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miércoles, 23 de julio de 2014

#Cuba: Los precios altos

precio_alimentos_octubrePor: Rolando López del Amo

¿Querer ganar mucho vendiendo menos o ganar más vendiendo más? Esta es la pregunta que cabe hacerse cuando se analizan los precios vigentes en el mercado de productos no normados.

Salvo los pocos alimentos normados que se entregan mensualmente a cada cubano a precios simbólicos y que no garantizan el consumo del mes, el resto de los alimentos, incluyendo todos los vegetales y frutas, hay que comprarlos a precio del mercado de oferta y demanda o de las tiendas estatales de las llamadas recaudadoras de divisas, y ya ahí los precios cambian. Hay que reconocer que los precios del mercado agropecuario, aunque altos, siguen siendo bajos si se comparan con los de las tiendas estatales que venden alimentos, artículos de aseo y limpieza y todo lo demás: ropas, zapatos, equipos electrodomésticos, de mueblería, de ferretería, etc. A este último tipo de tiendas tiene que acudir toda la población para completar sus necesidades alimenticias y todas las otras, salvo los medicamentos. Los precios que allí rigen sirven de guía para los mercados de oferta y demanda y los servicios de trabajadores por cuenta propia.

Es, precisamente en esos precios donde hay que buscar el origen de los precios altos. Parece que no se entiende que si se vendieran los productos a precios con una ganancia normal de un 30%, eso que el presidente venezolano Nicolás Maduro llama precios justos y batalla para que los empresarios de su país lo entiendan y no especulen, los resultados serían más favorables. Los precios por las nubes son una limitación para los compradores y una invitación al robo o desvío de recursos como suele decirse ahora.

La excusa de los altos precios es que con ellos se financian los servicios gratuitos de salud y educación y la seguridad social y el subsidio a los productos normados.

En realidad los que financiamos todo lo que se financia somos los trabajadores cubanos, el pueblo trabajador, que recibe por su trabajo unos salarios mínimos que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas. Rectifíquense los gastos excesivos e innecesarios y estimúlese adecuadamente al que trabaja y se hará una contribución importante al combate contra la corrupción.

Creo que si las tiendas estatales del mercado no normado vendieran los productos a precios normales, venderían mucho más, las mercancías rotarían mucho más rápidamente, más personas se beneficiarían con precios más bajos y mejorarían su calidad de vida y su estado de ánimo y ganarían más los vendedores.

Sería interesante hacer una prueba por un mes en algunas de esas tiendas y se fije una ganancia de un 30% a los productos que se venden para probar los resultados y su impacto. Podría llamarse “Liquidaciones de verano” o “Haga su agosto en…” Los títulos no son originales, sino reminiscencias de los años de mi juventud en que durante los meses de más calor y más vacaciones, las grandes tiendas hacían importantes rebajas de precios y muchos centros de trabajo establecían un horario de verano corrido, de menos horas. Y, por supuesto, todo bien calculado, porque los capitalistas no perdían dinero ni lo hacían por generosidad. Lo que no les faltaba era inteligencia y sentido del negocio. Por eso inventaron el lema de que el cliente tiene siempre la razón y se lo hacían creer al comprador. Y no les iba nada mal.

Ya el MINCIN anunció que este año pasarán a formas no estatales de producción más de tres mil establecimientos. Es bueno, pero no es suficiente. Nuestro Estado debe desembarazarse de la función de bodeguero y de tendero -sin abandonar la idea razonable y justa de subsidiar personas en lugar de productos- y concentrarse en el manejo óptimo de los medios fundamentales de producción a través de empresas con suficiente autoridad. La función de tendero y bodeguero se ajusta más al trabajador por cuenta propia o a empresas cooperativas, siempre preferibles a los grandes monopolios.

Al Estado corresponde la planificación general, los controles macroeconómicos y la recaudación de las contribuciones de todas las formas de producción, de todas las personas jurídicas y naturales para garantizar equilibrio, desarrollo, justicia social y prosperidad nacional.