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miércoles, 23 de julio de 2014

Científico cubano analiza situación del Caracol Africano

Palabras del MSc. Antonio Alejandro Vázquez Perera, Jefe del Laboratorio de Malacología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí.

Alejandro con un ejemplar del caracol Gogante Africano, en el Departamento de Malacología del IPK

El MSc. Antonio Alejandro muestra un ejemplar del Caracol Gigante Africano Lissachatina Fulica, en el Departamento de Malacología del IPK

Estimados compañeros:

En relación a la reciente especulación sobre la introducción de una nueva especie de molusco terrestre en territorio cubano, que muchos han leído y me han enviado preocupados, nosotros también la habíamos recibido hace varios días. Debido a que no podíamos basarnos en informaciones no científicas, esperamos a poder realizar nuestras colectas.

En efecto, la especie en cuestión es el Caracol Gigante Africano, cuyo nombre científico es Lissachatina fulica Bowdich 1822 (Mollusca: Gastropoda: Achatinidae). Esta especie es nativa del continente africano pero se ha introducido en casi todo el planeta debido a dos causas fundamentales: (1) introducción antrópica, por sus usos religiosos y terapéuticos (la famosa baba de caracol), o simplemente como mascota; y (2) introducción natural debido a la alta plasticidad fenotípica, una estrategia r de reproducción (alta fecundidad y fertilidad) y elevada esperanza de vida. Todas estas características ecológicas la convierten en una especie altamente competitiva capaz de auto soportar sus poblaciones y desplazar a especies nativas producto de la competencia por explotación e interferencia sobre los recursos (alimento, espacio). Debido a ello puede ser considerada una especie invasiva que podría traer consecuencias desagradables sobre la fauna y flora autóctona de Cuba. Esta especie está actualmente incluida en la lista de las 100 especies dañinas más invasivas del mundo según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Con respecto a su importancia médica, esta especie es considerada como uno de los principales vectores de Angiostrongylus cantonensis en el mundo. A. cantonensis es un nematodo parásito en su estado adulto de roedores pero que utiliza a los moluscos como hospederos intermediarios. El humano se infecta de forma accidental al ponerse en contacto con larvas de tercer estadio provenientes de los moluscos aunque no cierra el ciclo de vida del parásito. En los humanos puede causar meningoencefalitis que pudiera ser fatal si no se atiende. La especie de molusco L. fulica es considerada un problema de salud en muchos países de América del Sur por la transmisión de este parásito, pero fundamentalmente asociado a su consumo crudo o mal cocido o el contacto con su baba (que contiene las larvas). En Cuba este parásito existe hace mucho tiempo, y la gran mayoría de los moluscos terrestres autóctonos así como algunos fluviales lo transmiten. Por lo tanto, la probabilidad de infectarse con algún individuo infectado de esta nueva especie es la misma que con cualquier individuo infectado de cualquier especie cubana. El problema radica en que al ser sus poblaciones más compatibles con el parásito, la probabilidad de que L. fulica se infecte en relación al resto de las especies es mayor.

Los cuidados con esta especie son los mismos que con cualquier otra especie de molusco: evitar tocarla o jugar con ella, y en todo caso, lávese las manos con jabón después y no pasa nada. Lo mismo sucede con las frutas (lavarlas antes de comerlas) puesto que esta especie es generalista de hábitat y puede caminar por cualquier parte, incluso dentro de las viviendas. En mi opinión, lo referido con las enfermedades diarreicas que tratan de asociar a esta especie no guarda mucho sentido: de forma general los moluscos pueden ser reservorios de muchos microorganismos y virus que, en teoría, pudieran causar estos eventos. Pero de nuevo, todos los moluscos antes existentes también.

En todo caso, el que vea un individuo de L. fulica elimínelo pero sin miedo, recuerden que es una especie exótica e invasiva, y creo que causará más daño a nuestra Flora y Fauna cubana que a la salud humana siempre que tomemos las medidas adecuadas de prevención y control.

No obstante, nuestro Laboratorio de Malacología ya está realizando todas las investigaciones necesarias (distribución, ecología, parámetros demográficos y parasitología) sobre esta especie en condiciones cubanas para determinar su plan de manejo.

Saludos a todos,

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Tomado del blog: La chiringa de Cuba