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lunes, 27 de octubre de 2014

SIN HABLAR NADIE SE ENTIENDE

BarataPor: Jorge Gómez Barata

Es de perogrullo: sin hablar, nadie se entiende. El mayor obstáculo para la solución o atenuación del diferendo entre Estados Unidos y Cuba ─y para la cooperación en cualquier campo, incluido el humanitario─, no es político, ideológico o económico, es la incomunicación. Las partes no dialogan para aproximarse: el diálogo es la aproximación.

Es importante además la claridad de los objetivos. Apuesto a que, en los años cuarenta, Roosevelt y Churchill nunca se reunieron con Stalin para discutir sobre filosofía ni para recriminarse mutuamente. Su propósito era concertar acciones acerca de cómo cooperar para derrotar al fascismo y conducir la guerra en Europa y el Pacífico.

Desde hace 55 años, cuando en 1959, el vicepresidente Richard Nixon y Fidel Castro conversaron en Washington, nunca más los mandatarios de Cuba y los Estados Unidos han intercambiado ni una sola palabra.

Debido a la habitual discreción ─a veces injustificada─ no se conoce si además de los pronunciamientos de Fidel y Raúl Castro, John Kerry, el Times y algún vocero del Departamento de Estado acerca de la necesidad de cooperar para enfrentar al Ébola, existen propuestas o aproximaciones concretas que los complementen.

De no ser respaldadas por iniciativas especificas y gestiones puntuales, incluidas las de los órganos intermedios, expertos, así como personas o factores que puedan aportar ideas, incluida la prensa ─como ahora hace The New York Times─ los pronunciamientos de los líderes y altos responsables pueden convertirse en líneas de deseos o intenciones proclamadas.

Obviamente no se trata sólo de que los médicos hablen y cooperen en el terreno donde la fraternidad se impone, sino de que lo hagan los gobernantes que para ello han de encontrarse, negociar y actuar de conjunto. ¿Lo hacen? ¿Están listos? ¿Existe una agenda?

Cuando como ocurre entre Cuba y los Estados Unidos, apenas existen relaciones diplomáticas, prácticamente no hay vínculos científicos y académicos, las posibilidades de viajar de un país a otro para intercambios entre científicos y expertos y las posibilidades para compartir información u opiniones o participar en eventos son restringidas por medidas políticas o administrativas y cuando, incluso hablar por teléfono es una odisea, las opciones de cooperación pueden sumar cero.

De lo que se trata es de romper el círculo estéril de la incomunicación, de las prohibiciones y las reservas, deponer cualquier actitud de ganadores, y dar el primer paso. El único riesgo es recibir un portazo; no obstante, se puede reintentar y probar una vez más.

La pregunta no es a quién corresponde tomar la iniciativa, sino cual se atreve a hacerlo y quién asumirá los costos de rechazar una mano tendida, no para pedir dádiva o favor, sino para juntarla a otras y apoyar a los que sufren. Para los que se aventuren habrá más aplausos que críticas.

La asimetría del diferendo indica que corresponde a Estados Unidos comenzar a desmontar medidas restrictivas, entre ellas la prohibición a los norteamericanos de viajar a Cuba y borrar a la Isla de las listas en que arbitrariamente ha sido incluidas. La parte cubana será consecuente y receptiva.

En África hay personas muriendo y otras arriesgando sus vidas para salvarlos y la epidemia puede propagarse. En nombre de ellos y por su bien: depongase la hostilidad para que la generosidad prevalezca. La cooperación rinde más que la hostilidad y la paz produce más dividendos políticos que la guerra. Allá nos vemos.