Otra vez nos enfrentamos a un nuevo experimento que revolucionará la TV cubana de tal manera que nos quedaremos con deseos de ver más y más. Al menos ese fue el mensaje que recibí con la presentación de la novel pero ya polémica serie SOS Academia que se transmite por el canal Cubavisión martes y jueves al concluir la novela. ¡Pero qué lejos estuvo lo que prometieron de lo que realmente es!
Una vez más la decepción transita por mí cuando veo que excelentes profesionales de la actuación son involucrados en proyectos que por falta de todo no llegan a tener nada. Es decepcionante ver cómo se invierte todo un presupuesto, del cual desconozco la cifra pero me la imagino, en un producto audiovisual que no gusta en primer lugar y en segundo que seremos incapaces de vender en el mercado y que sin dudas pasará por nuestras vidas sin saber que pasó. El producto audiovisual en cuestión deja mucho que decir, pues en primer lugar no refleja en nada la realidad cubana, no se parece a nuestra gente, no me dice lo que sucede dentro de una verdadera compañía danzaria y mucho menos me muestra a personajes de carne y hueso, sino caricaturas con conflictos poco creíbles.
¿Por qué no ubicar la trama en una de nuestras escuelas de arte, con sus verdaderos problemas y virtudes? ¿Por qué no reflejar la situación, a veces bastante triste, de la enseñanza artística cubana, matizándola con esos aires renovadores y experimentales que quisieron introducirle a la serie? ¿Por qué no utilizar personajes reales con situaciones reales? Trató de alejarse tanto de nosotros que al final nos presenta un producto que vagamente llega a ser aceptado.
Me parece que el mecanismo de producción del ICRT está fallando en algo que permita saber lo que el público quiere ver, para luego mezclarlo con aquello que necesita ver, que son dos cosas bien diferentes, pero que estudiado y analizado a profundidad puede ofrecer un producto con verdaderos valores culturales, estéticos y humanos. No se puede invertir un presupuesto en series o programas que no tendrán teleaudiencia, que solo verán su director y el elenco artístico que participó. En estos momentos de reordenamiento económico que vive el país es el ICRT quien primero debe saber para qué se destina cada centavo dedicado a la programación y aquellos espacios con muy baja audiencia o con problemas en la calidad del producto final deben ser sustituidos por otros que ofrezcan más y prometan menos. Pero repito, deben estudiarse los públicos, deben conocerse sus intereses, gustos, preferencias y a eso agregarle la metodología que existe para obtener un buen programa.
Creo que el público cubano está necesitado de verse en la pequeña pantalla, no con la misma rutina de siempre, pero sí con cierto grado de realismo, que se utilice como vía de expresión a las problemáticas que día a día enfrentamos. La TV cubana no puede ser un medio de enajenación masiva, sin un espacio donde todos aprendan y se sientan motivados a sentirse útiles dentro de la sociedad al cuestionárselo todo; es el cuarto poder que debe incitar a una cultura propia y no foránea. Por eso aspiro a que nuestra TV deje a un lado sus temores y prejuicios y decida parecerse cada vez más a esa realidad que pulula en las calles, barrios y ciudades y que deje de vivir en una burbuja idealista que solo ensombrece los pasos que se dan en materia de desarrollo cívico y social de una Cuba que quiere cambiar y transformarse para el bien de todos y con todos.
El ICRT no es un director en una oficina o un funcionario al teléfono, el ICRT somos todos aquellos que, desde el asistente de sonido hasta el director de programas, tenemos en nuestras manos y el talento la posibilidad de crear programas diferentes, únicos e inteligentes. El ICRT somos aquellos que desde la radio o la TV asumimos el enorme reto de enfrentarnos a un público que espera de nosotros lo mejor. Cuando cada trabajador de este instituto vea en su trabajo no una forma de vida sino una vida en sí misma, creo que no decepcionaremos más a ese público que aun nos sigue, que aun confía en su TV o su radio, a pesar de los errores que se han cometido en todo este tiempo.
No quiero que la cultura de lo banal y lo superficial se apodere de nuestros hogares, que nuestros hijos crezcan creyendo que La voz kid, Nuestra belleza latina, Caso cerrado o las Decisionesson la televisión de verdad, pero tampoco quiero que crezcan viendo un SOS Academia que nada le aporta a su desarrollo cultural. Por eso creo que debe revolucionarse este medio para que lo bueno, lo bello y lo útil entren a nuestros hogares.
Tomado del blog: El Carapachibey