Por: Román Hernández
Siempre me he inclinado, sobre el lado izquierdo de la política y no porque me la hubiesen dibujado con fino pincel, sino porque entiendo que en su interior encuentro belleza y buenas intenciones, aunque casi siempre y por desgracia, malas decisiones. Por avatares de la vida vivo en Miami hace seis largos meses, no fue fácil la decisión de partir de mi cubita, pues es, y lo confieso con sinceridad el lugar que más amo en el mundo. Estando por este lado del conflicto he podido constatar verdades y falacias, he visto tristezas incluso mayores que las de allá, también he visto felicidades y éxitos. Por esta razón, con este modesto análisis quisiera servir de faro a los jóvenes y no tan jóvenes que se embarcan en esta aventura y dejar mis humildes puntos de vista, que dicho sea de paso jamás se acercarán a los de la mayoría y mucho menos a los de la minoría.
Más de un amigo me ha dicho con seguridad, que los primeros años son los más difíciles, pero que con el tiempo te acostumbras, he tratado de interpretar esa frase que tantas bocas amigas me regalan con tranquilizadora intención, frase que solo me conduce por un estrecho camino de entendimiento, o sea, te acostumbras a ser un ser frío y calculador, a no tener tan presentes ya a amigos y hasta familiares, te acostumbras también, al fortísimo trabajo a los que están resignados la gran mayoría de los emigrantes, ya sea por razones de idiomas o sencillamente por arribar el último, trabajo que tienes que realizar a como dé lugar, pues de ello depende tu vida y muchas veces la de tu familia. Te acostumbras también a la soledad que te brinda tan gentilmente el internet de metro PCS, que es el que puedes costear, te acostumbras a sentir el gran vacío de pagar una renta inmensa, que en las mayorías de las ocasiones logra arrancarte las tres cuartas partes de tu sacrificado salario; a la letra, y no precisamente a la de una bonita canción de buena fe, me refiero a la letra del tan añorado carro que te logra arrebatar el cuarto del salario que te falta.