cubana, con su hito del 1º de Enero de 1959. Asomarse a a historia republicana burguesa de Cuba, es apreciar cómo el carácter de la independencia dependiente impuesta por los intereses de Estados Unidos, no tardó en hacer reverdecer, en los diversos sectores populares, la lucha por la verdadera emancipación de la patria cubana, que comenzó a inscribirse y a radicalizarse desde las primeras décadas del siglo XX, cuando la lucha emancipatoria, que pasaba por la destrucción de la intromisión norteamericana en los destinos de Cuba, se fue abriendo espacio como la contradicción fundamental a resolver para el goce de la verdadera independencia nacional.
A principios de la década del 20, cuando el movimiento popular contestatario se desataba con fuerza desde sus diversos sectores, Rubén Martínez Villena dio su valoración acerca de la significación de aquel singular acontecimiento histórico y su continuidad.
En su artículo Baire, del 24 de febrero de 1923, entre otros muy valiosos argumentos, escribió:
“Hora es ya de consolidar la obra que una época de transición forzosamente incolora ha puesto en peligro. […] Hora es de tener Patria de verdad”. (3)
En el devenir histórico cubano, el 20 de Mayo de 1902 marcó un hito en sus luchas independentistas. Fue, ante todo, el fruto, hasta donde fue posible, del esfuerzo y la entrega de un pueblo que desde entonces decidió no cejar en el empeño de ver a Cuba verdaderamente libre. Una nueva razón en el camino hacia la real independencia, desde una República cuyo nacimiento no pudieron impedir los interesados, ambiciosos y siempre inconformes vecinos del norte.
Es una fecha que nos pertenece. Fue lo máximo que pudieron alcanzar nuestros mambises y urge no seguirla regalando a Estados Unidos, cuando en verdad fue otro paso en el camino hacia el fin de su dominio sobre una tierra rebelde y gloriosa.
Notas
(1)Vascós, Fidel: Reivindicación del 20 de Mayo. http://segundacita.blogspot.se/2014/05/reivindicacion-del-20-de-mayo.html
(2)Muñoz, Víctor: “Las fiestas de la República”, diario El Mundo, 21 de mayo de 1902, p. 1.
(3)Martínez Villena, Rubén: “Baire, 24 de febrero. 1895-1923”. En: Olivia Miranda: Rubén Martínez Villena. Ideario Político. Edit. Sociedad Económica de Amigos del País, 2003.