La cadena de noticias Telsur al fin entró en Cuba
Por: Alejandro Ulloa García
Cambiarán. No lo duden, la prensa y el pueblo cubano cambiarán. A partir de este domingo, Telesur dará a las pantallas cubanas la calidad de una televisora comprometida con el periodismo y la realidad del mundo y, sobre todo, del sur y desde el sur.
Pero, ¿por qué digo que cambiarán?, ¿acaso no somos accionistas de Telesur y contribuimos a su materialización todos los días?, ¿acaso no compartimos su visión? Sí y no, no y sí, más o menos… Ahora les digo mi opinión.
Somos uno de los países que forman parte activa de la Cadena Multiestatal Telesur, eso está claro. Incluso, su visión latinoamericanista y revolucionaria es uno de los principales fundamentos defendidos por Cuba desde la arena internacional y nacional con sobradas acciones: desde médicos hasta maestros, desde combatientes hasta trabajadores sociales han llegado a diferentes países para generar cambios para el bien de los pueblos.
Pero, el pollo del arroz con pollo no es ese: es que Telesur cubre, en el mismo momento que se suceden, acontecimientos que la prensa cubana tarda horas, e incluso días en valorar la forma de su divulgación; y, socialmente, da protagonismo a los pueblos que reclaman las cosas como se debe: a voz en cuello y sin tapujos –recordemos que en América Latina la desigualdad alcanza grandes proporciones y los pueblos dominan las formas de reclamar sus derechos, sean cuales sean.
Ahora, inserten esos modelos de periodismo y sociedades en convulsión en un país donde la prensa está burocratizada, o donde los escuetos y pequeños resúmenes internacionales de los noticieros apenas dan una visión parcializada y muchas veces parca –por la poca contrastación y el escaso tiempo del que disponen–, de la realidad internacional –en contraste a los “acontecimientos en pleno desarrollo” que cubre genialmente Telesur–; o donde el pueblo cubano, más allá de su acostumbrada crítica indiscriminada con lo que sea, carece de la espontaneidad necesaria, siquiera, para organizar actos en apoyo a los Cinco o por la salud de Chávez, si no median instituciones.
El encontronazo de realidades es brutal. Pero yo contento, porque puede ser el motor necesario para que una y otro –prensa y pueblo– se incorporen con valentía y fuerza suficientes al proceso de cambios políticos, económicos y sociales que realiza el Estado cubano con la dirigencia de Raúl Castro.